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@puzkas

¿Después de 16 años finalizó el control de cambio en Venezuela? La pregunta se puede responder de forma muy sencilla: ningún venezolano en este momento puede usar sus tarjetas de débito o crédito en bolívares para comprar por Internet en el exterior. Tampoco puede usar estos instrumentos financieros, si viaja fuera de Venezuela, y mucho menos puede cambiar bolívares por dólares (u otra moneda) libremente y sin límites en bancos o casas de cambios.

Lo que si es cierto es que desde el lunes 13 de mayo, por primera vez en 16 años, el sistema de adjudicación de divisas ya no estará administrado completamente por el Gobierno central.

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Para el economista Luis Oliveros aún persisten muchas dudas sobre la flexibilización del mercado cambiario. “Seguimos esperando por la claridad en las ‘reglas del juego’ de este nuevo sistema –explica Oliveros–. ¿Será totalmente libre? ¿Habrá restricciones en la fijación de la tasa, o en las cantidades a comercializar diariamente, semanalmente, mensualmente? ¿Podrán acudir todas las empresas y personas naturales que quieran o tendrán una limitante dependiendo de su actividad económica o monto pagado por ISLR?”

Según Oliveros, “los precedentes de los más de 10 sistemas cambiarios que ha tenido Venezuela en los últimos 16 años nos llevan a pensar que hay que esperar al día del inicio para corroborar que efectivamente sea un sistema libre (…) Siempre decimos: mientras un venezolano no pueda utilizar sus tarjetas de crédito y de débito en el exterior, existe control de cambio. Ciertamente hay que decirlo, las sanciones económicas son una limitante importante para que el desmontaje del control pueda ocurrir, al igual que la situación de la banca venezolana y la delicada situación externa del país”.

En 16 años en Venezuela han existido los siguientes mecanismos cambiarios: CADIVI, CENCOEX, SITME, SIMADI, SICAD I, SICAD II, DIPRO, DICOM y Casas de Cambio. Desde el 13 de mayo, las “mesas de dinero”.

El robo

El periodista especializado en temas de finanzas y banca Víctor Salmerón recientemente recordó que “el control de cambio facilitó el mayor saqueo en la historia de Venezuela: sólo en 2012, como admitió la exministra Edmée Betancourt, les entregaron 20.000 millones de dólares a empresas de maletín (…) Ahora, cuando la bancarrota es total: el Banco Central prácticamente se ha quedado sin reservas y el ingreso de petrodólares es ínfimo por el colapso de PDVSA, el Gobierno dice que va a un sistema de libre convertibilidad”.

Salmerón añadió varias interrogantes a las que formula Oliveros: “Sí no hay suficiente oferta de dólares, ¿cómo se va a contener el alza del dólar en el mercado libre? ¿Cuánto más puede durar la ‘estrategia’ de estrangular el crédito sin generar una crisis bancaria? ¿Cómo va a salir la economía de una recesión que comenzó en 2014?

Sin dinero

Una pregunta que sí parece tener respuesta es la motivación del régimen de Nicolás Maduro para flexibilizar el control cambiario.

Según un análisis publicado por el economista Víctor Álvarez, “la caída de los precios del petróleo, combinado con la debacle en la producción de PDVSA, golpeó severamente el ingreso de ‘petrodivisas’ que se vendían muy baratas a través del control cambiario (…) El derrumbe de la renta petrolera sentenció el fin de las divisas preferenciales, el cupo para compras electrónicas y el cupo CADIVI para viajeros. Luego, las sanciones aplicadas a PDVSA por el gobierno de [Donald] Trump dejaron sin mercado más de 500.000 barriles que la compañía vendía a refinerías en los Estados Unidos. Como estas eran las únicas exportaciones que prácticamente generaban flujo de caja neto en divisas, el BCV se quedó seco”.

Álvarez, quien fue ministro de Industrias de Hugo Chávez, aseguró en su análisis que para compensar la caída en el ingreso de divisas, “a partir de enero de 2019 ocurrió un fenómeno insólito y fue que la tasa de cambio oficial DICOM comenzó a ser mayor que el paralelo, razón por la cual las divisas privadas comenzaron a ser vendidas al BCV, que ofrecía una tasa de cambio más atractiva (…) Pero al ser sancionado el instituto emisor por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, los inversionistas extranjeros y las empresas nacionales se inhibieron de hacer operaciones de compra venta a través del DICOM para evitar también ser sancionados”.

Los ciudadanos

El socio director de la firma Ecoanalítica Asdrúbal Oliveros aseguró que “el nuevo sistema es algo inoperativo. Para las empresas pudiera ser una válvula de escape pero para el ciudadano común el menudeo será poco posible de llevar con éxito por la banca por sus altos costos operativos”.

Ecoanalítica estima que al finalizar el mes de marzo una familia venezolana de cuatro personas necesitaba más de 700 dólares para cubrir sus gastos básicos, aunque el salario mínimo es inferior a 5 dólares.

El socio director de Ecoanalítica sostuvo que esta “es una medida aislada que no corrige la hiperinflación ni tampoco dará estabilidad al tipo de cambio, pues las causas de las distorsiones económicas en el país continúan presentes”.

Por su parte, Oliveros explicó que el nuevo sistema “nace con varias espadas de Damocles, una de ellas es la oferta. Y aunque nuestra economía se ha reducido bastante, la demanda de divisas sigue siendo importante, entre otras cosas por la hiperinflación que padece el país (…) Ciertamente, y en teoría, las empresas tienen más incentivos para vender sus divisas en este sistema que acudir al mercado paralelo. La gran interrogante es si esas ventas serán suficientes para la demanda, si el sector público no va a intervenir, si el Gobierno va a dejar que la variable de ajuste [natural de ese mercado] sea la tasa de cambio y va a buscar intervenir para que una [posible] devaluación muy fuerte del bolívar no ocurra”.

¿A quién beneficia?

Oliveros consideró que este sistema “beneficia a las empresas que ahora tienen una ventana legal un poco más transparente para hacer sus operaciones cambiarias. Si antes tenían problemas para comercializar divisas y registrar en sus libros esas operaciones, con este sistema esos problemas deberían acabarse [al menos en el plano legal y contable]”.

No obstante, advirtió que el nuevo sistema, “al menos al inicio, no genera muchos incentivos para las remesas y operaciones al menudeo. Primero, trabajar con este sistema pudiera tener un costo por comisiones; Segundo, muchas de las personas que envían remesas a sus familias en Venezuela no quieren que el Gobierno tenga información de estas operaciones. Tercero, tampoco quieren que en las entidades financieras sus nombres aparezcan en listados de clientes que hacen operaciones cambiarias especialmente por miedo a que sus familiares puedan ser víctimas de la inseguridad”.

Por último, Oliveros comentó que existe una posibilidad: “Si el sistema funciona de buena forma, de él saldría una tasa de cambio más robusta, transparente y hasta ‘libre’, lo cual es una buena noticia para la economía”.

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