La fábula la comenzó Alejandro Gil, ministro de Economía de Cuba, vendiendo la siguiente idea: las "mulas" se están llevando muchos dólares para comprar en el exterior y, para evitarlo, se abrirían unas poquísimas tiendas nuevas, solo para productos de media y alta gama, en MLC… No, que no, el MLC no era un nuevo CUC. ¡La batalla por la unificación monetaria era un logro de la Revolución! Con los beneficios de esas tiendas, dijo, importarían productos de primera necesidad para el mercado en moneda nacional, además, reanimarían la industria y el empleo porque ensamblarían muchas cosas en Cuba.

Tres años después, el cubano que logre que un familiar emigrado le envíe unos dólares (MLC), deberá sufrir una cola de anjá y aguantar el maltrato de una tendera irritada sin aire acondicionado si quiere comprar leche para su niño o un pulovito cheo a precio de boutique de Dubái. ¿Y quién se acuerda del mercado en moneda nacional o que jamás venderían allí los productos más básicos?

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Para los ideólogos del MLC —comenzando por Gil— la desregulación aduanera que se inicia el 15 de agosto es un bofetón que se da a si mismo un Gobierno que, abusando del hambre y las necesidades que provoca, prefirió hacer de "mula" antes que permitir libertad económica.

Por más que repitan, cansinamente, que solo consentirán importaciones sin fines comerciales, ellos saben, todos sabemos, que el 99% de lo que pase por la Aduana terminará en el mercado negro chamuscando lo que queda del negocio MLC.

La desregulación aduanera es el reconocimiento de la incapacidad de un Gobierno que, aun teniendo el monopolio del comercio exterior; accediendo a créditos alejados de los particulares; obteniendo rebajas por volumen de compra que los particulares ni sueñan; pudiendo importar partes y piezas para ensamblar y vender productos terminados; pudiendo dar servicio posventa; contratando fletes marítimos mucho más baratos que los aéreos que pagan las mulas y vendiendo abiertamente en locales legales, aun con todo eso es incapaz de mantener abastecidas las cada vez más caras tiendas MLC. ¿Y así quieren que creamos que las empresas estatales pueden ser eficientes?

¿Cuán mal estarán las finanzas castristas para que aflojen la presión en Aduana, con lo que eso significa para el negocio MLC? ¿Cuán inquietos les tienen las encuestas sobre malestar ciudadano? ¿Les estará preocupando la inflación?

Como mismo una persona tiene dos tipos de colesterol, desde el punto de vista del castrismo, en Cuba hay dos inflaciones. La inflación "mala" está en los crecientes precios del sector privado —legal o ilegal— que el Gobierno quiere que actúe por "conciencia" y no según el ánimo de lucro, pues parece que abusar de la escasez es una facultad reservada al Estado, que sí puede poner los precios que le salga de sus… cálculos.

Una alta inflación "mala" reduce el margen para abusar de la inflación "buena", la que causa el castrismo imprimiendo dinero inorgánico para mantener viva su ficción económica.

Muy probablemente, los genios del Ministerio de Economía concluyeron que, estando las cosas como están, es mejor que regresen las "mulas" —aunque se afecte el negocio MLC— con tal de aumentar la oferta de bienes y así reducir la inflación "mala", para que el Gobierno pueda seguir creando esa inflación "buena" que le da al castrismo un poder adquisitivo que no le pertenece.

¿Alguna vez sabremos cuán exasperado, asustado e indefenso está el castrismo hoy? La sonrisa cínica de la muy arrabalera ministra de Finanzas y Precios, encargada de anunciar el cambio en la Aduana, no es suficiente para esconder que el castrismo solo afloja el bloqueo interno cuando se está ahogando.

Recordemos que en 2020, tras más de un año de epidemia, sin comida a la vista y con mucha más gente de la que admiten oficialmente muriendo en hospitales colapsados, hubo que esperar a que el pueblo explotase pidiendo libertad el 11J para que el Gobierno, solo cinco días después, publicara la Gaceta Oficial No. 62 autorizando que se importase en el equipaje alimentos, aseo y medicinas sin límites de valor ni aranceles.

Los lamentos de un pueblo desesperado no fueron escuchados, el castrismo es cruel, pero los gritos de un pueblo iracundo sí fueron respondidos. El castrismo es cobarde, pero como también inteligente, esta vez está poniendo el parche antes de que salga la gotera, aunque eso le afecte el negocio MLC. ¿Sus informantes y colaboradores les estarán contando que la olla no aguanta más presión? ¿Es casualidad que la "bondad" aduanera llegue solo 24 horas antes de anunciarse apagones para La Habana?

En cualquier caso, ya es tarde. El sistema castrista está en muerte cerebral, respira solo por la inercia del terror y el control totalitario, pero hasta para una vida artificial se necesitan recursos y cada vez tienen menos. La noticia no es que ahora los cubanos podrán importar cinco en vez de dos celulares, sino que el castrismo está en pánico… tic… tac.

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¿La emigración interna en EEUU ha impulsado el aumento de precios? 30.76%
¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.71%
¿Las personas jubiladas deben recibir algún tipo de asistencia para poder enfrentar esos precios? 33.53%
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