@juanjuanalmeida

El Granma, en La Habana; el 5 de septiembre, en el Escambray; el Sierra Maestra, en Santiago de Cuba; Girón, en Matanzas y el portal Cubadebate; todos los medios oficialistas cubanos, también los no oficialistas, repitieron la misma noticia.

“El Consejo de Estado, a propuesta de su Presidente, acordó liberar de sus cargos a los ministros de Finanzas y Precios, Olinda Pedraza Rodríguez; y al de Transporte, Adel Yzquierdo Rodríguez”.

Visto así, perece una cruzada del gobernante designado, Miguel Mario Díaz-Canel, contra los dirigentes que compartieran el apellido Rodríguez; pero no, porque quien sustituye a Yzquierdo Rodríguez, es el viceministro primero, Eduardo Rodríguez Dávila.

La medida, más que llamar la atención, logró por sobre todas las cosas, un impacto efectista y manipulador.

Es cierto. Adel Yzquierdo, como ministro, no pudo resolver el problema del transporte. Su pésimo desempeño al frente de esa cartera, justifica la destitución. Tampoco supo enfrentar el descontento de los taxistas privados que provocaron la conocida “huelga de transportistas”; y mucho menos evitar las causas (todas evitables), que dieron lugar al accidente de la aeronave, propiedad de Global Air y operada por Cubana de Aviación, que tuvo lugar en La Habana el 18 de mayo de 2018, en el que perdieron la vida 112 personas.

Pero la sustitución de Yzquierdo para lo que realmente sirvió fue para mejorar la imagen, ante un puñado de observadores, sobre la pálida gestión del actual mandatario cubano.

Por su parte, la destituida titular las Finanzas, Olinda Pedraza, cayó en la siempre justiciera comidilla popular porque, durante su mandato, se aumentó la carga fiscal referente al trabajo por cuenta propia, y por no prevenir, y con ello evitar “la crisis del huevo, la harina y el pan”.

Pero, si esas fueron las razones por las que remplazaron a los exministros Yzquierdo y Pedraza, habría que sustituir también a quienes les sucedieron, porque ambos ejercían como viceministros de los mencionados ministerios, y compartían idénticas responsabilidades.

El remplazo no fue, ni mucho menos, propio de una sanción merecida, sino una jugada estratégica para levantar la popularidad del designado Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, de cara al referendo del próximo 24 de febrero del cual el régimen espera una aprobación mayoritaria de la población a su farsa de reforma constitucional.

La causa real por la que el Consejo de Estado ordenó sustituir a la ex ministra Pedraza fue esta. En un intento por cumplir con “justeza” el desempeño de sus funciones como cancerbero oficial de las finanzas, se dio a la tarea de investigar cómo se puede hacer frente a la crisis de medicamentos que se avecina por la falta de efectivo para pagar a las empresas acreedoras de materia prima para la producción de medicamentos cubanos.

En esa búsqueda, descubrió que altos militares cubanos (Generales para ser exactos) desfalcan el erario estatal y expatrian miles de millones de dólares a través de una empresa que, con la aprobación de la dirección del inmortal y único Partido comunista, gana los más jugosos contratos de compra-venta del país, y todas las licitaciones de proyectos de construcción, inversión y gestión en el territorio nacional.

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