domingo 26  de  julio 2026
AMÉRICA LATINA

Lula apela a la acrobacia política para ir a la reelección por cuarta vez en elecciones de Brasil

El presidente inició en 2025 una carrera a contracorriente para llegar a octubre entre escollos y desafiar la tendencia derechista en la región, según analistas

Por Olgalinda Pimentel

MIAMI.-A menos de tres meses de las elecciones en Brasil, el presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una carrera a contracorriente para intentar afianzar su reelección por cuarta vez, desde el Palacio de Planalto, en medio de escollos internos, y desafiar la tendencia decisiva de la región hacia la derecha radical.

El mandatario —uno de los líderes del agónico modelo Socialismo del Siglo XXI, que llegó al gobierno por primera vez el 1 de enero de 2003— anunció su aspiración en octubre de 2025, a los 80 años de edad, durante una breve visita en Yakarta, Indonesia, centro financiero global del sudeste de Asia en busca de nuevos mercados y un acuerdo arancelario.

Habría escogido de escenario el centro financiero y multicultural para hacer gala de una “gran habilidad política” que ha mostrado en momentos complicados de su trayectoria sindical y también de su gobierno en los últimos años, aseguran analistas.

Desde Yakarta intentó reimpulsar su política exterior ante el creciente rechazo interno, señala el investigador y académico Roberto Briceño-León, y el internacionalista brasileño Lucas Ribeiro.

La debilitada economía, la gestión fiscal, la falta de mano dura contra la criminalidad y la persistente corrupción constituyen los principales problemas de su gobierno.

También Lula habría procurado levantar en Indonesia su perfil de candidato presidencial como actor global y único sobreviviente del socialismo latinoamericano, con la excepción de Venezuela, bajo el tutelaje del gobierno de EEUU y los regímenes de Cuba y Nicaragua presionados por Washington.

En la actualidad, el presidente no cuenta con una mayoría en el Congreso y es un obstáculo con el que se ha dedicado a lidiar al tratar de impulsar reformas previas a la campaña electoral.

Lula da Silva, acróbata de la política

Según medios locales, una encuesta de junio pasado mostró que el nivel de desaprobación de jóvenes de entre 16 y 34 años contra el presidente de Brasil superó por primera vez el nivel de aceptación que alcanzó para su reelección en 2022. En tanto, un alto porcentaje de electores de estas edades dijo estar dispuesto a votar por la derecha.

Lula busca revertir el resultado. Este 13 de julio, se dedicó a bromear con Carlo Ancelotti, técnico del equipo futbolista de Brasil fuera del Mundial, y le dijo que contrate a un "robot agresivo" para poder ganar dentro de cuatro años. Dijo que había quedado “maravillado con un proyecto tecnológico de un estudiante”.

“El robot parecía Mbappé (de Francia), parecía Haaland (de Noruega)”, dijo al mencionar a dos de los protagonistas de esta Copa del Mundo, de estilos y orígenes diferentes, pero favoritos del público juvenil, principalmente.

El político brasileño espera enfrentarse el 4 de octubre próximo por el Partido de los Trabajadores a la principal figura de la oposición y senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal, una vez que las candidaturas se oficialicen antes del 15 de agosto.

Y parece estar dispuesto con astucia a tomar medidas que los analistas interpretan como “saltos de acróbata” en el terreno político, en un contexto de marcada polarización y que “ya no es estrictamente ideológico”, según Briceño-León, profesor visitante de la Universidad Federal de Ceará.

“Gran parte de lo que se ve en Brasil en este momento es una gran habilidad de Lula que es realmente un maestro de la política y de los saltos, desde que era sindicalista en Sao Paulo”, afirma.

El analista detalla cómo Lula siendo dirigente de los obreros metalúrgicos pasaba de reunirse con ellos y alborotarlos, hasta sentarse tranquilo luego con los patronos para llegar a un acuerdo “y estar bien con ellos”.

Visita a Washington

La habilidad de Lula de acomodarse a cualquier escenario la mostró en Washington, en mayo pasado, con el presidente de EEUU, Donald Trump, con quien ha tenido repetidas diferencias, refiere Briceño-León.

El mandatario brasileño “se tomó una foto sonriente” antes de un almuerzo de trabajo, semanas después de haber cuestionado duramente el “intervencionismo” de su par estadounidense sobre Cuba y Venezuela, y de pedirle abstenerse de inmiscuirse en la política brasileña de cara a las elecciones presidenciales.

Un mes después de su primera visita al jefe de la Casa Blanca, también fustigó el anuncio de Trump sobre nuevos aranceles de 25% a las importaciones brasileras y su posición a favor de Bolsonaro.

“Manténgase al margen” de las elecciones en Brasil, le dijo Lula da Silva a Trump en esa ocasión.

“Lula da Silva se dejó de cuentos y viajó a reunirse con Trump en Washington, luego de sus fuertes declaraciones sobre patria y nacionalismo, y contra las guerras. Tomarse la foto aumenta rápidamente su popularidad y esa habilidad marca con fuerza la candidatura y no pegada de la propuesta de Bolsonaro”, detalla el académico.

El presidente Trump recibe a Lula Da Silva para una reunión en Washington.

El presidente Trump recibe a Lula Da Silva para una reunión en Washington.

Preferencias sin acento ideológico

En su análisis sobre la insistencia del actual presidente de Brasil en presentar por cuarta vez su candidatura, asegura que las preferencias o rechazos de Lula y de Bolsonaro están centradas en la persona y “no necesariamente en las ideologías políticas que están detrás”.

“De hecho, el gobierno de Lula no es exclusivamente del Partido de los Trabajadores, es de una gran coalición del centro y lo que ha ocurrido en este tiempo es que se ha ido moviendo y separando de la propuesta de la posible candidatura de Lula e intentando buscar un camino propio en medio de la gran polarización”, advierte.

Explica que gran parte de las preferencias pendulares hacia Lula y Bolsonaro están marcadas por algunos factores como la corrupción.

“El escándalo financiero del Banco Master ha tenido un impacto muy grande en el candidato Bolsonaro por el financiamiento para hacer una película sobre su padre”, dice.

Pero un escándalo similar con el mismo banco tocó un mes después a uno de los líderes y senador del Partido de los Trabajadores, Jaques Wagner, figura clave de Lula.

“Hay un proceso de golpes de lado y lado”, según Briceño-León.

Mientras, el presidente brasileño busca granjearse el apoyo de una buena parte de la población para superar una especie de empate técnico que refieren las encuestas.

En busca de apoyo

En abril pasado, Lula lanzó la propuesta de reforma laboral que busca reducir la jornada de siete días (44 horas) a cinco días (40 horas) a la semana, y que está a la espera del visto bueno del Senado.

Una medida que, afirma Briceño-León, le ha generado simpatías incluso de gente que es ajena a su gobierno socialista, aunque también ha despertado gran rechazo, particularmente en el sector empresarial”, según explica.

La reforma garantizaría dejar intacto el salario de unas 37 millones de personas.

Pero el argumento del sector privado es que el cambio de la jornada tendría un costo adicional a los precios de los productos, lo que preocupa al consumidor final que vería mermado su ingreso mínimo mensual de casi 300 dólares aproximadamente (1,621 reales) desde enero.

Para manejar los efectos, el gobierno buscaba mantener en junio el equilibrio con una tasa interanual hacia la baja de 4,64% y programas de refinanciación de deudas para trabajadores informales.

Popularidad en caída

Mientras Lula da Silva busca dar preferencia a los temas de crecimiento económico y de nuevos empleos para cubrir la desocupación de más de seis millones de personas, los problemas que más afectarían su reelección son los de la inseguridad y la violencia criminal, coinciden los expertos.

“Lo que ocurre es que la academia y buena parte de los medios no los destacan”, sostiene Ribeiro.

Briceño-León apunta que esos temas generan para el gobierno de Lula uno de los mayores costos políticos.

“Todo hace prever que seguirá siendo un punto central en el debate electoral, en el cual está por un lado el grupo de Bolsonaro con una postura fuerte contra el crimen, y por el otro el de Lula que intenta ser indulgente”.

Briceño-León destaca dos hechos:

La primera, la Operación Contención a finales de 2025, una iniciativa del gobierno de Río de Janeiro contra el crimen, en la que más contingentes de agentes de policía se enfrentaron con facciones de los dos más poderosos grupos criminales PPC y Comando Vermelho, y que dejó más de 100 muertos, no obtuvo la venia presidencial.

"La orden del juez era una orden de arresto, no una orden de matanza, y hubo una matanza (…) fue desastroso”, dijo Lula en noviembre y meses después anunció el programa Brasil Contra el Crimen Organizado. “Esto es una señal para decirle al crimen organizado que en poco tiempo no serán más los dueños de ningún territorio”, dijo con firmeza el mandatario.

Y es que una encuesta hecha en Río de Janeiro, días después de la gran operación, mostró que la acción contra los criminales contó con el apoyo de más de dos tercios de la población. Y además favorecía a Bolsonaro.

El segundo hecho mencionado por el experto es la extrema reacción “nacionalista” de Lula contra la designación de las bandas Primeiro Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) de Brasil como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales por parte del gobierno de EEUU, el 5 de junio pasado.

Efectos en la región

Un eventual triunfo electoral de Lula por cuarta vez más de dos décadas tendría un impacto más marcado en la política regional que en la doméstica, donde la elección depende más de los votantes indecisos en primera vuelta.

“Significaría detener la ola de triunfos de la derecha como ya ocurrió en Colombia, Perú, Chile Bolivia y en Venezuela con el 3 de enero, aunque aún quedan otros países con gobiernos de izquierda como México, pero a estos les va quedando muy poco espacio internacional”, avizora Briceño-León, quien cree ante esto que Lula busca erigirse como mediador en la guerra de Rusia y Ucrania “cuando es algo que no es serio”.

Ribeiro ve la hipotética victoria de Lula como “un problema para Brasil y para la región”.

“No hay que olvidar que Lula es uno de los fundadores del Foro de Sao Paulo con Fidel Castro y otros jefes de extrema izquierda en Suramérica. Si Lula queda fuera habría más presión internacional hacia otras tiranías de la región en favor de Latinoamérica”.

FUENTE: Entrevistas al académico Roberto Briceño-León, y al internacionalista Lucas Ribeiro

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