MIAMI.- Venezuela es un estado donde las leyes varían de acuerdo con el momento, el lugar y los involucrados. No existe uniformidad en la aplicación de las normas, por lo que sus ciudadanos se han tenido que adaptar a vivir a discreción. Para el venezolano común, nada es normal.

Por la pandemia el régimen de Nicolás Maduro ha impuesto un sistema de “cuarentena” intercalada. Es decir, una semana es radical el enclaustramiento y la siguiente es flexible. Durante la primera no funcionan las oficinas del estado; está prohibido el libre tránsito en todo el territorio; no hay vuelos, ni privados, ni comerciales. Aunque sí, vuelos internacionales, pero son muy pocos. Los bancos solo reciben por cita, pero el número de personas que atienden es reducido.

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No se puede hacer casi nada, por lo que la mayoría se queda en casa donde internet no es una opción.

Para transitar se necesita un salvoconducto, que puede ser entregado por algún funcionario de la alcaldía, pero muchos desconocen los criterios para solicitarlo. Además, tener este permiso especial no es garantía de que se pueda transitar libremente, ya que si un funcionario detiene al portador tendrá la decisión final de respetar o no tal permiso. En los últimos meses las semanas radicales ya no han sido tan rígidas como en el inicio de la pandemia, pero este sistema intercalado de cuarentena afecta la actividad económica del país.

Durante las semanas flexibles las personas deben organizarse. Hacer todas las diligencias que tienen pendientes en las oficinas públicas, así como planificar viaje o alguna cita médica. En todas las instancias del estado hay horarios restringidos que limitan la realización de ciertos trámites.

Los establecimientos comerciales como restaurantes y tiendas minoristas deben acatar el funcionamiento intersemanal, pero si en una semana flexible reciben la visita de algún funcionario o cualquier miembro de las fuerzas de seguridad del estado, el dueño del local quedará a la discreción de la “autoridad” para seguir trabajando.

Cobrar en bolívares, pagar en dólares

La economía en Venezuela está dolarizada de forma no oficial. En la mayoría de los establecimientos comerciales no se acepta la moneda nacional, y los precios están colocados en dólares, por lo que quien tenga bolívares debe buscar la manera de canjearlos, aunque salga perdiendo en la transacción.

Los funcionarios públicos, los jubilados y pensionados cobran en bolívares, y mes a mes deben buscar quién se los reciba para poder obtener dólares y comprar los pocos insumos que pueden adquirir con lo que reciben. El sueldo de un maestro de escuela, o de un pensionado o jubilado no llegan ni a los 5 dólares mensuales. Un kilo de queso puede costar entre 5 a 8 dólares, dependiendo de la calidad.

Los pacientes de COVID-19 recluidos en hospitales públicos deben comprar sus medicinas e insumos, que tienen un costo equivalente a entre 80 a 100 dólares diarios, dependiendo de si en el centro de salud tienen algún medicamento en existencia.

La mayoría de los establecimientos reciben transferencias bancarias en dólares a través de las aplicaciones móviles como Reserve o Zelle, pero la mayoría de las transacciones comerciales al detalle se hacen en efectivo. Allí se presenta otra distorsión que debe ser sorteada: en ningún establecimiento dan el cambio de la compra en dólares, sino en bolívares. Lo que significa que las personas están obligadas a pagar en dólares, pero deben aceptar los bolívares. En caso de que el cliente no quiera aceptar la moneda nacional, es anotado en un libro y se le entrega una especia de “vale” que podrá utilizarlo cuando guste.

Algunos consumidores han denunciado que, en los locales propiedad de ciudadanos chinos en el centro del país, han establecido un sistema de pago con moneda china y/o con unos cartones plastificados que tienen un valor nominal, y van certificados con un sello. Al parecer los mismo pueden ser usados en varios establecimientos que hacen alianzas de la zona.

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Un venezolano solo tiene una oportunidad cada quince días de hacer trámites ante instituciones públicas.

Un venezolano solo tiene una oportunidad cada quince días de hacer trámites ante instituciones públicas.

Operación del régimen

Las oficinas públicas aplican el sistema de atención restringida según el número final de la cédula de identidad. Éste podría ser lunes para las cédulas que terminen en los números 0 y 9, martes las que terminen en 1 y 8 y así hasta el viernes para las que terminan en 4 y 5. La asignación de días y números varía en cada dependencia pública.

Para realizar un trámite en el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME) se requiere tiempo y paciencia. Como las oficinas públicas trabajan en las semanas flexibles, cada persona tiene solo una posibilidad, cada quince días, de realizar dichos trámites.

La demanda es tan alta que muchos optan por llegar en la medianoche o antes del amanecer en un intento desesperado por poder ser atendido. Una vez en la fila cualquier cosa puede ocurrir. El 7 de junio, por ejemplo, la oficina principal del SAIME informó a quienes llevaban más de 6 horas esperando, que ese día no había servicio, argumentando problemas técnicos. Tal fue la demanda de los usuarios, que el organismo se vio obligado a habilitar una taquilla del SAIME en el aeropuerto para atender los casos de permiso de viaje con doble nacionalidad y pasaporte vencido.

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Los venezolanos estacionan sus vehículos toda la noche en fila para poder echar al menos 30 litros de gasolina cada 15 días.

Los venezolanos estacionan sus vehículos toda la noche en fila para poder echar al menos 30 litros de gasolina cada 15 días.

Sin gasolina

La escasez de gasolina ya no se reporta como una noticia. En lugares como la Isla de Margarita, los conductores solo pueden poner 30 litros de gasolina cada quince días, de acuerdo con el número final de la Cédula de Identidad. Muchos optan por dejar los carros en las colas desde la noche anterior para regresar antes del amanecer. Las largas filas de vehículos son custodiadas por empleados voluntarios que reciben cualquier paga, desde dinero hasta productos comestibles.

En casi todas las estaciones de servicio, un empleado pasa cerca de las 7:30 de la mañana, revisa que el número de cédula de los conductores y les otorga un ticket para surtir de gasolina. El litro de gasolina lo cobran a $0.5.

Es la realidad de Venezuela se vive un día a la vez. No hay posibilidad para la planificación. Un día hay dificultad para compra comida, al día siguiente para las medicinas, en otro día no hay luz, o se cae el internet, pero la mayor dificultad se le presenta a aquellos que deben recibir el visto bueno de un funcionario, en cualquier instancia del gobierno, porque todo queda a la discreción de ese agente de la autoridad pública.

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