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@DesdeLahabana

LA HABANA.- Después de caminar 12 kilómetros, arrastrando un carretón con ristras de ajos y aguacates maduros, Kendry, un adolescente desgarbado, que dejó la escuela en noveno grado para ayudar económicamente a su familia, se para en la esquina de una céntrica avenida de La Habana para vender su mercancía. Cuando usted le pregunta qué opina sobre el nuevo Código de las Familias, que el domingo 25 de septiembre irá a referendo en Cuba, hace un gesto de desconcierto.

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“La pelea de los cubanos es ver qué les echan a los calderos. Está muy bien que los homosexuales se puedan casar. Mi familia se ha matado toda la vida trabajando y no tienen ni donde caerse muerto. No pienso votar el domingo”, confesó Kendry.

Para los cubanos, con los cuales hemos conversado, el debate no se enfoca en el respeto a los derechos de los homosexuales, discapacitados o ancianos.

Joel, barbero, piensa que “no se puede aprobar un código de familia en una nación donde no se respetan las diferencias políticas, se prohíben las manifestaciones contra el gobierno. Por cualquier cosa puedes ir a la cárcel y los servicios básicos e infraestructura pública están al nivel de Haití. Hay una contradicción muy grande. Leyes súper liberales versus una población que no tiene alimentos y sufre apagones de diez horas”, señaló.

Un segmento importante de la ciudadanía no está de acuerdo con la sustitución de la patria potestad de sus hijos por el de responsabilidad parental, el vientre de alquiler o la adopción de niños en parejas homosexuales.

Sentado debajo un framboyán en un parque de La Víbora, en La Habana, Erasmo, estudiante universitario, comentó: “Como dijo Máximo Gómez, esta gente (el régimen) o no llega o se pasa. Creo que la sociedad cubana, en su conjunto, no está preparada para aceptar que las parejas gay adopten niños ni que autoricen 'vientres solidarios'. Con la necesidad que hay en Cuba, esa opción pudiera convertirse en un negocio para muchas mujeres. Ese código lo veo como una cortina de humo. Lo que hay que acabar de aprobar es la economía de mercado, que ser rico no sea un delito y no ir preso por oponerse al gobierno”.

En las redes sociales, el referendo ha generado múltiples polémicas, unas a favor, otras en contra. Por olvido, desconocimiento o exprofeso, en medios estatales e independientes no se menciona que hace 47 años, el 8 de marzo de 1975, en Cuba comenzó a regir un Código de Familia (Ley No. 1289/1975).

Al existir desde 1975 un Código de Familia, a este lo denominaron ‘nuevo Código de las Familias’. Según juristas consultados, no se explica por qué después de haber sido aprobado y firmado el 22 de julio de 2022 por la élite gobernante y publicado en la Gaceta Oficial el 22 de agosto de 2022, sea sometido a referendo un documento jurídico que ya es una nueva ley, la número 156/2022.

Disidencia

La polémica también ha llegado a la disidencia. Hay disidentes, periodistas independientes y activistas de derechos humanos y del movimiento LGTB+ que consideran que aprobar el nuevo Código de las Familias no está reñido con su oposición al gobierno.

“Le hacemos un flaco favor al proyecto democrático que defendemos si solo por oponernos al régimen votamos NO al código de familia. Con sus incongruencias es un estatuto inclusivo. Por supuesto que hay otras prioridades ahora mismo, tanto políticas como económicas. Pero cualquier ley que respalde a las minorías o grupos que antaño fueron reprimidos y encarcelados se debe aprobar. Eso no tiene nada ver con exigirle al gobierno democracia y libertad de expresión. Esa es otra pelea que tenemos que dar”, afirmó Noel Fernández, activista.

Manuel Cuesta Morúa, líder opositor, cree que “en todo el (nuevo) Código (de Familia) se manifiesta la evidente contradicción entre la matriz totalitaria que le da origen y la naturaleza de los derechos. Lo que parece un avance en materia de derechos civiles identitarios, tiene su limitación en el comportamiento del régimen hacia los derechos civiles de los ciudadanos: ¿qué pasará, y ya está pasando, cuando matrimonios igualados quieran ejercer los derechos humanos? Ahora mismo, una persona trans se encuentra en prisión y no se le reconocen ya no solo los derechos políticos, sino los derechos de su identidad asumida".

Luego añadió: "Por otra parte, el problema es más profundo porque como los derechos no se quitan ni se dan, nos encontramos frente a un problema de un Estado ideológico definiendo la naturaleza de la familia en una sociedad plural, lo que es un peligro. Las familias son el resultado de la interacción social cultural, no una definición de Estado. En vez de alimentar una deliberación profunda entre la sociedad civil, se les ocurrió imponer un texto desde arriba como si fuera el resultado de toda la sociedad. Y la percepción resultante es inevitable: ayer no se podía ser homosexual por dictado desde arriba, hoy hay que serlo porque se dice desde arriba”.

Cuesta Morúa está convencido que “un proceso así debilita la convivencia entre y con quienes solo merece que se les reconozca su derecho sin más, porque los derechos no se plebiscitan. Bastaba una ley que progresivamente fuera reconociendo derechos al tiempo que se animara a una conversación social más tranquila sobre un tema fundamental en una sociedad que es conservadora en muchos aspectos”, concluyó.

Rolando Rodríguez Lobaina, reconocido opositor y director de la agencia audiovisual Palenque Visión, subrayó que “este nuevo código ha desatado una feroz campaña propagandística de la dictadura a su favor. Es un estatuto que ya aprobó la obediente Asamblea Nacional del Poder Popular, que siempre aprueba por unanimidad cualquier dictado del régimen, y que ahora, inexplicablemente, va a referendo a la población. Pero le guste o no a los cubanos, ya ese código está aprobado. Hay, desde luego, muchos puntos polémicos, como la responsabilidad parental, que sobre todo afecta a los disidentes y activistas, porque le permite al régimen despojarte de tus hijos si considera que su educación está alejada de los ‘principios socialistas’. Es una estrategia que antaño utilizó la dictadura para desarraigar a los hijos de sus familias con las escuelas en el campo, la participación de niños y adolescentes en actividades políticas y, en general, una educación intensamente doctrinaria”.

Para Carlos, sociólogo, el nuevo estatuto está marcado “por el amplio descontento popular. Muchos ciudadanos no aprueban que parejas homosexuales adopten niños, se manifiestan en contra de la maternidad subrogada o 'vientre de alquiler' y, sobre todo, de la responsabilidad parental. Otros lo ven con buenos ojos. Pero hay un punto de coincidencia: los dos grupos optan por el NO como un voto de castigo contra un gobierno ineficaz, que no ha sabido manejar la economía, ha propiciado la inflación y es incapaz de solucionar la grave crisis energética”.

En opinión del sociólogo habanero, "la gente sabe que si votan SI el régimen va a capitalizar el referendo a su favor. Comenzaría un nuevo espectáculo publicitario para reforzar la narrativa del apoyo masivo al gobierno. El sufragio es un ganar-ganar para las autoridades. Si pierden, quedan como un gobierno ‘democrático’ que respeta la decisión del pueblo, a pesar de que ya ese código fue aprobado por el parlamento. Si ganan, además de oxígeno político, venden la historia de una revolución que se renueva. El objetivo es volver a seducir a la nueva izquierda europea y latinoamericana que ven al modelo cubano como un sistema fosilizado y represivo”.

A pie de calle, los cubanos ven al nuevo Código de las Familias como una distracción. Su prioridad no es ir votar, sino llevar cada día un plato de comida a la mesa.

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