El primero de Mayo, Día Internacional del Trabajo, transcurrió en Argentinacon un paro de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), ollas populares y movilizaciones en los principales puntos de Buenos Aires en protesta por el Gobierno de Mauricio Macri.

La CATT inició este miércoles un cese de actividades que comenzó pasada la medianoche, una medida de fuerza que paraliza a la capital argentina en reclamo por el pago del impuesto a las Ganancias.

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En diferentes lugares de la provincia de Buenos Aires, movimientos sociales impulsaron las llamadas ollas populares, en las que ofrecieron alimento a cientos de personas.

A pesar de tratarse de un paro pasivo y sin movilización, algunas de estos movimientos sociales llamaron a una marcha popular, por lo que el centro urbano de la capital está afectado por cortes en las avenidas más destacadas.

Durante la tarde del miércoles están convocadas varias concentraciones estudiantiles y docentes, y en la sede de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT), la mayor central sindical del país, tiene previsto un acto al que esperan acuda la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que se encuentra de visita en Buenos Aires.

El pasado martes, los sindicatos argentinos más influyentes realizaron un paro general contra la política económica del Ejecutivo, que se saldó con 32 detenidos por ataques a autobuses y bancos de la ciudad.

Durante la manifestación del martes, los dirigentes más destacados pidieron el cese del Gobierno de Macri y una vuelta del peronismo al poder en las elecciones de octubre próximo.

El paro provocó cancelaciones de prácticamente todos los vuelos nacionales e internacionales, el cierre del metro de Buenos Aires y la reducción de líneas de autobuses urbanos.

La huelga no estuvo avalada por la dirección de la CGT, algo que evidenció la división dentro de sus filas, en momentos de graves dificultades económicas en Argentina tras un año en recesión.

Las protestas van en aumento desde abril de 2018, cuando se produjo una abrupta caída del peso ante el dólar -que el Ejecutivo continúa sin controlar-, que, además de una sequía que afectó fuertemente a la producción agropecuaria, desencadenó el inicio de una crisis económica que afecta a todo el país.

La devaluación -de más de 50%- se trasladó a los precios comunes y elevó la inflación -los precios acumulan un alza del 11,8% en el primer trimestre del año- y por ende aumentaron los indicadores de pobreza, que en el segundo semestre de 2018 se ubicó en el 32% de la población.

Se suma también el avance de la prima de riesgo -que pasa el umbral de los 900 puntos por primera vez desde 2014-, por el descenso de la confianza de los inversores internacionales en el país.

El Gobierno de Macri atribuye esto al temor de los inversores a que vuelva el kirchnerismo al poder, a pesar de que la exmandataria Cristina Fernández (2007-2015) no ha confirmado todavía su candidatura para los próximos comicios.

FUENTE: EFE

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