Aplastado por la crisis económica que vive el país y el impacto de la Tarea Ordenamiento, el régimen ha abierto las fronteras y permite nuevamente el negocio de las mulas. Además, dada la profundidad de la crisis y la perspectiva de que la situación no va a mejorar en el corto plazo, ha extendido la exención de impuestos arancelarios a la importación sin carácter comercial de alimentos, productos de aseo y medicamentos, por la vía de pasajeros con equipaje acompañado, sin límites en valor y cantidades, hasta el 30 de junio de 2022. Así lo informa un extenso análisis publicado por Diario de Cuba y firmado por el periodista Emilio Morales.

Según el comunicado oficial, la prórroga se debe "al recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial del Gobierno de EEUU contra nuestro país y el impacto de la crisis económica mundial provocada por la COVID-19". La nota no menciona la ineficiencia de un modelo económico que impide a los cubanos generar riquezas en un mercado de libre empresa, basado en la oferta y la demanda. Mucho menos menciona el mal manejo de la pandemia, que hizo colapsar el sistema de salud y redujo a la nada la industria del turismo.

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La medida coincide con la autorización de vuelos de EEUU a Cuba, que ya alcanzan casi el medio centenar semanales y pudieran aumentar en los próximos días, rompiendo de esta manera la inactividad que generaron la pandemia y las propias reglas dictadas por las autoridades cubanas, que habían limitado el equipaje de los viajeros y la cantidad de productos a entrar en el país mediante altas tasas arancelarias.

En tiempos de la administración Obama, el negocio de importación de mercancías a Cuba por parte de mulas llegó a alcanzar entre 2.000 y 3.000 millones de dólares anuales. Volver a ese volumen pudiera ser ahora una estrategia de urgencia del régimen para apaciguar la tensión social, aliviar la escasez y, de paso, inyectar efectivo en la maltrecha economía. Además, esto permitiría generar ingresos por los impuestos aeroportuarios, los derechos de aterrizaje, las comisiones por la venta de boletos aéreos, el cobro de hospedaje en hoteles, la renta de autos y cuanto servicio se pueda ofrecer en moneda dura.

En consonancia con lo anterior, parece que la rueda del engagement ha comenzado a rodar en Washington con el pretexto de la ayuda humanitaria, mediante un nuevo ciclo de viajes a la Isla que alivie las penurias de los cubanos y, al mismo tiempo, de oxígeno al régimen. El botón que detuvo la política de acercamiento de EEUU hacia Cuba de la administración Biden da la impresión de que comienza a dejar de presionarse.

Raul Castro Barack Obama

Antecedentes

Para entender la génesis de lo que está aconteciendo y comprender la dinámica de la estrategia cubana es bueno revisitar lo ocurrido en tiempos de Obama en la Casa Blanca.

En diciembre de 2014 se produce el deshielo entre los gobiernos de ambos países, lo que dio lugar a la autorización de vuelos regulares de Estados Unidos a Cuba, para lo cual varias aerolíneas comenzaron a operar en 10 destinos en la Isla. Además, los viajes de turistas norteamericanos fueron permitidos bajo 12 categorías. La medida desató un boom turístico. Al mismo tiempo, la fiebre de emprendimiento en la Isla crecía a un ritmo vertiginoso, lo cual trajo el nacimiento de una pequeña aunque significativa clase media, que generó un nuevo balance de poder en la economía cubana.

Este escenario reveló que el negocio de las mulas escapaba del control del aparato de inteligencia cubano. Es en ese momento cuando el Gobierno para en seco las reformas económicas y comienza a establecer medidas para frenar y limitar la expansión del sector privado. Comenzó así un fuerte cerco a las mulas, pues muchos emprendedores exportaban capital, dadas las limitaciones que impedían hacer crecer el sector privado en el país. El Gobierno restringió el negocio de las mulas pues este les hacía competencia a las cadenas minoristas dolarizadas, en su mayoría perteneciente a GAESA, el emporio empresarial de las Fuerzas Armadas.

Ahora, cabe preguntarse: ¿hasta dónde está dispuesto el régimen a volver a tolerar el negocio de las mulas, sabiendo que este fortalecerá el mercado negro y competirá con las cadenas minoristas controladas por GAESA?

Siguiendo el análisis de los antecedentes, paralelamente al auge de las mulas a partir de la entrada en vigor de la nueva Ley Migratoria, puesta en marcha el 14 de enero de 2013, creció la emigración de cubanos a Estados Unidos a través de Centroamérica. Independientemente de la eliminación de la política de "pies secos, pies mojados" por parte de Barack Obama días antes de terminar su segundo mandato, miles de cubanos continuaron y aún continúan usando esa ruta para emigrar a Estados Unidos.

Ya con Trump ya en la Casa Blanca, los viajes de cubanoamericanos a la Isla siguieron en aumento, hasta alcanzar los 552.895 viajeros en 2019. Solo en habilitación de pasaportes, esta cifra representó ingresos al Gobierno cubano por valor de 248.8 millones de dólares. Más del 50% de estos viajeros se hospedaron en hoteles con sus familiares en la Isla y rentaron autos a las agencias del Gobierno, dejando ingresos de aproximadamente 500 millones de dólares. Además, solo en pasajes aéreos, los cubanoamericanos desembolsaron unos 221 millones de dólares en 2019. Por su parte, las mulas digitales dejaron ese año en las arcas del Estado poco más de 300 millones de dólares en recargas telefónicas. A esto hay que sumar los impuestos de aeropuerto, que sumaron 13.9 millones de dólares, y el pago de aranceles por importación de mercancías, estimado entre 66.3 y 82.9 millones de dólares. Todos estos rubros totalizaron un estimado de entre 1.300 y 1.366,6 millones de dólares. A esto hay que sumar el valor de las remesas, tanto en efectivo como en mercancías. En total, un aproximado de ocho billones de dólares en 2019.

Para 2020 las cosas iban a cambiar, pues a comienzo de año entraban en vigor las medidas que limitaban los vuelos regulares y chárter a la Isla desde Estados Unidos, los cuales habían sido limitados solamente a La Habana y en un número restringido, por lo que se esperaba un declive de estos ingresos en comparación con 2019. Sin embargo, nadie contaba con la aparición de ese enemigo invisible que pondría patas arriba la economía mundial e impactaría fuertemente en la cubana: el Covid-19.

Este escenario paró en seco los vuelos hacia y desde la Isla, por lo que el negocio de las mulas se redujo a cero.

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El costo de la paquetería a Cuba se disparó en medio de la pandemia, en una simple operación oferta demanda

El costo de la paquetería a Cuba se disparó en medio de la pandemia, en una simple operación oferta demanda

¿Dónde estamos ahora?

Para entender dónde estamos ahora basta echar un vistazo a la estadística de vuelos a Cuba procedentes de EEUU en el período 2014-2021.

De 12.989 vuelos en 2019 se pasó a 2.529 en 2020 y a 542 en 2021, para un declive del 78.56% con respecto a 2020 y de 95.82% con respecto a 2019.

Es fácil comprender que el mercado cubano dejó de ingresar prácticamente entre 2.500 y 3.000 millones de dólares anuales por concepto de importación de mercancías derivado de los viajes de los emigrados en los últimos dos años. A esto hay que sumar los ingresos colaterales que perdió el régimen cubano por la anulación de los viajes, y el declive de las remesas en efectivo, tanto por las vías formales como por las informales.

¿Hacia dónde vamos?

Así las cosas, no nos sorprendamos si dentro de seis meses, en lo que se alivia un poco la tensión social por la escasez de alimentos, medicamentos y productos de aseo en la Isla —que pudiera cubrirse en gran parte con la gestión de las mulas—, el Gobierno haga una amnistía general y libere a los presos políticos que participaron en las protestas del 11 de julio y que en estos días reciben severas condenas, con la idea de aflojar tensiones y cimentar un nuevo engagement.

Tampoco nos sorprendamos si la Iglesia católica negocia secretamente la salida de muchos de estos presos políticos hacia España. No sería la primera vez que lo hace. Por otra parte, el nulo resultado de las comisiones creadas por la Casa Blanca para estudiar y resolver el tema de los ataques sónicos a diplomáticos norteamericanos en La Habana, el acceso a Internet y el envío de remesas a la Isla sin que estas pasen por las manos de los militares, ha devenido en un enfriamiento de la situación.

Sí, Washington sancionó a funcionarios del Ejército y del Gobierno cubanos que impidieron las protestas del 15 de noviembre. También acaba de señalar a la Isla como un santuario para el terrorismo. Sin embargo, la maquinaria de los viajes a Cuba ha comenzado a rodar, aliviando por una parte la extrema escasez de productos que padece la población, pero al mismo tiempo, dando una bocanada de oxígeno al régimen, que va a llevarse una tajada financiera de esta "puerta comercial humanitaria".

Conclusiones

Asfixiado financieramente por la falta de créditos, atrapado por la involución del sistema, por su condición irreformable y por la catástrofe de la Tarea de Ordenamiento —derivada en una inflación de más de 6,900%—; quedando en su mano la aplicación del terror como única alternativa para controlar y enfriar la protesta ciudadana, el régimen cubano ha echado a andar su estrategia de sobrevivencia, basada en la división familiar, como vía más eficiente y audaz para autofinanciarse.

Para ello ha regresado con urgencia al millonario negocio de las mulas, operación calculada para tomar un segundo aire y tratar de sobrevivir a su propia renuncia de emprender reformas económicas que liberen las fuerzas productivas, y a la tormenta perfecta generada por el Covid-19.

Para ello, en su maquinaria de recursos ya cuenta con el apoyo de un grupo de 114 congresistas estadounidenses que acaban de pedir al presidente Joe Biden que priorice el bienestar del pueblo cubano y que "tome acciones humanitarias inmediatas" para "suspender las regulaciones de Estados Unidos que impiden que los alimentos, medicamentos y otra asistencia humanitaria lleguen" a la Isla.

En la misiva, piden la normalización de relaciones diplomáticas, levantar las restricciones a las transacciones bancarias y financieras relacionadas con la ayuda humanitaria y suspender la verificación del uso final, eliminar las restricciones sobre las remesas familiares y no familiares, y revocar las medidas de la Administración Trump sobre los viajes a Cuba. Por si fuera poco, también solicitan a la Administración Biden que el Departamento de Estado revise la inclusión del Gobierno de Cuba en la lista de estados patrocinadores de terrorismo, así como la reapertura de la embajada estadounidense "en los niveles superiores" en la Isla.

Por último, esgrimen que "la protección de los derechos humanos en Cuba, incluido el derecho a la protesta, se beneficia mejor con un compromiso basado en principios, en lugar de un aislamiento unilateral, que ha demostrado ser una política fallida. De hecho, hoy, tras casi cinco años de estrictas sanciones estadounidenses, los incipientes movimientos sociales cubanos que surgieron durante los años de acercamiento encuentran su espacio para el debate público y la libertad de expresión más restringido que en 2016".

No cabe dudas de que una vez aplastadas las protestas a golpe de golpizas, torturas físicas y psicológicas a miles de detenidos, detenciones forzosas que han incluido a mujeres y menores de edad, el exilio forzoso de opositores y altas condenas de cárcel a decenas de personas, el régimen trata de pasar página tratando de forzar un espurio engagement.

Llama la atención que, en su carta, los 114 legisladores no reconocen ni denuncian la práctica esclavista del régimen con el personal médico y paramédico que exporta al exterior. Tampoco mencionan cómo se roban las remesas que envían los exiliados a sus familiares, a quienes se les entrega un peso devaluado y sin ningún valor fuera del país, o un dólar digital depositado en tarjetas magnéticas que solo sirven en tiendas en divisas administradas por unas Fuerzas Armadas que venden los productos con al menos un 240% de sobreprecio. Los legisladores tampoco mencionan en la carta el bloqueo interno al que son sometidos los cubanos, bloqueo que les impide generar riquezas en su propio país, donde son tratados como ciudadanos de segunda, discriminados por leyes que los marginan mientras benefician a los inversores extranjeros. También obvia la carta la constante violación de los derechos humanos a la que un pueblo entero ha sido sometido por más de 60 años. De igual manera, ignora las golpizas y la ola de terror desatada para aplastar las protestas pacíficas.

Es por ello que, al margen de cómo se traten en Washington los hilos del poder respecto a las relaciones con el régimen cubano y el tratamiento al pueblo, es el exilio el que tiene que tomar cartas en el asunto respecto a cómo ayudar a su propia gente, evitando beneficiar a la dictadura que nos oprime y nos divide como pueblo y como familia. Es nuestra responsabilidad individual la que debe guiar nuestras acciones para ayudar a los nuestros y, a la vez, no beneficiar a la dictadura.

Cuba no necesita un puente humanitario, lo que necesita es un puente libertario que ayude a eliminar ese oprobioso régimen de una vez por toda y traiga felicidad y prosperidad.

FUENTE: Diario de Cuba

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