De ferviente defensor del derecho a la vida, Oscar Elías Biscet pasó a ser uno de los enemigos acérrimos del régimen cubano.

Al menos así lo consideran y como tal lo tratan las fuerzas represivas del Gobierno hace más de 20 años, desde el momento que decidieron abrirle un expediente de “peligrosidad” como respuesta a la labor cívica que decidió emprender en el hospital Materno Infantil del municipio Diez de Octubre, en La Habana, donde desempeñaba su labor como especialista en Medicina Interna y a partir de estudios realizados optó por denunciar la práctica indiscriminada de abortos a mujeres gestantes, sobre todo a jóvenes y adolescentes.

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Desde su salida de la cárcel en marzo de 2011, tras ser sentenciado por “representar una amenaza para el estado”, el doctor Biscet permanece acosado, bajo la advertencia de que su libertad es condicional e inhabilitado para ejercer su profesión.

En la reciente visita que hizo a EEUU para recoger el premio otorgado por el Instituto de Liderazgo Hispano del Congreso Federal, en entrevista concedida a DIARIO LAS AMÉRICAS, Biscet denunció el peligro latente de los opositores, que están “propensos a ser aniquilados por muchas vías”.

“El desarrollo de ciencias como la biotecnología y la química, así lo permiten. Podemos ser inoculados con virus, también pueden contaminarnos los alimentos. Hay muchas maneras de diezmarnos además de las agresiones físicas y los arrestos”.

“Por ejemplo, perdí el conocimiento por una golpiza que me dieron cuando los represores salieron al encuentro de un grupo que se manifestaba en apoyo al prisionero venezolano Leopoldo López. Hasta la forma de golpearnos la estudian”.

Durante los años en prisión, además del confinamiento, a Biscet lo obligaron a permanecer en celdas con pacientes de tuberculosis, y a compartir galera con enfermos mentales desprovistos de medicamentos, e igual con criminales.

Pero haber sobrevivido a esas pruebas no significa que esté a salvo, es consciente de ello y de que los opositores están en peligro permanente.

Por eso hace un llamado a las fuerzas democráticas internacionales “para que eviten un genocidio de quienes no renunciamos a exigir el fin del régimen de terror de estado impuesto en Cuba”.

Por eso valora el respaldo moral que sintió ante el grupo de congresistas y diplomáticos que asistieron al homenaje del que fue merecedor en Washington.

“Me hace recordar que no estamos solos, a pesar de los más de 56 años de dictadura, y eso es importante porque el apoyo moral ayuda a que nos afirmemos más en nuestros principios por las libertades esenciales. Eso mismo es lo que queremos llevar al pueblo cubano”, a pesar de que antes de autorizarle este viaje a EEUU, los agentes cubanos de inmigración le recordaron a Biscet que continúa “regulado”.

“También estoy ‘regulado’ para viajar dentro del país porque, como me han dicho, para ellos [el Gobierno] soy una persona non grata. Esto denota cómo la dictadura le prohíbe a un ciudadano viajar a pesar de tener un pasaporte. Pero no me sorprende porque, como siempre he dicho, en Cuba hay un apartheid ideológico y político”.

Lo que sucederá en el futuro de Cuba para algunos continúa siendo una incertidumbre, pero para quienes piensan como Biscet, el cambio es inminente: “Simplemente aplico la física: cuando un átomo se alinea con otro, siguen los demás átomos hasta que todos terminan alineándose. Los del Gobierno, quieren propiciar cambios que les permitan mantener su poder, el pueblo quiere el cambio total. La etapa que vivimos es definitoria”.

Y en ese momento, Biscet, como otros que escucharon las palabras del presidente Donald Trump durante su campaña electoral respecto a Cuba, aguardan porque “pronto revise las relaciones como anticipó. Y diga unas palabras de aliento para el pueblo cubano, que las necesita”.

“El acercamiento EEUU-Cuba ha sido un fracaso total. En ocho años de gobierno de Obama no se logró un solo cambio a favor de las libertades. Esto demuestra que el régimen de los Castro no escucha. No sólo falló la política de Obama, sino también la política de Europa y de El Vaticano. En Cuba no queremos un cambio suave, queremos un cambio profundo que nos lleve al estado de derechos”.

Para ese cambio, al frente del proyecto Emilia que rechaza cualquier variante de diálogo con el régimen, el doctor Biscet insiste en la lucha no violenta, pero a la vez advierte que se requiere “una revolución desde la base hasta la súper estructura”, para la cual concibe la inclusión de todos los cubanos, los de la isla y los del exterior.

“Formamos un solo pueblo y tenemos que estar unidos. Donde quiera que haya un cubano, debe formar parte de la rebelión de alguna manera, sea protestando en público o contactando a las autoridades, incluso a embajadores, para que apoyen la democracia en Cuba”.

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