CARACAS.- Desde noviembre de este año, mediciones como las que realizan la firma de análisis de entorno económico Ecoanalítica y la Asamblea Nacional o Parlamento, para compensar la falta de cifras oficiales señalan que Venezuela ingresó al túnel de la hiperinflación.

La métrica más utilizada para definir este desequilibrio donde los precios aumentan vertiginosamente y la capacidad de compra del dinero se deshace como cubos de hielo es la que en 1956 estableció Philip Cagan: un país sufre hiperinflación cuando la inflación alcanza 50% en un mes y culmina cuando en un período de doce meses no ha habido otro mes de 50%.

Si bien podría pensarse que el entorno que genera la hiperinflación puede impulsar una transición política en Venezuela hacia una mayor democracia, un estudio elaborado por Miguel Ángel Santos y Douglas Barrios, investigadores del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, señala que no existe una asociación directa entre los casos de hiperinflación y las transiciones políticas.

Para relacionar la hiperinflación con los cambios políticos el estudio emplea el reconocido ranking de Polity que se basa en que todos los países tienen rasgos autoritarios y democráticos; por lo tanto, es posible construir un índice que integre estas dos características. Polity resta el puntaje de autoritarismo al de democracia y el resultado para cada país varía entre -10 (autocracia plena) y 10 (democracia plena).

Según explica Miguel Ángel Santos, desde 1950 ha habido 37 casos de países con hiperinflación, de acuerdo con la definición de Philip Cagan.

Al analizar qué había ocurrido tres años después de finalizada la hiperinflación, éstos fueron los resultados:

  • En el 65% de estos episodios no hubo una variación significativa hacia una mayor o menor democracia.

  • En 16% hubo una transición relevante hacia un mayor autoritarismo

  • En 5% un cambio en sentido negativo

  • En 5% un cambio menor a favor de la democracia

  • En 8% un giro importante a favor de la democracia
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Miguel Angel Santos, economista venezolano e investigador de la Universidad de Harvard.
Miguel Angel Santos, economista venezolano e investigador de la Universidad de Harvard.

“Esto nos dice que lo más probable es que la hiperinflación no genere un cambio significativo en los niveles de democratización del país que la sufra, y en los casos en que así ha ocurrido, es más probable que el cambio sea hacia un mayor autoritarismo. Tomemos en cuenta que del 8% que compone el grupo de tres países donde hubo un cambio importante hacia una mayor democracia solo Polonia experimentó una evolución fuerte y duradera, los otros dos son Nicaragua y el Congo”, dice Miguel Ángel Santos.

La duración

Un aspecto relevante es cuánto puede durar una hiperinflación. Miguel Ángel Santos explica que de los 37 episodios de hiperinflación analizados, en 23 casos el desequilibrio finalizó antes de cuatro meses, registrando un promedio de 1,7 meses.

“En este grupo de países la hiperinflación fue un evento coyuntural que ocurrió porque, por ejemplo, fue necesario un ajuste tras un período de controles de precios. En los 14 países restantes, donde la hiperinflación se extendió más de cuatro meses, el desequilibrio duró en promedio 23 meses”, añade Santos.

Al relacionar la explosión de la hiperinflación con las características del sistema político aflora que los casos de hiperinflación de larga duración ocurren en los países menos democráticos. De acuerdo con la clasificación de Polity Venezuela se ubica con cuatro puntos, lo que convierte al país en una “anocracia abierta”, es decir, un régimen que combina inestabilidad, ineficacia y una “mezcla incoherente de rasgos y prácticas autoritarias y democráticas”.

“Sin embargo, es de hacer notar que Venezuela tenía una calificación de -3 hasta que se produjo la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015. Ese año la calificación aumentó hasta 4. Este es el último ranking disponible de Polity, pero la usurpación repetida de las atribuciones de la Asamblea Nacional por parte del Tribunal Supremo y el deterioro institucional que ha habido desde entonces, señalan que es probable que la calificación retroceda nuevamente hasta -3”, explica Santos.

Solo empieza

Todo parece indicar que Venezuela se dirige hacia una hiperinflación de larga duración. Para gastar más allá de lo que le permite la recaudación de impuestos y el ingreso proveniente del petróleo, que representa 96% de las exportaciones, la administración de Nicolás Maduro se financia masivamente a través de la emisión de dinero y más recursos detrás de pocos bienes crea la fórmula ideal para el ascenso de los precios.

Miguel Ángel Santos indica que “para que se detenga la hiperinflación desde enero a diciembre de este año no debería haber otro mes con inflación superior a 50%. No hay nada que señale que esto pueda suceder, el gobierno se está financiando en una magnitud muy importante con la emisión de dinero. En octubre de 2017 el financiamiento monetario fue 79% del ingreso fiscal”.

Agrega que “esto se traduce en que detener la emisión de dinero abruptamente implica recortar el gasto público de una manera muy fuerte. Esa no puede ser la respuesta inmediata, sino un programa de reformas integral que devuelva la confianza en la moneda y más bien permita expandir el gasto”.

Reacción en cadena

Si bien los venezolanos ya se han empobrecido de una manera palpable, la hiperinflación apenas está en un nivel incipiente. Un termómetro esencial es lo que los economistas denominan la velocidad de circulación del dinero, es decir, cuántas veces en promedio una unidad de liquidez monetaria (bolívares en efectivo o depósitos bancarios) cambia de manos.

Este indicador es clave porque lo que aumenta la intensidad de la hiperinflación es que las personas pierden por completo la confianza en la moneda y buscan desprenderse cuanto antes del dinero. Miguel Ángel Santos explica que de acuerdo con sus estimaciones, la velocidad de circulación del dinero ha aumentado en Venezuela desde 7,5 en 2016 hasta más de 30 en 2017.

Todavía Venezuela está lejos de magnitudes observadas en países latinoamericanos que han sufrido hiperinflación. Por ejemplo, en Bolivia la velocidad de circulación del dinero alcanzó 61 durante el primer año de hiperinflación y 968 en el segundo año.

“La impresión de dinero para financiar el déficit genera inflación, pero para llegar a hiperinflación necesitas que esa impresión haga que la gente pierda por completo la confianza en la moneda y la circulación del dinero llegue a una velocidad de locos”, dice Miguel Ángel Santos.

De acuerdo con Ecoanalítica la inflación se ubicó en 2017 en 2.735% y este año su proyección contempla un salto hasta 7.800%, mientras que Barclays Capital tiene un estimado de 4.538%.

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