MANAGUA.- El gobernante nicaragüense, Daniel Ortega, negociará en el diálogo previsto a reanudarse el próximo miércoles, su impunidad y la de sus allegados, asegurar su fortuna y evitar las sanciones anunciadas en su contra y la de sus colaboradores, dijo esté sábado un disidente sandinista.

Otros objetivos son permanecer en el poder hasta 2021 y mantener control sobre sus órganos de garantía: Ejército, Policía, aparato judicial, fiscalía de cuentas y Asamblea Nacional (parlamento), señaló el economista y exdiputado opositor Enrique Sáenz en un artículo titulado "Objetivos y tácticas de Daniel Ortega", que publicó en su página en internet.

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Sáenz, expresidente del disidente Movimiento Renovador Sandinista (MRS), consideró que Ortega intentará "restaurar las condiciones previas" al 18 de abril de 2018 cuando estalló la crisis, es decir, advirtió, un "arreglo con la cúpula empresarial".

Ortega convocó este jueves la reanudación del diálogo nacional para el próximo miércoles con el fin de superar la crisis sociopolítica que vive el país y que ha dejado cientos de muertos y de detenidos, y otros miles en el exilio.

Para Sáenz, si Ortega se ve obligado a hacer concesiones en la mesa de negociaciones, intentará que se reduzcan a la realización de elecciones anticipadas, bajo sus plazos y condiciones, aderezadas con reformas cosméticas.

"La máxima concesión, desde esta perspectiva, sería abrir algunos espacios, pero preservándose, él y su familia, como factores de poder", indicó.

Lo que está claro, sostuvo, es que el mandatario utilizará ese diálogo para asegurar impunidad para él, su familia y allegados, asegurar el capital familiar, eliminar las sanciones impuestas y cancelar las sanciones anunciadas.

Para conseguir esos objetivos, según el político opositor, Ortega "dispone de un arsenal", cuyo principal dispositivo es "el aparato represivo" y ahora también "el instrumento del diálogo".

"En términos tácticos, con la maniobra del diálogo pretendería: ganar tiempo, extraer gas a la presión internacional, distraer e introducir confusión, manejando agendas diversas según el interlocutor (una agenda con los europeos, otra con la OEA, otra con los estadounidenses, y otra con los interlocutores nacionales)", apuntó.

Auguró que el gobernante sandinista dividirá y sembrará desconfianza entre las organizaciones opositoras e instalará en la población desconcierto y desconfianza hacia liderazgos y fuerzas opositoras.

A juicio de Sáenz, que fue funcionario durante el primer régimen sandinista (1979-1990) y tilda de marrullero a Ortega, el éxito de la estrategia del Ejecutivo no depende de su voluntad, sino que los opositores y disidentes "estamos en la capacidad y en la obligación de forjar nuestra propia estrategia para salir al paso y neutralizar los designios del monarca".

Los fines estratégicos deben ser "el cambio del régimen político dictatorial, para establecer un marco de convivencia con justicia y democracia", y el cambio del régimen económico, "depredador, concentrador y excluyente, que Ortega logró imponer", anotó.

A corto plazo lograr la liberación de "prisioneros políticos" y la restitución de derechos y libertades ciudadanas.

Por tanto, conviene dar una oportunidad al "amago de diálogo", primero, "porque difícilmente podría imponerse un acuerdo a espaldas de los intereses del pueblo", sin condiciones para elecciones anticipadas, sin desmovilización de las fuerzas paramilitares, y un acuerdo sin justicia.

Nicaragua sufre una grave crisis que ha dejado 325 muertos desde abril, de acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aunque algunos grupos elevan a 561 las víctimas mortales, mientras que el régimen de Ortega solo reconoce 199 y denuncia un intento de golpe de Estado.

FUENTE: Con información de EFE

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