POR EMILIO ORTEGA
Especial

La Habana salió de su ritmo aletargado e infeliz cuando la noticia saltó de la Mesa Redonda de la Televisión Cubana a las necesitadas mesas hogareñas: se suicidó "Fidelito", el hijo mayor de Fidel Castro.

Las expresiones, como siempre, fueron de la sorpresa y el estupor a la confusión y la incredulidad. Y, como siempre también, saltaron las dudas. ¿Cómo es posible que un hombre con tan elevado nivel académico y de relaciones haya optado por esa irreflexiva alternativa?

Según la escueta nota oficial leída de carretilla –y sin comentarios– por Arleen Rodríguez, la conductora del indigestante programa, “el Doctor en Ciencias Fidel Ángel Castro Díaz-Balart, quien venía siendo atendido por un grupo de médicos desde hace varios meses con motivo de un estado depresivo profundo, atentó contra su vida en la mañana de hoy primero de febrero”.

Escuchamos bien: Doctor en Ciencias Físico Matemáticas y Física Nuclear, con estudios de postgraduado en naciones de Europa, autor de varios ensayos sobre su especialidad, jefe de la Secretaría de Asuntos Nucleares, asesor científico del Consejo de Estado y Vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC). ¿A quién no conocía Fidelito y quién no lo conocía?

A pesar de haber cumplido con el riguroso estatus impuesto por su padre en materia de poca vida pública y mucha de convento, el primogénito de Fidel Castro se movía con holgura y destreza entre la llamada “superestructura” o “nomenclatura” de la sociedad cubana.

De ahí que la liebre saltara una vez más de una mesa a las otras, para convertir la perplejidad en inquietud ante la versión del suicidio, sobre todo por el reiterado y casi académico empleo de escasos recursos informativos que provocaron, al instante, la suspicacia, la desconfianza y la incredulidad.

“Como parte de su tratamiento requirió inicialmente un régimen de hospitalización y luego se mantuvo con seguimiento ambulatorio durante su reincorporación social”, dice el comunicado.

No es la primera vez que los cubanos –y no cubanos– terminan atrapados por la sospecha ante situaciones de este tipo. Ocurrió también el 29 de julio de 1980, cuando la isla fue impactada de golpe y porrazo por la noticia de la muerte –por suicidio– de la esposa de Armando Hart Dávalos, la heroína Haydée Santamaría Cuadrado, igualmente inesperada.

Nunca se ha dicho la causa. Las versiones, como de costumbre, hicieron brotar el irrefrenable poder creativo y de fantasear del cubano. Unos dicen que padecía de esquizofrenia desde que le mostraron un ojo de su hermano Abel, a quien se lo habían sacado en un acto de barbarie sin parangón tras el ataque al cuartel Moncada de Santiago de Cuba, en julio de 1953. Otros sostienen que fue resultado de una depresión aguda por “problemas matrimoniales”.

Tan o más impactante fue la del expresidente Osvaldo Dorticós Torrado (1959-1976), quien se quitó la vida con un disparo el 23 de junio de 1983, cuando era ministro de Justicia, tras un supuesto enfrentamiento con el poderoso y temido Comandante Ramiro Valdés, exministro del Interior, o por haber caído igualmente en un caos depresivo por “una grave enfermedad” o por “la muerte de su esposa”. Tampoco sabemos la verdad hasta hoy porque no la han dicho.

Se trata ahora de un hombre con una notable actividad profesional, “dedicada por entero a las ciencias”, en la que “obtuvo relevantes reconocimientos nacionales e internacionales”, de acuerdo con el informe gubernamental.

¿Por qué el gobierno de su tío, el general Raúl Castro, toma aparente distancia del hecho y dice que “sus funerales serán organizados por decisión familiar”? Crecen las dudas como en la clásica versión bíblica de los panes y los peces.

¿Qué le habría provocado ese “estado depresivo profundo” a un hombre con apariencia de aplomado, juicioso, reflexivo y ecuánime? Que si el alcohol, la frustración, problemas con otros medios hermanos (hijos de Fidel Castro con Dalia Soto del Valle: Alexis, Alexander, Antonio, Alejandro y Ángel), un “choque de trenes” con su tío Raúl, su vida disipada de consentido… Tampoco sabemos. La nota no lo aclara.

En Cuba no faltan psiquiatras y psicólogos de puntería; algunos se codean con la crema y nata de su especialidad en América y el mundo. No debe haber sido por falta o ausencia de estos, aunque las necesidades económicas que afronta el país han obligado al gobierno a exportar decenas de miles de médicos y especialistas del sector Salud, a cambio de petróleo o de divisas frescas.

¿Será que tuvo ilusiones infundidas o inspiradas por su padre de ser algún día el relevo y la continuidad de la dinastía Castro, que ahora se le escapan como el agua entre los dedos ante la publicitada y casi inminente “salida” de Raúl y el ascenso de otros?

"Fidelito" fue visto en público durante los teatrales funerales de su padre, a fines de noviembre de 2016, y en un acto de la ACC, en agosto del 2017. En junio de 1992, fue destituido como jefe de la Secretaría de Asuntos Nucleares “por ineficiencia en el desempeño de sus funciones”, según acotó el propio Fidel Castro.

Deja tres hijos de su primer matrimonio con la rusa Natasha Smirnova (Mirta María, Fidel Antonio y José Raúl), de la que se divorció para seguidamente casarse con la cubana María Victoria Barreiro. Y nos deja también otro gigantesco signo de interrogación. ¿Por qué lo hiciste?

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