Por una calle céntrica de La Habana, un hombre pedalea su bicicleta con una cesta repleta de flores. Va pregonando: “Compre azucenas, girasoles, amapolas, y recen para que llegue el Uber (el ejército estadounidense) y ponga fin a la novela cubana”.
La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores sigue siendo el tema de moda
Por una calle céntrica de La Habana, un hombre pedalea su bicicleta con una cesta repleta de flores. Va pregonando: “Compre azucenas, girasoles, amapolas, y recen para que llegue el Uber (el ejército estadounidense) y ponga fin a la novela cubana”.
Una señora que tiende sábanas en un balcón apuntalado en la barriada pobre de Jesús María sonríe por la ocurrencia.
A la entrada de una ruinosa cuartería, vendedores ambulantes colocan mesas portátiles con mercancías traídas por mulas de Panamá, Cancún o Miami. Después de la resaca de tragos y reguetón en un bar privado, tres muchachas caminan hacia sus casas. En la esquina, un carretillero oferta plátanos burros y mandarinas importadas. Se puede pagar en pesos, dólares o transferencia. En el portal de enfrente, dos tipos beben ron barato a pico de botella.
Ha pasado más de una semana, pero la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores sigue siendo el tema de moda. La gente se pregunta qué va a pasar con Cuba. Incluso personas que comen poco y mal, con un futuro entre signos de interrogación, hacen bromas sobre lo ocurrido y se pasan reels y memes que descargan de las redes sociales. Varios adolescentes se ríen de un video de Maduro bailando junto a Puff Daddy en el centro de detención de Brooklyn.
Detrás de cada noticia oficial siempre hay un chascarrillo. Un señor compra un ramo de girasoles y comenta que Manuel Marrero, el obeso primer ministro, dijo que “no le intimidan las amenazas de los yanquis”. El florero le responde: “Que no guapee tanto, que los helicópteros de la unidad de élite Delta Force pueden cargar hasta un tanque de guerra. Nadie lo va a extrañar si lo mandan a la cárcel junto a su compadre Maduro”.
Mientras la prensa estatal exalta a los 32 militares muertos en Fuerte Tiuna y el 80 por ciento de los titulares de primera plana los acapara el presidente Donald Trump, los cubanos de a pie intentan subsistir en las duras condiciones del 'socialismo' impuesto por el castrismo. Según los medios oficiales, "las amenazas de una presunta agresión de Estados Unidos" no preocupa a los ciudadanos de la Isla.
Yaritza, prostituta, madre de una niña de 10 años, confiesa “que estoy loca porque los yumas le metan caña a estos descarados -los gobernantes- y acaben con esta pinga de país. Abusan con la población, pero no tienen armamento ni cojones para fajarse con los americanos. Tres o cuatro drones es suficiente. Lo único que le pido a Marco Rubio es que apunten bien y no haya civiles muertos".
La joven se acuesta con cualquiera, hombre o mujer, que le pague el equivalente a cinco dólares. "Con ese dinero puedo comprar comida y leche o un par de zapatos a mi hija. Estos hijos de puta le han robado la vida a millones de cubanos. Mi madre se jubiló hace poco. Después de trabajar 40 años, la pensión no le alcanza siquiera para comprar un cartón de huevos".
En privado, muchos cubanos consideran que un ataque quirúrgico de Estados Unidos es la solución al problema.
Sergio, profesor de historia, explica que “durante la guerra de 1898 prevalecía entre los mambises la intervención de tropas norteamericanas y así lograr independizarse de España. A pesar que la Enmienda Platt generó frustración y controversia entre los constituyentes cubanos, al igual que las dos intervenciones estadounidenses, la mayoría aceptó, pues el objetivo principal era la emancipación de España. Con las imperfecciones de la época, pudimos erigir nuestra república”.
“Ahora, salvando las notables diferencias en términos históricos, pasa algo parecido. Un alto porcentaje de la población está harto del sistema político, el latrocinio y la inoperancia de un gobierno que lleva 67 años en el poder. Hemos vivido cumpliendo órdenes sin que nadie nos tome en cuenta. Queremos un cambio de modelo. No más comunismo. No existen canales legales que permitan introducir reformas políticas y constituir un nuevo gobierno. Por eso muchos cubanos aprueban una intervención militar como solución”.
Aunque Trump genera tanta devoción como antipatía entre la gente de a pie, por haber derogado el parole el humanitario y la reunificación familiar, entre otras medidas que han afectado a los cubanos, David, ingeniero civil, asegura que reza cada noche para ver el final de la dictadura verde olivo. “No me importa cómo llegue ese cambio. Si es por protestas populares o por un ataque de precisión de las fuerzas militares de Estados Unidos. Al igual que la mayoría de la población, no aguanto más tanta miseria. Los cubanos nos hemos visto obligados a emigrar si queremos tener una vida digna. Lo que pueda pasar en el futuro está por ver. Con los ojos cerrados votaría por Marco Rubio para presidente”.
Cuando usted pregunta a las personas en la calle si el modelo de transición aplicado por la administración Trump en Venezuela puede funcionar en Cuba, siete de cada diez, con diversas objeciones, opina que la prioridad es librarse del actual régimen, que ha demostrado su ineficacia.
“Los cubanos tenemos derecho a probar con otros modelos económicos. El socialismo no dio resultado. Solo trajo represión y miseria. Queremos vivir independientes del Estado. Lo ideal sería que la actual clase dirigente dimita. Pero la realidad es diferente. La disidencia interna es intrascendente. El primer paso sería un diálogo nacional entre todas las partes. Y luego que los emigrados cubanos se sumen y sacar adelante el país. Tienen el conocimiento y el capital para hacerlo. De lo contrario, Cuba no levanta la cabeza”, opina un estudiante universitario.
En la oposición, diversas son las posiciones. Todos coinciden en el fin del socialismo marxista. Las diferencias están en el método. Manuel Cuesta Morúa, al frente del Consejo Para la Transición Democrática en Cuba, cree que “en el caso de una corta intervención en Venezuela hay dos temas en tensión. La ilegitimidad del gobierno de Maduro asociada a sus alianzas con el narcoterrorismo global, que debilitó la capacidad de acción internacional de su régimen y la posibilidad de que este descabezamiento facilite la transición democrática pendiente en Venezuela” .
“El impacto sobre Cuba es evidente con la reducción de alianzas, la paralización de las fuentes de suministro de petróleo, ahondando en la crisis existencial del régimen y el golpe simbólico a las expectativas de perdurabilidad e infalibilidad de las autocracias frágiles de las periferias. Para la oposición es una oportunidad de reflexión estratégica de cómo gestionar una transición en medio del empuje de una potencia como Estados Unidos. Visto lo visto, no estoy seguro que las intervenciones externas favorezcan las condiciones para la democratización”, concluye Cuesta Morúa.
Rolando Rodríguez Lobaina, fundador de la Alianza Democrática Oriental y director de Palenque Visión piensa que el modelo transicional aplicado por la administración Trump en Venezuela pudiera funcionar en Cuba. "Aunque la Isla no es Venezuela, una nación con las mayores reservas de petróleo del mundo que en gran parte eran controladas por actores políticos enemigos de Estados Unidos como Rusia, China, Irán y la propia Cuba”.
“Para la administración Trump los intereses geopolíticos contra la dictadura castrista son diferentes. Es un país asolado por la miseria y la calamidad. Y existe una diáspora que en su mayoría no quiere un conflicto armado. Todos quisieran que haya un cambio, pero no van a querer que se mantenga la casta política actual. Durante estos 67 años no ha existido en las diferentes administraciones estadounidenses un interés poderoso para que Estados Unidos invada a Cuba. Otras estrategias como capturas y golpes quirúrgicos a la infraestructura militar ayudarían mucho más a un cambio de régimen. Pero el contexto cubano es diferente al venezolano”, apunta Rodríguez Lobaina.
Si en algo concuerdan muchos cubanos es que el país con urgencia necesita un cambio político y económico radical. Y el régimen actual no está capacitado para llevarlo a cabo.
