LA HABANA.- Hacer un periodismo objetivo en Cuba es una abstracción. No puedes obtener datos ni estadísticas de las instituciones oficiales, pues no existe una oficina de información pública. Lo que en cualquier país del mundo es normal, conocer la agenda o itinerario del presidente, acreditarte en una conferencia de prensa de un ministro o participar en un evento determinado, es una misión imposible en la Isla.

Conocer el presupuesto del sigiloso monopolio empresarial militar GAESA o saber cuánto ha invertido en la construcción de hoteles de lujo es considerado secreto estatal. Incluso las remesas que envían a la Isla los que antes llamaban ‘gusanos’, porque ‘se fueron’, es información clasificada. Cuba es una mezcla de control policíaco, estado de bienestar fallido y un esquema de gobierno al estilo del poderoso buró político en la antigua Unión Soviética. ¿Es Cuba comunista? Los hechos indican que se apostó por la ideología de Marx para camuflar el caudillismo político y militar y las ansias de poder de Fidel Castro.

Te puede interesar

Con las piruetas ideológicas del régimen para sobrevivir se podría escribir una antología. En determinada etapa, después de la desaparición de la URSS, se autorizaron el catolicismo, la santería y otras corrientes religiosas a integrarse en la membresía del partido comunista, siempre y cuando expresaran lealtad al comandante.

Ahora mismo, un gobierno autoritario ejerce el peor capitalismo de Estado en Cuba. Conjugando anacrónicas instituciones de ordeno y mando, con economía planificada, bolsones de economía de mercado capitalista y un conglomerado empresarial militar que controla el 90 por ciento de la divisas que circulan en el país.

De cara a la galería internacional, la autocracia verde olivo quiere venderse como reformista y abierto al diálogo y las inversiones extranjeras. En el plano interno el relato es otro: temor a que los pequeños negocios familiares hagan mucho dinero, altos gravámenes para frenar el trabajo privado y un discurso seudo nacionalista que intenta apuntalar el culto a la personalidad del difunto Fidel Castro.

Aunque el estado de bienestar hace agua por todas partes, el régimen se aferra a su inmovilismo y proclama que es la solución de los acuciantes problemas que padecen los cubanos debido a la grave crisis económica y alarmante escasez de alimentos y de viviendas. En ese sistema improductivo la prensa oficial juega una función primordial.

Existe todo un entramado diseñado por el partido comunista para controlar a los medios y sus periodistas. El Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR), es la entidad que supervisa a la prensa y traslada a directores, subdirectores y jefes de redacción las orientaciones de la máxima dirigencia. Un esquema copiado de la era soviética y que funciona según los nexos y las conveniencias de los máximos dirigentes.

Las opiniones y criterios sobre la prensa internacional se clasifican en países amigos, enemigos o neutrales. De los países amigos (Rusia, Irán, Corea del Norte, Nicaragua, Venezuela, China, Vietnam o México), en los periódicos y noticieros televisivos usted no leerá ni verá en los una crítica a sus gobiernos e instituciones. Las condenas a las violaciones de derechos humanos, los artículos que destaquen el aumento de la pobreza, violencia policial, desempleo o crisis económica, se reservan para los países enemigos, principalmente Estados Unidos.

Es tal la cantidad de recursos humanos que se dedica al 'enemigo número uno de la revolución', que existen departamentos dedicados a Estados Unidos. El número de especialistas y periodistas expertos en esa nación supera con creces al de los académicos que debieran buscar soluciones al mal funcionamiento estructural de Cuba.

Tres son los periódicos de cobertura nacional: Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores. Los tres compiten por ver quién es el que más desinforma. El Granma es el órgano del Partido Comunista de Cuba (PCC), Juventud Rebelde de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y Trabajadores de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). Pero debiera publicase uno solo y ahorrar papel, porque tanto la UJC como la CTC están bajo el paraguas de mando del PCC. Puros libelos.

Las quince provincias cubanas y el municipio especial Isla de la Juventud tienen sus periódicos. Los dieciséis son más de lo mismo. Funcionan decenas de emisoras de radios nacionales, provinciales y municipales, diez canales nacionales de televisión y varios regionales. Se publican revistas que solo cambian el nombre, pero apenas varían el contenido.

Estudiar periodismo en Cuba es una carrera ideológica, controlada por el partido comunista. Los periodistas más irreverentes y con criterios propios se quedan sin empleo. Un periodista oficial cubano de alguna manera, es un amanuense. No puede escribir del tema que desee y el plumón rojo del censor le puede mutilar párrafos.

Ese desierto informativo intentaron ocuparlo a finales de la década de 1980 varios periodistas provenientes del oficialismo, como Indamiro Restano, Rolando Cartaya, Tania Díaz Castro y Rafael Solano, galardonado en 1988 con el Premio Rey de España de Periodismo. Sus artículos estaban enfocados hacia temas políticos. A mediados de los años 90 surgieron agencias de prensa independiente, entre ellas Cuba Press, la más profesional de todas, dirigida por Raúl Rivero y que fue la empezó a dar cobertura a temas sociales, a publicar historias sobre la prostitución, consumo de drogas, juego ilícito, entre otros problemas de la vida nacional que no aparecían en la prensa estatal.

Los testimonios de los que no tenían voz ampliaron el diapasón periodístico y relegó a un segundo plano el columnismo político. Además, era más asequible contar historias de jineteras, drogadictos, mendigos y familias que residían en viviendas en peligro de derrumbe, pues no se necesitaba de autorización para realizar las entrevistas, solo bastaba con la anuencia de la persona. Pero se seguía dificultando encontrar otros puntos de vistas, el necesario equilibrio periodístico, porque casi nunca los funcionarios estatales ofrecían sus impresiones a un comunicador independiente.

Con el paso del tiempo las cosas cambiaron. La visibilidad a través de internet y el reconocimiento internacional hacia la prensa independiente, ha sido de gran ayuda. Periodistas sin mordazas comenzaron a publicar en periódicos de grandes tiradas como El Mundo, El País, El Nuevo Herald, Diario de las Américas, The New York Times... Recientemente, Abraham Jiménez fue nombrado columnista en The Washington Post.

¿Qué es lo más complejo para hacer un periodismo de calidad en Cuba? Desde mi punto de vista, contar con buenas fuentes. Eso se logra con confianza y respeto al criterio político diferente. Muchos ciudadanos, incluso funcionarios estatales de rango medio, aprovechan sus relaciones de amistad con un periodista independiente para destapar casos de corrupción o aportar datos y estadísticas clasificadas. Como Cuba funciona al estilo de un Estado policial, los periodistas libres debemos cuidar y proteger a las fuentes.

A los periodistas novatos les doy consejos que más bien parecen un manual para espías. Enumero algunos. Tener tarjetas telefónicas que no estén a nombre del periodista ni de ningún familiar allegado. Cuando se pretende cubrir un evento de alto riesgo, como la convocatoria el 30 de junio a una manifestación pacífica para protestar por el asesinato a manos de un policía del joven Hansel Ernesto González Galiano y contra la violencia policial en Cuba, una de las primeras medidas de la Seguridad del Estado es cortar las línea telefónicas y deshabilitar internet de datos.

Para no quedarnos incomunicados, la solución es contar con más de una tarjeta SIM limpias, que permita comunicarse con las fuentes. Siempre usar vías seguras, no los SMS, llamadas telefónicas o el correo electrónico. Para que nuestros planes no se filtren, es primordial ser discretos, andar solos y no hablar de tus planes ante un grupo de personas. La policía política tiene infiltrada a gran parte de la disidencia y del periodismo independiente.

Para demostrar que no es una dictadura sangrienta, el castrismo alardea de que en Cuba jamás se ha asesinado a un periodista. Es cierto. Ni falta que le hace. Utilizan otros métodos. Asesinan tu reputación, tratan de degradarte socialmente. Acuden a descalificaciones e insultos, llamándote 'vende patria' y 'mercenario'. O te impiden salir del país. Ese acoso ha pasado factura a periodistas jóvenes y brillantes y por eso decidieron emigrar.

A otros, como Camila Acosta, Mónica Baró, Abraham Jiménez o Jorge Enrique Rodríguez les han recrudecido el hostigamiento. En el caso de Rodríguez, detenido desde el domingo 28 de junio, se desconocían las causas de su detención y probablemente lo lleven a juicio el martes 7 de julio.

Al arreciar la crisis económica y con la llegada de la pandemia del COVID-19, la Seguridad del Estado redobló la represión, aumentó las detenciones breves contra periodistas independientes así como los decomisos de equipos de trabajo. Hasta el 16 de junio, a 28 periodistas les habían aplicado el absurdo Decreto 370 o Ley del Azote y multados con 3.000 pesos, ocho veces el salario mínimo. Desde septiembre de 2019 se encuentra tras las rejas en una prisión de Guantánamo, el abogado y periodista Roberto Quiñones, de 63 años, acusado de "desobediencia" y "resistencia".

Cada vez es más difícil hacer un periodismo serio, objetivo y balanceado en Cuba. Pero no imposible. Algo se hace.

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

Aparecen en esta nota:

 

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

Es una buena opción para enlazar Miami con Miami Beach 27.78%
Es una decisión apresurada con varios puntos pendientes 22.1%
Será bien recibido como un medio de transporte sostenible y accesible para residentes y visitantes 31.19%
No debería acometerse. Sería malgastar fondos sin resolver el problema 18.93%
1231 votos

Las Más Leídas