MIAMI.-No hay imposibles para Alfredo Jorge de Melgar García del Busto, el doctor que partió de Cuba rumbo a España a principios de los 90’s y que hoy día tiene en Miami una larga lista de pacientes cuyo denominador común es haber salido de las garras de un sistema de salud hostil a los opositores, activistas y defensores de derechos humanos.

Desde su oficina en esta ciudad estadounidense el doctor repasa sus diplomas, reconocimientos y títulos (incluso uno de conde que le corresponde por legado familiar), junto a lo que para él es el premio mayor: las imágenes del antes y el después de las personas a las que ha tratado sin cobrar un centavo y sin conformarse con desesperanzadores diagnósticos.

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—Ella se llama Xiomara Cruz Miranda, es una Dama de Blanco —dice Melgar mientras señala una de las imágenes en la pared de la clínica. “Ella estuvo en cárcel de Ciego de Ávila y ahí recuerda que le daban a inhalar un éter que la desmayaba; le provocaba unos desmayos muy grandes y mucha falta de aire y ahí están las fotos, estaba desahuciada en una cama ya para morirse, porque no le dieron atención médica, los pulmones estaban prácticamente necrosados. Dice que le inyectaron bacterias en la sangre, que un enfermero le inyectó algo y entonces cuando llegó aquí estaba muy mal; tuve que llevarla directo del aeropuerto para el hospital en una ambulancia porque venía con mucha falta de aire, hubo que intubarla y hacerle una broncoscopia que es para ver el pulmón y sus pulmones estaban prácticamente colapsados. Ahora es otra persona, ya volvió a recuperar su peso, aunque le quedan secuelas, a veces le falta el aire, se le inflaman las piernas, pero la que llegó y la que es ahora parecen personas totalmente diferentes”.

Melgar, graduado con honores en la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey y certificado también en España y en Nueva York, después de haber constatado las desigualdades en el acceso a la salud pública en la isla, considera que su misión es salvar las vidas de opositoras como Xiomara, Iris Ruiz, Omara Ruiz Urquiola. Hasta ahora, todas han evolucionado de manera favorable al salir de Cuba, donde, para él, especialista en medicina interna, el sistema de salud para los disidentes y los opositores es “un desastre total” porque los disidentes enfermos son sometidos a dos tipos de castigo: uno, dejar que empeoren sin hacer nada; el segundo, valora, es propinarle ataques usando la medicina.

“En el caso de Omara Ruíz Urquiola, pues ella tenía cáncer y dejaron que se cáncer avanzara y aquí ya se trató y está bien. Pero allí ellos no intervienen, no usan el sistema de salud por igual para todos porque no favorecen a los opositores, pero aparte de eso estos reciben ataques usando la medicina como ha denunciado, por ejemplo, el hermano de Omara, Ariel, quien sostiene que le inocularon el virus de inmunodeficiencia humana.

Aun así el doctor reconoce como el procedimiento más común ante opositores y sus familiares el de la no intervención, lo que él califica como negligencia.

—A Yaniel Rodríguez, el niño ese que está allí en la foto, tenía un problema en la médula espinal como un tumor y entonces como su padre es un disidente, lo dejaron desahuciado en una silla de ruedas —cuenta el doctor.

Menciona además a Iris Ruiz, del movimiento San Isidro, como muestra de los casos en que el régimen se lava las manos. “Tenía sangramiento vaginal y no hicieron nada; ella buscó ayuda en policlínicos y hospitales pero no hicieron nada. Hasta que pudimos sacarla. Lo logramos gracias a la gestión de otros disidentes, periodistas independientes y políticos”.

Suele ser esa la manera en que opera esta especie de red humanitaria. “Aquí hay personas que se ponen en contacto conmigo para la parte médica; la parte del visado corresponde a los congresistas. Ellos se ocupan de buscar la visa humanitaria”.

Admite que no siempre está en sus manos hacer algo, porque lo suyo, por supuesto, es la parte médica, no la económica, pero mediante una red de apoyo siempre que se presenta un caso como estos, lo intenta. “La parte mía es médica, de ayudarles cuando lleguen, puede ser en la oficina o puede ser en el hospital. Yo no cobro por nada de eso porque es humanitario. No me beneficio financieramente, sencillamente yo lo que quiero es salvar a esas personas porque han venido casi muertas, trato de salvarlas para que continúen en su lucha'', detalla.

“Es como una forma también de agradecerles porque se están jugando la vida. Son Damas de Blanco, integrantes del movimiento de San Isidro, de la Unpacu… Y se están jugando la vida por la libertad de Cuba”.

El médico cuenta que cuando todos los diagnósticos parecen irreversibles, él no pierde la esperanza. Cuando le dicen que “no hay nada que hacer”, él ha pensado únicamente en el valor de la vida, sobre todo cuando se pone al servicio de una causa: “¿usted no sabe lo que es una dama de blanco?”, dijo una vez ante un funesto pronóstico. “Es una mujer que está luchando por la libertad de su pueblo, no se puede abandonar a una mujer como esa”.

Insiste en que la importancia de su gestión es que destapa cómo el sistema comunista castiga a los opositores usando la medicina, cómo los abandona y cómo luego una buena atención médica como la que se les proporciona aquí los puede salvar. Para el régimen cubano “es un éxito que estos pacientes salgan y se mueran”. Logrando que vivan, el doctor Melgar siente no solo que les ayuda, sino que también les agradece, en tanto concibe su trabajo como solución alternativa que llena el vacío de lo que el sistema de salud cubano no hace, que es darle un servicio médico a cualquier ciudadano independientemente de su afiliación política.

“Ellos tienen por obligación atender al paciente, no importa a qué partido pertenezca; entonces yo lo que estoy haciendo con mi trabajo es sustituir al del fallido de sistema de salud cubano que castiga a los opositores”.

Cuando habla de su trabajo, el doctor Melgar aclara que este abarca la atención clínica pero también le da seguimiento a cada paciente para continuar observando su calidad de vida. “Yo los sigo y me cercioro de si les hace falta medicamentos, les consigo estudios y chequeos que necesiten, llamo al laboratorio y digo, por ejemplo, mira, es el caso de de Xiomara y el dueño laboratorio y me dice, no le voy a cobrar nada por hacer los laboratorios; vamos para una placa del pecho y es lo mismo, cuando llamamos para uno en caso así, no le cobran o cobran un mínimo”.

El éxito de Melgar, quien ha tenido que recorrer el largo camino del exilio para ganar su reputación, está en transformar la vida de cada opositor que se pone en sus manos una vez que el régimen lo “entrega” hecho un cadáver. “Todo el camino ha sido largo, pero no se puede uno rendir, hay que seguir… ese es el precio de la libertad”.

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