MIAMI.- “A los cabecillas de las FARC hay que capturarlos, estén donde estén”, afirmó la senadora colombiana Paloma Valencia, quien estuvo en Miami y habló, entre muchos otros temas, sobre el acuerdo de paz en su país, la necesidad de reformar el pacto logrado con las FARC y el regreso de una disidencia de ese grupo desmovilizado a la lucha armada, aparentemente protegido en suelo venezolano por la dictadura de Nicolás Maduro.

Valencia, quien milita en el Partido Centro Democrático, que dirige el expresidente Álvaro Uribe, del que también forma parte el actual presidente Iván Duque, se refirió al papel que ha jugado el régimen de Maduro, en el contexto de la paz en Colombia, y se mostró partidaria de capturar en Venezuela a los cabecillas de las FARC.

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¿Qué pasa con la paz en Colombia?

Como todos los problemas difíciles de solucionar, la paz no es un tema de voluntad. Uno no obtiene la paz simplemente porque quiere. Esto requiere una serie de condiciones institucionales y de largo plazo. Sin embargo, el país fue montado por el expresidente Juan Manuel Santos en la idea de que esto era una voluntad, y que si las dos partes expresaban una voluntad, Colombia iba a quedar en paz.

El primer error fue pensar que solo había dos partes. Colombia no solo tiene a las FARC, sino todo tipo de grupos ilegales, incluyendo carteles mexicanos, dedicados al negocio del narcotráfico, que hoy mueven gigantescas cantidades de dinero, más la minería criminal del oro que genera unos recursos exorbitantes, donde hay territorios que están dominados por esos grupos armados que repelen la entrada del Estado para poder preservar su negocio.

Luego viene la segunda parte, una idea de que a través de la representación política y la impunidad que se les estaba otorgando a estas personas de las FARC, Colombia iba a concretar la paz. Por supuesto, no fue así porque inmediatamente surgieron las nuevas violencias tanto del ELN, como otra “cosa” que se llama el Clan del Golfo, que es simplemente delincuencia común buscando negociar con el Estado para obtener los mismos beneficios. El tercer elemento, que yo llamaría el fracaso mayúsculo, es que el jefe negociador de las FARC decide abandonar el proceso. Iván Márquez y Jesús Santrich habían sido denunciados por Marlon Marín (sobrino de Márquez), quien está colaborando con la DEA, y que ha informado que ellos, después de haber firmado el acuerdo, seguían negociando con la droga. Entonces, Márquez, durante el Gobierno de Santos, decide no posesionarse como senador; Santrich es detenido durante el Gobierno de Juan Manuel Santos después de un gran despliegue de los “amigos” del “acuerdo de La Habana” y logran que las cortes liberen a Santrich. Siempre dijimos: si lo liberan, se va a fugar; son delincuentes, hay que extraditarlos a Estados Unidos, pero desafortunadamente pudo más la idea de que le convenía a Colombia liberarlo, para mostrar la buena fe, y esta quedó burlada porque se volaron y anunciaron lo que todos sabíamos; no que vuelven a las armas, sino que nunca las dejaron.

El acuerdo de paz existe y está amarrado a la Constitución. ¿Qué se debe hacer? ¿Tumbarlo, modificarlo?

Ha habido una gran testarudez en no aceptar que ese acuerdo tiene unas fallas estructurales muy grandes como, por ejemplo, no haber obligado a las FARC y a sus socios del narcotráfico a entregar las rutas del negocio y develar toda la información relevante del narcotráfico. Lo único que se hizo fue generar una política que va a impedir el combate del narcotráfico: que no se puede fumigar, que no se puede hacer erradicación forzosa [de los cultivos ilícitos], sino que todo tiene que ser concertado con las comunidades.

¿Las FARC entregaron todas sus armas?

Yo no creo. Las cifras de inteligencia militar hablaban de que había mucho más de 14.000 armas, porque había compras de fusiles que, se conoce, habían entrado por Ecuador, en una cantidad superior a los 4.000 o 5.000, y vemos que solo se entregaron alrededor de 7.000 armas. Evidentemente, aquí hubo una cantidad de mentiras desde el principio y una testarudez muy grande. Insisto, quienes estuvieron con el “Sí” [una consulta para decidir el futuro del acuerdo de paz], no permiten que quienes ganamos democráticamente el plebiscito con el “No”, exigiendo modificaciones a esos acuerdos, y elegimos a un presidente que representa las voces del “No” [Iván Duque], podamos hacer las modificaciones. Yo creo que están dejando al país en una especie de perplejidad al tener que incumplir lo que es incumplible y lo que es ridículo de cumplir. Colombia necesita poder hacerles ajustes a esos acuerdos.

¿Qué responsabilidad le cabe al expresidente Santos?

La responsabilidad que le cae al expresidente Santos no es solo moral. Él tiene una enorme responsabilidad frente a que su jefe negociador “del otro lado” [FARC] haya decidido seguir delinquiendo. Tiene una enorme responsabilidad en que durante su Gobierno se dispararan los cultivos ilícitos, que llegaron a 210.000 hectáreas de coca; que se inició una serie de asesinatos contra líderes sociales -cosas que ha logrado reducir y detener el presidente Duque-, pero, además, el expresidente Santos todavía le está debiendo al país las explicaciones sobre la financiación ilegal de su campaña por parte de Odebrecht, que hemos llamado el primer gran robo que se le hizo al uribismo cuando le arrebataron la presidencia a Óscar Iván Zuluaga, quien había ganado, sino es por el montaje que se le hace desde la agencia central de inteligencia, dominada por el Gobierno de Santos.

¿Cuál es el papel de Maduro en el tema de la paz en Colombia?

El usurpador, como el Gobierno de Cuba, fueron los principales artífices de esta negociación. Uno de los argumentos que yo les decía a los colombianos es que uno no puede creer que de Maduro y de Castro vaya a salir algo bueno para Colombia. Evidentemente, lo que salió fue este adefesio que hoy los colombianos tenemos que padecer. Maduro no solo sirvió para refugiar a los terroristas de las FARC e impedir que el presidente Uribe lograra capturarlos o eliminarlos en su momento, porque ya tenía el campamento las FARC durante el Gobierno de Chávez, en Venezuela; sino que ahora todas estas nuevas llamadas disidencias de las FARC, sobre todo la nueva, la de Márquez y Santrich, están asentadas en el territorio venezolano porque son parte de ese gran negocio en el que participa el Gobierno venezolano, muy pegado al tráfico de drogas con el Cartel de los Soles, en el que están muchos miembros del Ejército venezolano.

¿Se debe perseguir a Márquez, Santrich y demás cabecillas de las FARC estén donde estén?

Yo quiero respetar la decisión del presidente Duque, que teme mucho que haya un intento de Maduro de buscar cualquier pretexto para iniciar una confrontación bélica con Colombia. Es algo que a él le suena en su imaginación como un mecanismo bajo el cual podría reagruparse un sentimiento nacionalista. Yo, personalmente, creo que debieran capturarlos aún en el territorio venezolano con operativos muy limpios para ir, cogerlos y simplemente pasar la frontera.

¿Cómo sería esa operación?

Como se hizo con [el guerrillero Rodrigo] Granda, en un momento dado, que también estaba en Venezuela. Simplemente estaba perfectamente ubicado. Entraron, lo capturaron y se regresó nuevamente al territorio colombiano.

¿El video del anuncio del regreso de las FARC a la lucha armada fue grabado en Venezuela?

Lo que dicen es que está grabado en Venezuela y que incluso ya ellos habrían tomado un vuelo hacia Cuba, y que ya no estarían ni siquiera en Venezuela, según los últimos informes de inteligencia que hemos conocido en medios. Lo que es claro es que Venezuela y Cuba siguen actuando como unos regímenes que soportan el terrorismo y que siguen protegiendo los terroristas que asesinan colombianos.

¿Qué tareas cumplirían las FARC y el ELN en Venezuela?

No tengo mucha información, pero entiendo que esos grupos están muy cerca del Gobierno, que gozan de protección, que les han dado propiedades y tienen, además, fuerza pública venezolana para custodiarlos.

¿Cómo analiza el fenómeno de la migración venezolana?

Es una migración de unas proporciones muy grandes. Alemania se queja de la migración que han tenido que recibir del Medio Oriente, que ha sido de un millón de personas en un país que es una potencia económica. Colombia ya está, según las cifras oficiales, muy por encima de los dos millones. Es decir, esta es una crisis humanitaria de gigantescas proporciones y de un gran impacto, pero yo he venido insistiendo en que a los colombianos hay que darles un mensaje de paciencia, de solidaridad. Es un momento difícil para los venezolanos. Por supuesto, llegan a Colombia y no nos encuentran en unas condiciones tan holgadas, pero hay que insistirle a la ciudadanía en tener paciencia, generosidad de corazón, de recibirlos con todo lo que podamos, de compartir lo que hay porque Venezuela, cuando Colombia también tuvo épocas difíciles, fue muy generosa en recibir millones de colombianos que encontraron una manera de vivir allá.

Hay que llamar a la comunidad internacional, a los países vecinos, a todos los latinoamericanos a que nos solidaricemos. La situación de los venezolanos es francamente desesperanzada y desesperante. Es horrible ver las caminatas de los venezolanos recorriendo el país tratando de encontrar algún tipo de destino con sus niños al hombro, con sus enseres en maletas. Yo creo que ha faltado la solidaridad internacional en este tema.

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