La escasez de combustible en Cuba ha comenzado a golpear incluso a uno de los pocos canales de asistencia que siguen operando en la Isla: la ayuda humanitaria de la Iglesia Católica. Pero, lejos de tratarse de un fenómeno coyuntural, el deterioro expone una crisis estructural que se arrastra desde hace años.
El arzobispo de Miami, Thomas Wenski, aseguró que la distribución de ayuda enviada desde Estados Unidos se ha vuelto cada vez más difícil por la falta de transporte en la Isla. En declaraciones al diario USA Today, describió cómo un reciente envío de alimentos a Cáritas Cuba tuvo que ser repartido con medios rudimentarios, ante la imposibilidad de usar vehículos, reseña el portal web Diario de Cuba.
"Lo que enviamos es insignificante, una minucia", admitió, al señalar que las limitaciones logísticas reducen el impacto de la asistencia en un contexto de creciente necesidad.
Las imágenes de distribución con carretillas o medios improvisados no son, sin embargo, un hecho aislado. Reflejan el agravamiento de una crisis prolongada, marcada por el colapso de infraestructuras, la falta de inversión y un modelo económico incapaz de sostener servicios básicos.
En los últimos años, la Isla ha enfrentado apagones cada vez más frecuentes, escasez crónica de alimentos y medicinas, y un sistema de transporte prácticamente paralizado por la falta de combustible. La actual situación energética —agravada por la caída de suministros externos— ha terminado por impactar incluso a redes de asistencia como las de la Iglesia.
Según responsables de organizaciones vinculadas a Cáritas Cuba, cada vez más personas acuden a comedores sociales con recipientes para llevar comida a sus hogares, una señal de que la precariedad alimentaria ya forma parte de la vida cotidiana de muchas familias.
A nivel local, iniciativas puntuales intentan paliar la situación. El Hotel La Dominica, de Cárdenas, Matanzas, informó en redes sociales que organiza los domingos la distribución de caldosa para personas necesitadas, en un gesto que ilustra cómo actores comunitarios buscan suplir, de forma limitada, la falta de cobertura estatal y el aumento de la vulnerabilidad.
"En el Hotel La Dominica, los domingos tienen un sabor especial: compartimos la tradicional caldosa cardenense con quienes más lo necesitan, porque creemos que la solidaridad y el apoyo mutuo fortalecen nuestra comunidad", escribió la instalación en Facebook junto a imágenes de ancianos recibiendo el alimento.
Analistas y actores independientes coinciden en que las dificultades actuales no pueden explicarse únicamente por factores externos, sino por un deterioro acumulado del sistema económico cubano.
En este escenario, la Iglesia Católica vuelve a desempeñar un papel clave como canal de ayuda y mediación, aunque con un margen de acción cada vez más reducido. La falta de combustible, la debilidad de la infraestructura y el aumento de la demanda social limitan su capacidad de respuesta.
La semana pasada, la ONU dijo que la falta de combustible en Cuba impide que se distribuyan 6,3 millones de dólares en productos humanitarios esenciales.
"Tengo conocimiento de que unos 170 contenedores de productos humanitarios esenciales que ya han llegado a Cuba, lo que supone unos 6,3 millones de dólares, no están llegando a los beneficiarios debido a la escasez de combustible", declaró Francisco Pichón, coordinador residente de la ONU para la Isla, reportó EFE.
Las advertencias sobre un posible colapso humanitario, como la formulada por Wenski, se suman a un diagnóstico más amplio: la crisis en Cuba no es nueva, pero su profundización está alcanzando niveles que afectan incluso a los mecanismos básicos de asistencia.
En ese contexto, la distribución de un simple cargamento de alimentos se convierte en un indicador más del deterioro general del país: una logística de emergencia para una crisis que dejó de ser excepcional hace tiempo.
FUENTE: Diario de Cuba