domingo 11  de  enero 2026
CRÓNICA

Venezolanos dentro del país viven una tensa calma y sentimientos encontrados

Los venezolanos pasan del optimismo a la frustración. Un señor dice que la situación “se arregla en dos días”. Otros viven con miedo tras operación de EEUU

Por Graciana Álvarez

CARACAS.- Desde la madrugada del sábado 3 de enero, cuando los venezolanos despertaron con el estruendo del bombardeo estadounidense que terminó con la captura del dictador Nicolás Maduro, los ciudadanos dentro del país viven en una forzada normalidad, una tensa calma y altibajos emocionales.

Las reacciones inmediatas pasaron de quienes pensaron que “habían llegado los gringos”, que se trataba de ejercicios militares de la Fuerza Armada Nacional (FAN) o, incluso, de un posible “autogolpe” del chavismo.

En medio del susto, el miedo y la ansiedad, la situación comenzó a aclararse un poco cuando el régimen emitió un comunicado en el que denunciaba ser objeto de una “gravísima agresión militar” estadounidense en instalaciones civiles y militares de Caracas, y los estados Miranda, Aragua, y La Guaira.

Más avanzada la madrugada, el presidente de EEUU, Donald Trump, anunció la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores.

Pocos fueron los venezolanos que pudieron dormir tras esta abrupta cadena de hechos. El sueño fue un poco más largo a partir del domingo 4 de enero, pero en la última semana, el descanso no ha estado exento de sobresaltos y de un estado de alerta permanente.

“Viví el estruendo de los aviones cuando el golpe de Estado de Hugo Chávez en 1992 y ese ruido y potencia me quedó grabado”, señala la maestra Roselind Pérez a DIARIO LAS AMÉRICAS. Aunque todos en su casa le decían que se calmara, no dejaba de hablar y pasearse por todas las teorías.

Su vivienda queda en avenida principal de La Carlota, a pocos kilómetros de la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda en Caracas, una de las instalaciones militares impactadas con la Operación Resolución Absoluta, donde participaron 200 hombres.

Entre los temores de Pérez resaltaban que fallara el suministro eléctrico y que no se restableciera el servicio de agua potable que, como es habitual, no le surtían desde el lunes 29 de diciembre (en su zona solo hay agua de viernes a lunes).

El agua llegó a media mañana del sábado. En los grupos de WhatsApp, el llamado siempre ha sido a mantener los teléfonos celulares cargados, comprar alimentos imperecederos y medicinas para los tratamientos de enfermedades crónicas.

43 horas sin electricidad

“Me desperté justo a las 2:00 de la madrugada porque se había ido la luz. Pero, yo me imagino que el primer sonido de la explosión me despertó, estaba todo oscuro”, relata la profesora universitaria Elena Rodríguez, quien vive en Los Rosales, cerca del complejo militar de Fuerte Tiuna.

En declaraciones a DIARIO LAS AMÉRICAS, Rodríguez relata que la cárcel del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en El Helicoide que tiene muchas luces en la cúpula, también estaba en penumbras.

“Dije: ‘Aquí hay algo raro. Pensé que era un apagón nacional y a los pocos minutos, como a las 2:10 de la mañana, comencé a escuchar sonidos de aviones”, señala.

Un vecino que tenía poca señal en el celular fue quien le dijo que se trataba de un bombardeo. La batería del teléfono de Elena se agotó y fue más tarde cuando supo un poco más de lo que ocurría por llamadas que recibió al teléfono residencial de amigos que viven en el exterior.

Tras la incursión estadounidense, la zona capitalina donde habita Rodríguez estuvo 43 horas sin electricidad. Cuando la situación se fue calmando, pudo cargar algo de la batería de su celular en una estación del Metro de Caracas.

“Aquí hay mucho susto, y como una sensación de que uno se siente como inmovilizado, como en pánico”, indica la profesora. Le tocó calmar a su hija de siete años, a quien en principio le dijo: “Está ocurriendo una situación inusual y no hay electricidad”.

Como la niña le escuchó hablar con unos vecinos, más adelante le señaló: “Hubo una situación con unas explosiones que parece que tiene que ver con el tema político, vamos a esperar a ver qué va a pasar”.

“Esto se arregla en dos días”

Caracas suele estar apacible en los primeros días del año y muchas empresas se van de vacaciones colectivas, pero la tensa calma luego del 3 de enero tiene un sabor diferente.

La gente va en el transporte público o en el Metro cuidándose de lo que habla, dado que pesa la amenaza del estado de conmoción exterior y la detención de quienes celebren la captura de Maduro. También está el temor hacia los colectivos armados que en estos días no solo merodean por el oeste de Caracas, también algunas zonas como Altamira o Boleíta.

Un señor dueño de una venta de variedades, le cuenta a DIARIO LAS AMÉRICAS que hay “mucho hermetismo” y que abrió su local porque necesita mantener a su familia. El 5 de enero comenzaron a funcionar los organismos públicos, los centros comerciales y hasta las salas de cine.

Ha habido colas en los supermercados y farmacias y en algunos sitios restringen la compra a cuatro artículos por serie: eso es palpable en el caso de la harina de maíz para las arepas y el café.

Los venezolanos pasan del optimismo a la frustración. Un señor de mediana edad comenta, en la cola de un supermercado, que la situación de Venezuela “se arregla en dos días” porque “todo es una negociación”. Su esposa pone cara de incredulidad.

Señalan que habían comprado boletos aéreos para viajar a la isla de Margarita el viernes 9 de enero, pero el paseo está en veremos. Los boletos le salieron a $160 por persona y los compraron un día antes de los bombardeos.

En el caso de José Martínez, joven internacionalista, sus emociones incluyeron rápidos análisis de la situación en el país. Se enteró de los hechos a las 5:30 de la mañana del 3 de enero, cuando tenía mensajes y llamadas perdidas en su celular.

“Lo primero que sentí fue confusión. Luego pensé en tres escenarios: invasión total, oleada de nuevos ataques y que la población saliera a la calle”, relata.

Martínez se preocupó sobre cómo hacer para mantener a su familia resguardada y con comida. “Tengo cuatro hijos, de ocho, seis, cuatro años y una recién nacida de un mes”, cuenta.

La primera compra que hizo tras los bombardeos le llevó cuatro horas. También se aseguró de llenar el tanque de gasolina de su vehículo.

“Vi mucha gente comprando cosas de forma exagerada. Llevaban hasta seis paquetes de papel higiénico. Es entendible el caso de los enlatados, pero 30 latas de atún me parecen demasiado”, afirma.

Concluye que estos días viven un clima de incertidumbre y tensión.

FUENTE: Con información del DIARIO LAS AMÉRICAS

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