Entre los asistentes estuvo Marcell Felipe, presidente del Museo Americano de la Diáspora Cubana, quien viajó a Oslo para atestiguar personalmente la entrega del galardón. Su presencia no fue casual: Marcell Felipe fue uno de los principales impulsores de la nominación de Machado desde el sur de la Florida, una iniciativa que comenzó a gestarse un año antes y que logró articular apoyos académicos y políticos de alto nivel en Estados Unidos.
La participación del también presidente de la fundación Inspira América en la ceremonia evidenció además el peso de los exilios cubano, venezolano y latinoamericano en general, en los escenarios de la diplomacia internacional, así como su capacidad de incidir en instancias de reconocimiento humanitario de alcance global, tradicionalmente dominadas por gobiernos y organismos multilaterales.
En entrevista exclusiva con Diario Las Américas, Marcell Felipe calificó el momento vivido en Oslo como la confirmación de una convicción profunda sobre el valor de la acción individual.
“Atestiguar ese momento histórico, que comenzó un año antes en mi cabeza, significa para mí la confirmación de que cada individuo puede hacer su aporte a la dignidad humana. No es necesario tener un ejército; una idea puede valer por mil ejércitos”, afirmó.
Una nominación nacida desde el exilio
La candidatura de María Corina Machado tuvo su punto de partida en el Museo Americano de la Diáspora Cubana, una institución que ha evolucionado desde la preservación de la memoria histórica del exilio cubano hacia un rol activo en la defensa de los derechos humanos en el continente.
Para Felipe, la iniciativa surgió de la necesidad de no dejar pasar el momento político que atravesaba Venezuela tras la organización masiva de voluntarios y la expresión ciudadana en las urnas.
“Estos regímenes no son autoritarios cualquiera. No se van con presión, por mucha presión que se les ponga. Si no los sacan, no salen”, advirtió. En su análisis, la nominación al Nobel buscaba evitar que se repitiera una vez más el ciclo de esperanza frustrada, al tiempo que protegía a Machado y a su liderazgo frente a una eventual persecución política.
Según explicó, el Premio Nobel no constituye por sí solo una solución definitiva, pero sí mantiene el tema venezolano en la agenda internacional. Además, reactiva el ánimo ciudadano y ejerce presión sobre las democracias del mundo para que asuman un rol más activo frente a las dictaduras de la región.
Una misión que trasciende fronteras
Felipe sostiene que haber impulsado esta nominación representa la continuidad de una misión histórica que conecta a las diásporas actuales con los ideales fundacionales de las repúblicas americanas. “Todos tenemos una misión que traspasa fronteras”, señaló, recordando que los fundadores del continente establecieron que cada hombre y mujer nace con derechos inherentes, y que el rol del Estado es protegerlos, no violarlos.
Ese legado, afirmó, es el mismo que hoy intentan borrar los regímenes de La Habana, Caracas y Managua, promoviendo modelos de poder que desconocen la libertad individual y la dignidad plena del ser humano.
Del escepticismo a la cohesión institucional
El 16 de agosto de 2024 fue un momento clave, cuando la propuesta se presentó formalmente en la sede del museo. Felipe recordó que muchos colegas y periodistas felicitaron la iniciativa, aunque con escepticismo. “Nos decían que era imposible, pero no lo era”, aseguró.
Desde su perspectiva, no existía en 2024 otro movimiento que representara de manera tan fiel los ideales descritos en el testamento de Alfred Nobel. Aun así, reconoció que el desafío era complejo, considerando que el comité Nobel es nombrado por líderes políticos noruegos y que en Noruega existen históricas simpatías hacia dictaduras de izquierda en América Latina.
Frente a ese escenario, la estrategia fue estudiar minuciosamente las reglas del Nobel y estructurar la nominación con rigor. Se decidió convocar a actores cuya voz tuviera un peso específico ante el comité, comenzando por líderes académicos del sur de la Florida.
El rol decisivo de las universidades
El respaldo de instituciones como Miami Dade College, Florida International University (FIU), St. Thomas University y Barry University fue determinante. Felipe explicó que las nominaciones provenientes del ámbito académico suelen tener un valor especial, ya que evidencian que la causa trasciende la política partidista.
“El apoyo de las universidades deja claro que esta no es solo una lucha política, sino una lucha humana entre el bien y el mal”, indicó. Asimismo, destacó el liderazgo de la presidenta del Miami Dade College, quien logró sumar a otras universidades y consolidar una red de apoyo institucional sólida.
Apoyo político y mensaje internacional
A la base académica se sumó el respaldo de figuras políticas de alto nivel en Washington. El Secretario de Estado de EEUU Marco Rubio y el senador Rick Scott, junto a congresistas del sur de la Florida, jugaron un rol clave en la ampliación de la nominación y en la articulación de apoyos adicionales.
Para el presidente del museo de la Diáspora Cubana, este respaldo envió un mensaje inequívoco a la comunidad internacional: "Estados Unidos no será un observador pasivo frente a la lucha por la libertad en las Américas. Se trata de un tema que va más allá de Venezuela y que se vincula directamente con el respeto por la dignidad humana y el combate a los narcoestados".
Los valores detrás del Nobel
Al analizar los factores que llevaron a María Corina Machado a recibir el Nobel de la Paz, Felipe señaló que el elemento decisivo fue la capacidad de transformar el compromiso político en un éxito electoral contundente, pese a las trampas del régimen de Maduro y sin recurrir a la violencia. Ese logro, afirmó, encarna los principios centrales del premio y devolvió la esperanza de que es posible vencer a una dictadura por medios pacíficos.
El exilio como actor global
La presencia de Felipe en Oslo también puso de relieve el largo recorrido del exilio cubano, que pasó de la lucha armada al lobby político en Washington, logrando finalmente representación en espacios clave de la política exterior estadounidense. Hoy, el Museo Americano de la Diáspora Cubana busca convertirse en una plataforma de coordinación regional para los pueblos que enfrentan regímenes autoritarios.
Un mensaje para América Latina
Para Marcell Felipe, el Nobel otorgado a María Corina Machado representa un reconocimiento contundente en Europa de que las dictaduras de izquierda no son románticas ni ideológicas, sino estructuras sangrientas y carentes de humanidad. El galardón reafirma, además, el mensaje que las diásporas latinoamericanas han sostenido durante décadas.
De cara al futuro, el museo continuará ampliando su misión y prevé recibir próximamente a Machado en Miami, así como dedicar una exposición a su vida y a la lucha del pueblo venezolano, reafirmando que la defensa de la libertad sigue siendo una causa sin fronteras.
FUENTE: REDACCIÓN DLA