jueves 2  de  abril 2026
ANÁLISIS

Sobre la paz y la estabilidad en la isla de Santo Domingo

La crisis histórica de Haití, Estado fallido y descartado, entra en su fase más peligrosa y envolvente, razón por la cual hacemos un llamado al pueblo dominicano a la unidad nacional

Por PELEGRÍN CASTILLO

INFORME DE SITUACIÓN DEL PAÍS (SITREP) - Declaración pública de Pelegrín Castillo Semán sobre la paz y la estabilidad en la isla de Santo Domingo

En condición de Presidente de Fuerza Nacional Progresista, y de Vicepresidente Político de la Unión de Partidos Latinoamericanos UPLA, consecuente con las posiciones históricas que ha mantenido nuestra organización política con respaldo de nuestros aliados en el continente, en esta coyuntura en extremo crítica que enfrenta la región Gran Caribe y la Isla de Santo Domingo, procedemos a formular varios planteamientos y reclamos.

1.

La crisis histórica de Haití, Estado fallido y descartado, entra en su fase más peligrosa y envolvente, razón por la cual hacemos un llamado al pueblo dominicano a la unidad nacional más allá de la lucha subalterna de los partidos e intereses sectoriales o corporativos. A estos fines resulta imperativo reiniciar la constitución de Juntas Patrióticas Dominicanas (JPD) en todo el territorio nacional y el exterior, con espíritu trinitario, restaurador y soberanista, para reforzar la capacidad de resistencia nacional en contra de los planes de imponernos la solución dominicana a los problemas de Haití.

Solo el pueblo dominicano unificado, consciente y movilizado podrá derrotar esa maldita confabulación contra su existencia y sus derechos inalienables, haciendo que sus poderes públicos respondan adecuadamente a las exigencias de la encrucijada histórica en la que nos encontramos.

Reiteramos, ante la terminación del mandato del Consejo de Transición Presidencial (CTP), sin que hubiera cumplido con su cometido, y la inminente acción militar de EE. UU. en Haití para prevenir el derrocamiento violento del primer ministro, el llamado urgente al Poder Ejecutivo y al Congreso Nacional, a declarar por los procedimientos constitucionales, el Estado de Excepción para la Defensa y el Estado de Excepción para la Emergencia en toda la región fronteriza.

2.

Las autoridades dominicanas y el liderazgo nacional, en general, no deben seguir actuando bajo la falsa premisa, evasiva, irresponsable, obtusa, de que la prolongada crisis haitiana es resultado de un proceso espontáneo e inevitable de los antagonismos inveterados, inherentes a la cultura e historia haitianas. Se trata en cambio de “un desorden muy organizado”, desde hace largo tiempo, de un trama sofisticada de alta inteligencia, que procura provocar un crimen internacional de agresión con “el ropaje de crisis humanitaria”, que forzaría a RD a abrir las fronteras para crear campamentos de refugiados en toda la región fronteriza, como se previó en el Plan de Contingencia de Flujos Masivos de Migrantes, elaborado con apoyos foráneos en el 2019 por el Instituto Nacional de Migración; o peor aún, a provocar una intervención humanitaria en toda la isla, ante la previsible reacción defensiva del pueblo dominicano.

Todos los grupos que están enfrentados en Haití coinciden, aunque con enfoques e intereses distintos, en un objetivo estratégico supremo: la solución a los problemas agudos de Haití pasa por involucrar a RD, su pueblo, su territorio, sus recursos y sus instituciones, en una especie de reconquista de las provincias rebeldes que se independizaron en 1844. De que la parte oriental de la Isla de Santo Domingo “es su espacio vital”, que le fue arrebatado por las potencias coloniales. Para eso han contado y cuentan tanto con poderosos aliados en el mundo, incluyendo el Crimen Organizado Transnacional, con una extensa legión “de tontos útiles”; y, sobre todo, con “el bando parricida y traidor” de los malos dominicanos, del que tanto nos advirtió Juan Pablo Duarte, que, por sus intereses particulares, “estarían dispuestos a liquidar la nación misma”.

3.

El asesinato por decapitación de cinco mujeres haitianas, hecho sin precedentes en décadas, cuyos cuerpos fueron lanzados al fronterizo río Macasías, no es un crimen terrible más de los que se están cometiendo “en la guerra civil de baja intensidad y alta criminalidad”, que se cocina a fuego lento y con mucho retorcimiento, premeditación y teatralidad, sino que al parecer se perpetró con objetivos más estratégicos.

Primero, evidenciar que existen organizaciones criminales de tráfico humano que operan entre las fronteras de Haití, República Dominicana y EE. UU./Puerto Rico, justo cuando los EE. UU. están tomando medidas para que la población haitiana no llegue a su territorio ni siquiera por vías legales, ya que Haití ha sido incluido en el grupo de estados más peligrosos para la seguridad nacional de esa gran potencia.

Después, para reforzar el argumento “del discurso humanitario” de que los haitianos que están en condiciones especiales dentro del programa TPS no deben ser deportados a Haití, ya que sus vidas corren alto peligro, argumento que será empleado también por organizaciones como Amnistía Internacional y organismos internacionales, para hacer el mismo reclamo a RD, precisamente cuando la presión del éxodo haitiano a todas luces se escalará.

4.

Finalmente, hacemos un llamado de atención a la Administración del Presidente Donald Trump, en especial al Secretario Marco Rubio, de que existe un alto riesgo de que sectores radicales en la Región Gran Caribe y poderosos actores extracontinentales y globales procuren convertir la isla de Santo Domingo en un atolladero de la nueva política de relaciones panamericanas que impulsa EE. UU.

Aunque apoyamos firmemente las iniciativas dirigidas a poner fin a los regímenes totalitarios, que han capturado y encanallado sus estados, como son los casos de Venezuela, Cuba y Nicaragua, que han sido poderosos obstáculos para la acción continental de estabilización en Haití, nos permitimos recordarle a las actuales autoridades norteamericanas que el problema más antiguo y complejo del Continente lo sigue planteando Haití, y que hay que ir más allá de eliminación de las bandas paramilitares para superar las crisis. Es en esa emblemática nación donde se puede demostrar fehacientemente tanto la desastrosa y maliciosa gestión del multilateralismo de la ONU y la OEA, como el desacertado y contraproducente abordaje que históricamente han hecho tanto los gobiernos de EE. UU. y Europa, así como también los fementidos aliados de Haití en América Latina.

Esa carga de fracasos se puede registrar especialmente a partir del liderazgo de las administraciones del Partido Demócrata, particularmente desde Bill Clinton. Sin embargo, no puede olvidarse tampoco que EE. UU. tiene una deuda histórica tanto o mayor que Francia, y que en ningún caso la misma se debe saldar a expensas del pueblo dominicano y sus derechos nacionales, como lo advirtió el senador republicano Charles Sumner en 1870. El entonces senador Marco Rubio en el 2024 le rindió un gran servicio al pueblo dominicano con su responsable denuncia acerca de las maquinaciones en su contra por parte de elementos radicales de la administración Biden, lo que fue ratificado recientemente por la embajadora Campos.

5.

Queremos resaltar que somos conscientes de que la acertada política de la administración Trump en el mundo, orientada a terminar guerras y conflictos, abre una ventana de oportunidad para que en el marco de una conferencia hemisférica pueda encontrarse una verdadera solución internacional a un problema internacional con implicaciones de seguridad nacional e internacional.

Para eso es necesario descartar definitivamente el absurdo compromiso con el fracasado esquema del Estado Mercado Insular Binacional, bajo hegemonía de República Dominicana. Los actuales líderes de EE. UU., en el escenario de guerra global híbrida que vivimos, no deben obviar en ningún caso los riesgos que representa para su seguridad nacional la existencia de estados fallidos y resentidos en su tercera frontera geopolítica, que es el Caribe antillano.

El presidente Trump y su equipo no deben olvidar que las playas de Haití son más bellas que las de Gaza, que Haití debe ser reconstruido mediante un Mini Marshall Plan, y que no se logrará mucho en materia de seguridad continental si se resuelven problemas remotos extracontinentales, mientras se olvidan los que están en su proximidad inmediata.

Pelegrín Castillo Semán, colaborador, MSI²

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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