martes 19  de  mayo 2026
análisis

La hora de los libres

La posibilidad de una transición política en Cuba vuelve a ocupar el centro del debate tras recientes señales de diálogo entre La Habana y Washington

Por PEDRO CORZO

Sobre una posible transición política en Cuba, cualquier cambio real debe estar acompañado de la restauración de libertades fundamentales, la liberación de los presos políticos y el desmantelamiento de las estructuras represivas del castrismo.

Introducción

La posibilidad de una transición política en Cuba vuelve a ocupar el centro del debate tras recientes señales de diálogo entre La Habana y Washington. En un contexto marcado por décadas de autoritarismo, crisis económica y restricciones a las libertades fundamentales, resurgen preguntas esenciales sobre el futuro de la isla: ¿qué significaría un verdadero cambio político?, ¿qué condiciones serían necesarias para reconstruir la institucionalidad democrática?, y ¿cómo evitar que una eventual apertura reproduzca las mismas estructuras de poder bajo nuevos nombres?

José Martí nunca dejó de trabajar por su quimera de una Cuba sin amos y por una Patria con todos y para el bien de todos, un síndrome que padecemos muchos compatriotas del apóstol a pesar del cúmulo de frustraciones y desencantos que nos han azotado por más de seis largas décadas.

No descarto que algunos lectores aprecien este escrito como reiterativo y hasta cansón; pido disculpas si así lo perciben, pero es que el reconocimiento del inepto dictador cubano de que está negociando con Estados Unidos, me obliga a plasmar anhelos propios y de amigos, afanes siempre presentes en nuestras fantasías que desesperamos se conviertan en realidad.

Como bien dice Ramiro Gómez Barruecos, nos encontramos ante una potencial transición política en Cuba, una encrucijada que puede conducir al cese del totalitarismo o simplemente a un cambio en que todo siga igual; por tanto, es conveniente que nos aprestemos en busca de oídos que nos escuchen.

Más allá de la economía: una lucha por las libertades

Primero, debemos dejar lo más despejado posible que nuestra oposición al totalitarismo es consciente, razonada y motivada por la conculcación de nuestros derechos ciudadanos, con independencia de los resultados económicos del sistema. Si Cuba nadara en la abundancia de bienes materiales, confrontaríamos igualmente al castrismo por su naturaleza depredadora y contraria a los valores que defendemos, de ahí nuestro compromiso de que la clase gobernante cubana abandone el poder y sea debidamente procesada por sus numerosos crímenes.

Cuando se inició esta lucha en los sesenta, en Cuba había de todo; las restricciones de viaje eran inexistentes y los negocios se desarrollaban con relativa libertad; sin embargo, se apreciaba que los derechos ciudadanos, libertades como las de expresión e información, eran cuestionados por las autoridades y las leyes estaban al servicio del caudillo, no de la justicia.

Con el transcurso de los meses, la situación se agravó y los derechos más elementales fueron abolidos. Se impuso un pensamiento único, una sola voluntad y, como colofón, la obligación de aceptar por unanimidad las disposiciones gubernamentales. En realidad, ya no era necesario que Fidel Castro se declarara marxista; el castrismo imperaba en Cuba con toda la furia de su forjador.

Las bases de una reconstrucción nacional

Nuestro primer reclamo es la excarcelación sin excepción de los prisioneros políticos y la abrogación de todas las leyes represivas, simultánea a la aprobación de una ley general de amnistía que ampare a los acusados por actos delictivos recogidos en legislaciones que violentan los derechos ciudadanos, comprendido el derecho al regreso de los cubanos que se encuentran en el exterior.

Consideramos básica para la restauración de la República la aprobación de legislaciones que reconozcan de manera irrestricta el respeto a los 30 puntos fundamentales descritos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la que Cuba es firmante, pero la viola sistemáticamente, y la desmovilización de todos los cuerpos represivos y de espionaje al servicio del régimen.

Un cambio radical en el sistema judicial es imperativo. La sustitución de jueces y funcionarios judiciales en general demanda una pronta y eficaz atención; la justicia es una demanda que debe ser satisfecha.

La educación, uno de los instrumentos más preciados del totalitarismo, también exige profundos cambios. Todos los niveles educativos en Cuba han sido contaminados por la visión sectaria del castrismo. La tergiversación de la realidad y el adoctrinamiento de la juventud deben abordarse con realismo y comprensión hasta lograr nuevos paradigmas.

Es fundamental para avanzar social y económicamente que las actividades gremiales, profesionales, así como las económicas puedan efectuarse sin restricciones, permitiendo libremente la producción de bienes materiales, incluidos el consumo y las viviendas, a quienes estén aptos para realizar estas actividades, así como la liberación de las capacidades de exportar e importar de que disponga la población.

La agricultura debe ser liberada de toda regulación gubernamental que la limite. Cuba, históricamente, ha sido un país de importantes producciones agropecuarias, y es vital que esa condición se restituya por completo.

El castrismo se caracteriza por su gran capacidad de sobrevivencia y por no respetar los compromisos. Es mi criterio que no se deben hacer concesiones sin reciprocidad por parte del totalitarismo; no puede depositarse confianza en delincuentes sistemáticos y, aunque Estados Unidos ha sido siempre el mejor aliado de la causa democrática cubana, les pedimos que estén alerta, porque están negociando con tramposos que no respetan nada.

Conclusión

Para Pedro Corzo, cualquier transición genuina en Cuba requiere mucho más que reformas superficiales o acuerdos coyunturales. La restauración de derechos, la liberación de los presos políticos, la transformación de las instituciones judiciales y educativas, así como la eliminación de los mecanismos represivos del Estado, constituyen condiciones indispensables para una República verdaderamente democrática. Su reflexión concluye con una advertencia sobre la naturaleza del castrismo y la necesidad de actuar con prudencia frente a negociaciones políticas que no estén respaldadas por compromisos verificables. En última instancia, La hora de los libres es un llamado a imaginar y preparar una Cuba fundada en la libertad, la justicia y la dignidad ciudadana.

Autor

Pedro Corzo es un historiador, ensayista, periodista e intelectual público cubano, especializado en historia política de Cuba y América Latina, con una trayectoria profesional de varias décadas en investigación, medios de comunicación y producción documental. Es colaborador habitual de importantes medios en español como El Nuevo Herald, La Prensa, El Mundo y Montonero, así como de múltiples plataformas digitales dedicadas al análisis político y la memoria histórica. Corzo conduce el programa Opiniones en WLRN Channel 17, donde dirige conversaciones y análisis en profundidad sobre temas políticos y sociales contemporáneos. Ha producido 16 documentales históricos, entre ellos Zapata, Boitel vive, Los sin derechos, Muriendo a plazos y Las torturas de Castro, muchos de los cuales abordan la represión política, el exilio y la resistencia. Es autor de 23 libros, entre ellos Guevara: Anatomía de un mito, El espionaje cubano en Estados Unidos y La República que perdimos, y actualmente se desempeña como vicepresidente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio y del Cuban Exiled PEN Club.

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar