sábado 13  de  julio 2024
CUBA

Por primera vez en décadas, el país se tiró a la calle

A dos años de las protestas, todavía pende la pregunta sobre el curso de la Historia: ¿es posible no imaginar una Cuba en transición después de un 11J que hubiera abierto las puertas a la democracia?
Por DARCY BORRERO BATISTA

MIAMI.- Parecía, dicen, otro domingo apacible en el verano de 2021 en el que los cubanos, como siempre, puertas adentro de sus casas, en ese lugar de conversaciones secretas que suele ser la cocina, se quejarían del calor, de la escasez permanente y de vivir en dictadura. Lo que no se podía predecir es que, por primera vez en décadas, iban a traspasar el umbral de la puerta para tomar la calle. Ni mucho menos que la acción se replicaría, de puerta en puerta, de barrio en barrio, de provincia en provincia. De punta a cabo del país. Como efecto dominó, las protestas se diseminaron desde la occidental San Antonio de los Baños, hasta localidades de la zona más oriental de Cuba, con un saldo de represión y detenciones que en cientos de casos se mantienen hasta hoy.

Desde ese día en que se hizo célebre la frase: “teníamos tanta hambre que nos comimos el miedo” o esta otra: “nos quitamos el ropaje del silencio”, los cubanos han hecho cotidianos en las avenidas, calles y plazas, los reclamos públicos que, por lo general, giran en torno a la escasez de alimentos, la suspensión de la electricidad, la dificultad de acceso a servicios médicos de calidad e insumos básicos, la inflación y la desigualdad, más la creciente frustración por la falta de libertades políticas y la represión del régimen que recurre a las detenciones violentas y otros patrones represivos.

Dos años después del estallido social del 11 de julio, ni siquiera las acusaciones por el delito de sedición y las correspondientes sanciones a años de privación de libertad han logrado persuadir del todo a quienes viven en la isla y siguen dando muestras de su descontento mediante la protesta pública.

Aunque ya no puede monopolizar el relato nacional, el régimen mantiene su práctica habitual de responder con violencia y restringir el acceso a Internet y las redes sociales para limitar la difusión de información sobre las protestas, que entre 2021 y 2023 dejan un registro de detenciones a 1860 personas: 782 continúan en prisión y 911 han sido juzgadas y/o sancionadas. Son cifras que aporta la organización Justicia 11J.

A dos años de las protestas, todavía pende la pregunta sobre el curso de la Historia: ¿es posible no imaginar una Cuba en transición después de un 11J que hubiera abierto las puertas a la democracia? ¿Por qué, si no, salieron a las calles los cubanos el 11J? Sin embargo, la Cuba deseada se quiebra cada vez que un policía mata de un disparo a un civil. El 12 de julio de 2021 fue Diubis Laurencio Tejeda, de 36 años, en La Habana; el 1 de julio de 2022 fue Zidan Batista, de 17 años, en Santa Clara; el miércoles 12 de abril de 2023, fue un ciudadano cuyo nombre no trascendió, en la ciudad de Caibarién. En todos los casos la Policía justifica que los disparos de sus efectivos fueron “en defensa propia”.

La protesta de Caimanera, en mayo último, resultó un atisbo de esperanza que nuevamente se desvaneció. Contra cientos de manifestantes, el régimen movilizó a las tropas especiales “Boinas Negras” para dar una respuesta represiva. Esta es una de las más de 30 protestas, entre colectivas e individuales en el espacio público o en prisiones, observada por el grupo de trabajo Justicia 11J en lo que va de año.

Estos gestos de defensa de derechos han provocado al menos 21 detenciones, 11 de corta duración y, en 10 casos, los afectados han sido privados de la libertad bajo proceso de investigación o medidas cautelares. Tres de las víctimas están siendo procesadas únicamente en relación con publicaciones en redes sociales en las que se hacían llamados a la protesta pública masiva: Sulmira Martínez (Salem), Jesús Guerra y Agustín López Canino.

De todos modos, las manifestaciones de descontento popular se han vuelto frecuentes en Cuba, donde si bien no era común canalizarlas por la vía de la protesta pública, sí hay antecedentes de desobediencia civil contra el gobierno.

Antecedentes

En 1980, un grupo de cubanos tomaron la Embajada de Perú en La Habana. La toma de la embajada duró 126 días, y durante ese tiempo más de 10,000 personas intentaron ingresar en la embajada para obtener asilo político. El gobierno cubano reaccionó bloqueando el acceso a la embajada y cortando los suministros de agua y electricidad.

Finalmente, el gobierno peruano permitió que los asilados abandonaran la embajada y viajaran al Perú, donde todavía permanecen algunos tras haber formado allí sus familias. Este fue uno de los eventos más destacados de la política internacional de la época.

En 1994, tuvo lugar un estallido social conocido como el Maleconazo, en el que miles de cubanos salieron a las calles de La Habana para protestar contra la falta de alimentos y medicinas, y la falta de libertades políticas. Había rumores de la existencia de embarcaciones que estaban atracadas en una zona del puerto de la capital. Cuando la policía los dispersó, hubo una fuerte reacción y comenzaron las protestas por toda la Avenida del Puerto, que alcanzaron el Malecón en la zona de Centro Habana.

En 2003, otras manifestaciones de descontento ciudadano fueron noticia y quedaron escritas en el relato público como Primavera Negra, en la que el régimen arrestó a decenas de disidentes políticos y periodistas independientes.

Asimismo, en 2018, hubo una serie de protestas contra el Decreto 349, que limitaba la libertad de expresión y de creación artística. Los artistas cubanos salieron a las calles para protestar contra esta medida y para pedir mayor libertad creativa.

Ya para 2020, se registraron varias protestas en Cuba contra la violencia policial y el racismo, así como tuvo lugar la histórica sentada de cientos de artistas e intelectuales frente al Ministerio de Cultura tras el allanamiento de la sede del contestatario Movimiento San Isidro.

Conmemoraciones

A pesar del saldo negativo de las protestas para un amplio sector de la sociedad que hoy engrosa las estadísticas de población penitenciaria, para muchos el 11J puede entenderse como el verdadero día de la rebeldía nacional y, como tal, se celebra. Los eventos de conmemoración tuvieron lugar en ciudades disímiles donde residen cubanos, fundamentalmente en Miami, urbe que acogió exposiciones, paneles, caravanas y actos cívicos en los espacios icónicos del exilio cubano como el restaurante Versailles. En un intercambio entre representantes del exilio e integrantes de organizaciones regionales y globales el martes 11 de julio en la sede de la Brigada 2506 en Miami, numerosas intervenciones contribuyeron a contextualizar el 11J en el ámbito nacional y también en el geopolítico.

Juan Alberto de la Nuez, quien lidera un movimiento ciudadano para acelerar transformaciones en Cuba con el objetivo de que “se instaure un verdadero estado de derecho”, contó sobre presos políticos (como Seifi Carmona Méndez, Gianny Betancourt Leiva) que, si bien exigían cambios libertad y vida digna, terminaron siendo juzgados ante tribunal militar y sancionados a 9 años de prisión por el delito de sedición en Cienfuegos.

La madre del preso Jesús Veliz Marcano contó de primera mano las vivencias de su hijo durante esta prolongada estancia en prisión: “Mi hijo mantiene sus ideas firmes de convertir a nuestro país en uno verdaderamente libre y próspero donde cada ciudadano pueda realizar su proyecto de vida. Desde mi sentir de madre, que es el de muchas, pido libertad para mi hijo y para todos los presos políticos. Necesitamos una Cuba libre”.

Asimismo, intervino el hermano de Loreto Hernández García (líder de Yorubas libres), cuya situación de salud se ha declarado "incompatible con el sistema carcelario". Mientras, Ana Belkis Ferrer, hermana del líder de la Unión Patriótica de Cuba, José Daniel Ferrer, dijo que este permaneció en el centro de torturas Versalles hasta que fue trasladado a prisión de máxima seguridad sin derecho a llamadas telefónicas ni visitas. Ana Belkis exige fe de vida de su hermano, declarado en huelga de hambre.

También, durante el evento se leyó una carta escrita por varias mujeres manifestantes del 11J en Guamajal. Tres de ellas son madres cuyos hijos las reclaman en casa.

Varios políticos demandaron al régimen de La Habana la inmediata excarcelación de los manifestantes del 11J que cumplen sanciones excesivas. El Secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, así lo expresó en su cuenta de Twitter: “A dos años de las históricas protestas del 11 de julio en Cuba, más de 700 personas siguen encarceladas por ejercer sus libertades de expresión y reunión pacífica. Compartimos el sueño democrático del pueblo cubano y llamamos a la liberación inmediata de todos los presos políticos”.

Asimismo, el Parlamento Europeo rechazó las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen Cuba contra la población civil que exige libertad y garantías democráticas mediante una resolución aprobada con 359 votos a favor, 226 en contra y 50 abstenciones que condenó además el “recurso a la tortura y los malos tratos por parte de las autoridades cubanas al tiempo que pidió “liberación inmediata e incondicional” de los detenidos por el ejercicio de sus derechos.

Las denuncias para sacar de prisión a todas estas personas presas por motivos políticos no solo pasan por la creencia de que salieron a las calles a hacer un uso efectivo del espacio público para manifestarse legítimamente, sino también por las condiciones de las cárceles cubanas y las huellas que dejan en quienes pasan por ellas, en particular los más de 200 que comparten la funesta circunstancia del presidio político pese a que sus padecimientos los ubican en lo más gris de un espectro de vulnerabilidad incluyen en esta categoría a los manifestantes diagnosticados con enfermedades crónicas, con padecimientos psiquiátricos o con discapacidad, así como personas LGBTIQ+ y VIH positivas, entre otros grupos.

A dos años de las protestas, todo sigue “igual” en el ámbito de la justicia. Probablemente peor. Ni siquiera se han visto resultados de la mediación religiosa: siguen siendo una incógnita las conversaciones de Díaz-Canel y el Papa en torno a este tema. La búsqueda de clemencia o amnistía, por parte del cardenal Beniamino Stella, emisario de la Iglesia Católica, hasta ahora no han tenido frutos, pero la ciudadanía sigue haciendo su parte, procura el acompañamiento a los presos del 11J y a sus familiares e insiste en exponer públicamente a quienes tienen, en medio del sistema penal, responsabilidades individuales por ser partícipes de condenas ejemplarizantes de largos años de privación de libertad.

@cabezamestiza

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar