Es lunes 26 de octubre, se escuchan las notas del Te Deum Laudeamos, de José Francisco Velázquez, mientras los restos de José Gregorio Hernández, flanqueados por miembros de las cofradías más antiguas de la ciudad, van rumbo al altar mayor de la iglesia La Candelaria en Caracas. Es un acto que emociona a propios y extraños y que marca el cenit del camino a la beatificación del venerable.

En un acto sencillo debido a la pandemia y con música venezolana de todas las regiones del país se da comienzo al proceso que al menos tomará tres días en el que se extraerán las reliquias que irán al Vaticano y a los sitios donde se eleve un santuario en nombre del galeno, así lo explica el Arzobispo Metropolitano de Mérida y Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Caracas, el cardenal Baltazar Porras.

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La vida de un santo

150 años han pasado desde que José Gregorio Hernández llegara al mundo. Nació el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, un pueblito andino ubicado en el estado Trujillo, en el occidente de Venezuela; su padre era un farmaceuta, –en esa época muchas veces éstos fungían como doctores– y su madre trabajaba como ama de casa. A la edad de 13 años, Hernández deseaba adoptar el Derecho como carrera profesional, pero es su madre quien lo convence de estudiar Medicina.

Se traslada a la Caracas para cursar bachillerato en el Colegio Villegas para luego comenzar su carrera en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Tras culminar estudios, Hernández recibió una beca para formarse en Europa, específicamente en París, donde se cultivó en otros campos de la medicina como bacteriología, patología, microbiología, histología y fisiología, a su regreso funda el Instituto de Medicina Experimental –primero en Latinoamérica–, varias cátedras de medicina además de el laboratorio del Hospital José María Vargas, donde se convertiría luego en jefe del nosocomio. Luego, ingresa como individuo de número en la Academia Nacional de Medicina, como uno de sus fundadores. En 1909 renuncia a su labor y se traslada a Italia para ingresar en el monasterio de la Cartuja como Fray Marcelo. Su condición física lo hace retornar a Venezuela para continuar ejerciendo como médico. Luego vuelve en 1914 a Roma, ingresa en el seminario, pero debe renunciar tras experimentar síntomas relacionados con la tuberculosis. Falleció en Caracas en 1919, después de ser atropellado por un automóvil, cuando se dirigía a atender a una enferma.

El largo Camino

Para llegar al santuario católico, una persona deberá pasar por varias etapas en ese proceso. Primero deberá ser nombrado Ciervo de Dios, en esta primera etapa los restos mortales y todas las pertenencias de la persona pasan a ser custodiados por la Iglesia, luego de las primeras investigaciones recibe el título de venerable. En esta etapa es permitido el culto dentro del templo guardando los tres niveles de creencia establecida: la dulía, en la que el venerable intercede antes Dios para cumplir con los favores; la hiperdulía donde la veneración la recibe la virgen María por su intercepción y la latría donde es Dios a quien directamente se le honra o se le ruega por algún favor.

Luego, continúa la beatificación, el venerable debe haber concedido un milagro o hecho que no tenga ningún tipo de explicación científica y la canonización culmina con la prueba de un segundo milagro que permite a la persona recibir el título de santo o santa.

Para comenzar este camino “no basta con solo ser santo, sino que debe haber una comunidad que reconozca y crea que una persona puede serlo, porque en el mundo hay gente que puede ser muy buena pero puede pasar desapercibida”, explicó a en declaraciones exclusivas a DIARIO LAS AMÉRICAS, el cardenal Baltazar Porras.

“En el caso de José Gregorio es evidente que desde el minuto de su muerte comenzaron las manifestaciones y la comunidad tomó conciencia de ello, eso es lo que permitió que la autoridad eclesiástica, quizás con un poco de retardo es verdad, comenzara con el proceso porque desde 1919, año en que murió, hasta el 1949 pasaron 30 años. La explicación es que en América Latina no hay cultura, ni tradición de hacer seguimiento a estos casos como pasa en Europa”, afirmó el cardenal y citó uno de los ejemplos más recientes en recibir el honor de convertirse en beato, el llamado Santo del internet, Carlo Acutis.

El caso de Carlo Acutis, un joven de 17 años que recientemente fue nombrado beato, llama poderosamente la atención por la velocidad en que se logró su causa.

“Es que en Europa, en concreto Italia, hay mucha tradición en la elaboración de los causas de los santos”, explica el arzobispo. Hay personas que desde el inicio comienzan a dar a conocer lo que hacía esta persona y comienzan a recolectar datos para el expediente, eso agiliza muchísimo el proceso, eso fue lo que pasó en Venezuela con la Madre María de San José, ¿por qué fue relativamente rápido? porque cuando muere la madre María, el obispo de Maracay - que en aquel entonces era monseñor Feliciano González Ascanio-, la conocía y fue quien dio pie y dijo ‘¡aquí hay una santa!’ y de una vez el mismo le pidió a las monjas que recogieran todas las cosas relativas a la madre”.

“En el caso de José Gregorio, y de tantos otros, a veces por desconocimiento no saben que esto requiere que la gente se ocupe a tiempo completo y que hay que seguir estrictamente los reglamentos. En el caso de Carlo Acutis empezando por su mamá, que fue quien comenzó contando la historia y recolectando las cosas, se fue dando a conocer y a crear inquietudes en la gente de reconocer que ahí hay algo fuera del común y que merece la pena prestar atención”.

“Don Goyo” y el sincretismo

En Venezuela al igual que en el resto de Latinoamérica y el Caribe, la colonización española además del choque multicultural y la interrelación de razas que ocasionó, creó una mezcla de creencias religiosas en las que distintas deidades de orígenes diversos se fusionaron con la religión católica.

En Venezuela existe el culto a ciertos espíritus que en el sentir de los fieles, conceden favores a quienes se los piden. Por lo general, estas creencias no están dentro del santoral católico como, por ejemplo, el Ánima de Taguapire, María Francia, María Lionza, Negro Primero y hasta el mismo Simón Bolívar se encuentran en varios altares espirituales. José Gregorio Hernández, también está en esos altares.

Si bien algunos ojos ven con recelo este tipo de prácticas, el cardenal Baltazar Porras tiene su opinión. “Desde el comienzo nosotros los venezolanos no pusimos todo el empeño en cómo se debieron llevar las cosas. Lo que hay que tener en cuenta, a mi modo de ver, y eso es un punto de vista muy personal, el culto que se le puede rendir a alguien es muy restrictivo, la santería y todos estos grupos espiritistas tiene un sincretismo muy grande; si uno deja un vacío alguien lo toma. Mucha gente piensa entonces ‘si nos se nos permite hacer nada en el templo entonces lo hago por fuera’”.

“José Gregorio [su canonización] como no es laico y no está encadenado a ningún grupo religiosos- como suele pasar con las causas de los sacerdotes y religiosas que tienen una congregación o un grupo que pueden llevar a adelante estas causas- hizo que todo fuese mas lento. Pero gracias al incremento de la devoción, impulsó a que la Arquidiócesis de Caracas pusiera más empeño en la causa del doctor”.

El milagro

Desde 1971, año en el que José Gregorio Hernández recibiera el título de venerable y además de las miles de medallas y placas que agradecen al “santo” por los favores concedidos que se agrupan en su Santuario en el pueblo de Isnotú, ninguno de estos milagros cumplía con la estrictas exigencias de la santa sede.

“Hay una serie de favores y de milagros que ocurrieron a lo largo de los años y que no se sustentaron como se debía hacer, porque se necesitan una serie de informes médicos luego; también son necesarios los testimonios de la gente que están alrededor del hecho” explicó monseñor Porras.

Ocurrió lo inesperado

La voz del Cardenal cambia de candencia, la charla toma un tono mucho más personal, hace una pausa, al fondo se escucha a su asistente que pide no interrumpir; exhala un suspiro, y una emoción inexplicable se escucha en su voz y comienza a describir.

“Es muy significativo lo que paso a Yaxury Solórzano Ortega sobre todo porque era una niña campesina, de una aldea mínima allá en el sur del estado Guárico, entre el río Apure y el Orinoco y es parte de lo que yo llamo un milagro prolongado”.

Quien no conoce la zona quizás no se sorprenda, pero deténgase un momento e imagínese, que se encuentra en uno de los lugares más recónditos del planeta, coexistiendo quizás sin muchas de las comodidades en el que el común de las personas vive en las grandes ciudades, ahí, en el medio de la nada, ocurrió el ansiado milagro.

“La niña iba de parrillera (pasajera) en una moto con su papá”, cuenta el arzobispo, “y es cuando intentan robarle la moto y trata de escabullirse, les disparan y el tiro le da en la cabeza a la niña. La aldea donde vivían está a seis horas de la Carretera Nacional de Camaguán que da a San Fernando de Apure. En la desesperación, el papá va a buscar a la mamá para llevar a la niña al hospital, ella coge un trapo y se lo pone en la cabeza para intentar detener la sangre que brotaba de la herida, lo único que hacía la madre era rezar a José Gregorio, pidiéndole que su hija no se le muriera en brazos. Imagínate todas esas horas teniendo una herida con esas características llena de tierra, paja, sin ninguna medida aséptica”.

El cardenal continúa con el relato, “llegan a la carretera de Camaguán con la suerte de que pasa un señor, dueño de un hato, con una camioneta, y cuando ve a estas tres personas en la situación que estaban, se para, y ellos le piden al señor si puede llevarlos al hospital de San Fernando.

El chofer sin pensarlo dos veces los montó en su camioneta y manejó lo mas rápido que pudo, todo estaba dispuesto para que esa niña se muriera”.

“Llegan al hospital y sabemos como está todo con el tema de la salud en Venezuela, sobre todo en el interior donde la crisis ha pegado con mas fuerza, donde hace falta de todo, en ese momento había disponible un cirujano neurológico especialista en operaciones de la cabeza. ¡Todo el equipo estaba completo! había electricidad, el tomógrafo, los rayos x, ¡toda una rareza! allá en el llano adentro la cosa es peor… cuando le entregan la niña al cirujano el papá le dice al doctor ‘yo le pido que salve a mi niña’.

“En el equipo había 5 o 6 médicos todos especialistas en distintas cosas, estaba el anestesiólogo con su asistente, los enfermeros, todos estaban como si fuera la mejor clínica del mundo, con todos los instrumentos completos. Uno de ellos le dice al cirujano ‘mire, yo creo que esto es tan grave que no vale la pena hacer mayor cosa porque, si logra mantenerse con vida, esta niña va a quedar con algún problema: o no habla, o es ciega. Otras de las doctoras que estaban ahí contó que sin decirle nada a las otras, comenzó a rezarle a José Gregorio.

“La operación duró unas cuantas horas, hubo un momento en el que salió uno de los doctores y ve a la mamá muy tranquila y se acercó para ver como se encontraba, _‘¿por qué esta usted tan tranquila?’ Le preguntó, _‘¡José Gregorio se me apareció y me dijo que me quedara tranquila!’ respondió la mamá ‘¡me dijo que mi hija se me iba a salvar, yo tengo esa convicción y estoy aquí rezándole a José Gregorio’.

“El informe que deja el cirujano y el equipo es de pronóstico reservado muy grave en el que había que esperar por al menos 15 días para ver su evolución.

La operan, queda con vida, pero ellos tienen casi la convicción de que algún problema le quedaría a esta niña por la dificultad de la operación. El señor dueño del hato les ofrece llevársela a su casa mientras se termina de recuperar porque ellos pretendían volver a aquel campo perdido. En el hato la niña tenía todas las atenciones que pudieran requerir, su mamá y la abuela que las estaba ayudando y fue quien le inculcó la devoción a José Gregorio.

“A los 15 días cuando Yaxury tenía que regresar a su chequeo, el equipo de médicos completo estaba esperando encontrarla en silla de ruedas o con algún tipo de discapacidad, pero no… la niña llegó al hospital caminando, hablando, como si no tuviera absolutamente nada. Los primero sorprendidos fueron los médicos”

“¿Qué ha hecho usted? Le preguntaron a la madre. Y ella les respondió: ¡Nada, sólo ponerle las curas que ustedes me indicaron y rezarle a José Gregorio, no he hecho otra cosa durante todos estos 15 días”

“La otra parte del milagro es que en cualquiera de nuestros hospitales al llegar días después, empiezan las preguntas ¿dónde está la historia médica?, ¿dónde está la radiografía?, ¿los exámenes médicos?… ¡aquí estaba absolutamente todo! Lo único que faltaba cuando recogen todo era el diskette con la tomografía que no lo encontraban por ningún lado hasta que dieron con él en un bote de basura y toda la información que contenía estaba en perfecto estado.

“El caso me llega a mi porque yo estoy encargado de Caracas y dije, caramba esto hay que sustentarlo bien, se recolectó toda la información, nombre un tribunal y fuimos hasta San Fernando de Apure, entrevistamos a todo el personal del hospital, luego a los padres, a la abuela, a todas la personas que habían intervenido porque estamos hablando de la parte médica; ahora están los testimonios de quienes le rezaron, se levantó un expediente de mas de 500 páginas de acuerdo con las exigencias del protocolo del Vaticano. Luego como todo estaba en castellano lo hicimos traducir inmediatamente al italiano para agilizar el proceso y que no hubiera retrasos, este es el milagro de la niña Yaxury”.

La exhumación y las reliquias

Además de verificar y constatar el estado de los restos del doctor, también se extraerán las reliquias. Estas tiene tres características, la de primer nivel tiene que ver con restos del cuerpo humano, en este caso los huesos; luego están las reliquias de segundo grado que son telas u otros objetos de uso personal, puede ser un trozo de bata de médico etc., y a las de tercer grado pertenecen otros objetos que haya usado como su cama, toallas u otros artículos personales.

En cuanto a las reliquias de primer grado el cardenal detalla esta parte del proceso “hay que recordar que José Gregorio fue enterrado como era costumbre en su época, no hubo embalsamamiento y estuvo en una tumba directamente sobre la tierra desde 1919 hasta 1939 y en 1975 llega a la iglesia donde descansa hoy en día, allí descansa en algo mas pequeño que una urna de cemento que parece un moisés, según lo que se puede saber por el acta, lo que está ahí son algunos de los huesos que ya estaban un tanto descompuestos. El único superviviente de aquel entonces es monseñor Rafael Conde quien en ese momento era un sacerdote joven y fue quien levantó el acta en aquel entonces.”

Porras también explicó el momento en que se extrae la reliquia de primer grado: “Luego del acto de exhumación los médicos, patólogos, forenses y el equipo jurídico del tribunal eclesiástico en dos o tres días y siguiendo un protocolo muy detallado, van a confirmar cada unos de los restos y de allí se obtendrán las reliquias. Luego esta urna se cierra y en una segunda liturgia, que será el sábado 31 de octubre, se presentará el informe final y la reliquia obtenida”

En Caracas, no en Roma

En los tiempos del Papa Juan Pablo II las beatificaciones y canonizaciones se hacían estrictamente en la sede del Vaticano, pero esta normativa fue cambiada luego por Benedicto XVI en la que la beatificación se realiza en el lugar del fallecimiento del venerable, pero la canonización sí continúa siendo en Roma. “Debemos recordar que antes de la pandemia tanto el papa Benedicto XVI como el papa Francisco hicieron algunas beatificaciones y canonizaciones durante sus viajes”

“Una vez que culminen estos actos y se levante el expediente, yo tengo que llevarlo todo a Roma para así fijar la fecha de beatificación. En una reunión con el episcopado llegamos a la propuesta de que se haga en abril, justo después de la Semana Santa, esto nos pone en carrera porque hay que nombrar las comisiones técnicas y logísticas. Tenemos dos posibilidades, si a mediados de abril la pandemia ha desaparecido y hay gasolina, tendremos que buscar un lugar en Caracas que pueda albergar al menos un millón de personas; si esto no es posible, tendremos que hacer un acto mucho más conservador que será transmitido por los distintos medios para no retrasar el proceso más tiempo”. Aseguró el cardenal.

Sin bien los actos no han concluido, el Arzobispo asegura que ya cientos de posible milagros están comenzando a llegar a la sede apostólica, “este hecho ha despertado el entusiasmo de la gente y ya se están comenzado a consultar algunos posibles milagros que si logramos sustentarlos pues bien daría a lugar de que también, en un tiempo relativamente corto, podríamos obtener la canonización. Lo que hay es que estudiar y preguntarle a la gente a quién se le pidió de forma exclusiva la realización del milagro, ya José Gregorio es reconocido en muchas partes del mundo. Por ejemplo hay muchos santos españoles que los milagros los realizaron acá en Venezuela, de tal manera que lo que pudiera pasar es que el próximo milagro para la canonización ocurra en Australia o en África, o tal como ocurrió con Carlos Acutis que su milagro fue en Brasil”

Durante los actos de exhumación, la niña Yaxury, sentada en el altar mayor junto al cardenal Porras, lucía un hermosos y sencillo vestido rosado, se le observaba llena de vida y con esperanzas de un futuro lleno de cosas maravillosas.

Mientras tanto, los venezolanos celebrarán la vida de José Gregorio encerrados en sus casas por la pandemia y sumidos en una profunda crisis tanto política como económica. Sólo ven en su doctor más querido las esperanzas de que este “cure a Venezuela de todos los males que la aquejan”.

Fuente: Vida y Obra de José Gregorio Hernández, revista de la Sociedad de Historia de la Medicina http://revista.svhm.org.ve/ediciones/2016/1/art-8/

Congregación para la causas de los santos studium XXXI-2015 https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/csaints/index_sp.htm

José J. Blanco H.
@Mr.JJBlanco

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