CARACAS.- Venezuela cuenta con la mayor cantidad de reservas de petróleo probadas de todo el planeta -309.000 millones de barriles en 2021, lo que representa el 17, 5 % de todo el recurso a escala global- según datos de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). Sin embargo, los datos de su economía no guardan coherencia con la riqueza de su subsuelo.

El país sudamericano es también el que detenta actualmente la inflación más alta del globo, con 1.984 % interanual al pasado mes de julio. Asimismo, una encuesta desarrollada por tres prestigiosas universidades del país - la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2019-2020- arrojó que Venezuela es la nación más pobre y desigual de América Latina, con condiciones de pobreza y desnutrición equiparables a las de países centroamericanos, caribeños –como Haití- y africanos.

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Entre los indicadores aportados por la Encovi destacan que 96 % de los hogares presenta pobreza de ingreso; en el 54 % la pobreza es reciente y el 41 % presenta pobreza crónica. Además, solo 3 % de los hogares venezolanos no registra inseguridad alimentaria, mientras que 74% sufre inseguridad alimentaria moderada y severa. La caída del PIB en Venezuela, entre 2013 y 2019, fue de aproximadamente 70%.

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La pobreza avanza en Venezuela, pese a las promesas de Nicolás Maduro. (ARCHIVO)

La pobreza avanza en Venezuela, pese a las promesas de Nicolás Maduro. (ARCHIVO)

En cuanto a la esperanza de vida, la encuesta Encovi registró que la mortalidad infantil se ubica en 26 por cada 1.000 habitantes, lo que coloca este indicador en los niveles de 1985-1990 para Venezuela. Cada niño tiene una expectativa de vivir 3,5 años menos que los que nacieron la generación anterior.

Como se ve, el hecho de que Venezuela tenga un enorme potencial de hidrocarburos, no significa que sea un país rico.¿Cómo entender esto? Un análisis de la situación venezolana pasa por describir las condiciones de su petróleo. El crudo que se encuentra en el suelo venezolano es pesado, y por tanto, costoso de extraer y difícil de comercializar.

Sin embargo, en 1998, un año antes de que el exteniente coronel Hugo Chávez llegara al poder, prometiendo una revolución socialista para acabar con los problemas del país, la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) estaba en capacidad de producir unos 3,1 millones de barriles diarios. En contraste, hoy día, Venezuela produce apenas unos 500 mil barriles diarios, solo 100 mil más de lo que producía en la primera mitad del siglo XX.

El declive de la empresa tiene su causa en una serie de políticas gubernamentales que terminaron por mermar su capacidad y competitividad, que alcanzaban altos estándares internacionales en las décadas de los '80 y '90 y que la ubicaban como la segunda petrolera más importante del mundo, por delante de gigantes como ExxonMobil, BP o la Royal Dutch-Shell.

Caída de PDVSA

Una vez que Chávez asume la presidencia en 1999 comenzó a hacer fuertes críticas sobre la gestión y dirección de la empresa e hizo designaciones en la directiva bajo criterios que tenían más que ver con lo ideológico.

El 7 abril de 2002, en una alocución televisada, Chávez despidió a siete altos funcionarios de PDVSA (el anunció lo hizo como si estuviera en un juego de fútbol, sonando un pito y diciendo "offside") y amenazó con hacer lo mismo al resto de la gerencia mayor.

Una semana más tarde se producirían los hechos del 11 y 12 de abril de 2002 en los que Chávez dejó el poder durante 48 horas.

En diciembre de ese mismo año, los trabajadores de PDVSA declararon un paro petrolero, que se extendió hasta comienzos de febrero de 2003, con la intención de lograr la renuncia de Hugo Chávez. Sin embargo, Chávez siguió en Miraflores (Palacio de Gobierno) y en marzo de ese año despidió a 25.000 de los 35.000 empleados de la petrolera. Esa medida constituyó un hito en la historia reciente de la nación y de su industria petrolera, pues a partir de ese momento PDVSA dio un giro hacia la politización (el régimen comenzó a decir públicamente que la empresa era "roja rojita") y vino el paulatino declive de la producción y quiebra de la empresa.

PDVSA se convirtió en una constructora de casas, en repartidora de alimentos, en un instrumento de la política del gobierno y perdió su norte que es explotar el recurso y sacarle el mejor provecho", afirmó Luis Pachecho, investigador del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice (Houston, EEUU) y que fue director de Planificación Estratégica de PDVSA hasta 2003, reseñó BBC Mundo.

El experto señaló que otro de los efectos de la politización de PDVSA fue la llamada “petrodiplomacia”, mediante la cual Hugo Chávez forjó alianzas y compró lealtades internacionalmente vendiendo petróleo a precios preferenciales con el objetivo de asegurarse apoyos.

La corrupción también ayudó a la caída de la petrolera estatal venezolana. Chávez vinculó a PDVSA con sus programas sociales, lo que derivó en una corrupción a niveles nunca vistos, al punto que hay más de 50 exgerentes de la empresa incursos en corrupción, entre ellos Rafael Ramírez, quien fue ministro de Petróleo del régimen y presidente de PDVSA entre 2004 y 2013.

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Rafael Ramírez, ex ministro de energía de Venezuela y expresidente de Petróleos de Venezuela. Foto tomada el 11 de junio del 2014 en Viena.

Rafael Ramírez, ex ministro de energía de Venezuela y expresidente de Petróleos de Venezuela. Foto tomada el 11 de junio del 2014 en Viena.

Así las cosas, al día de hoy, PDVSA es una empresa en quiebra -fue declarada en default en 2017-, y aunque la infraestructura aún está allí se requieren inversiones mil millonarias y varios años para poder recuperarla.

“Sus campos convencionales no han sido mantenidos y están en declive, su producción está cayendo, no tenemos los recursos para incentivar una mayor producción en la Faja (del Orinoco)", lamentó el economista y profesor universitario especializado en petróleo, Carlos Mendoza Potellá, reseñó BBC Mundo, que afirmó que el actual estado de la empresa es “más que lamentable”.

La falta de inversiones y de mantenimiento, y la salida de personal calificado debido a los bajos salarios se encuentran entre las causas del declive de la producción, lo que a su vez ha ocasionado la perdida de mercados para las exportaciones petroleras, en un país donde el 96 % de las divisas que llegan a las arcas del Estado provienen del ingreso petrolero, que es usado para importar la mayoría de los bienes que se consumen internamente, entre ellos, la comida.

Las medidas económicas del “chavismo” hicieron mella en el aparato productivo del país, a través de las expropiaciones y las leyes altamente regulatorias, que ahuyentaron las inversiones en el sector privado y acabaron con la producción interna.

A principios de 2020, la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) arrojó que el país importa el 75 % de los alimentos que se consumen y reportó una disminución, de mínimos históricos, en la ingesta de nutrientes básicos en categorías como pollo, carne de res y huevos debido a su alto costo, reseñó bancaynegocios.com.

El régimen justifica la pérdida de capacidad de PDVSA y la crisis económica en acciones que según asegura vienen del exterior. Entre las razones esbozadas por Maduro y los dirigentes chavistas de su régimen siempre aparecen sabotajes, complots, planes conspirativos y las sanciones internacionales, luego que EEUU impusiera una serie de medidas a PDVSA con la intención de cortar las vías de financiamiento del régimen y debilitarlo.

Hiperinflación y dolarización

La merma en la producción petrolera, de la cual provienen el 96 % de los ingresos del país, aunado a las políticas económicas erradas, terminó llevando a Venezuela a un ciclo de hiperinflación en su economía que comenzó a final de 2017 y que ya lleva 44 meses, igualando a la segunda hiperinflación más larga de la historia, que fue la de Grecia, entre 1992 y 1994.

Esta hiperinflación destrozó el valor moneda local venezolana -el bolívar- e impulsó una dolarización de facto. En el pasado mes de julio, la inflación fue del 19 % y la acumulada del año alcanzó el 415,7 %, de acuerdo a datos de firmas privadas. Del lado de los consumidores, la cesta básica de alimentos para una familia de cinco personas ronda los $390, mientras que el sueldo mínimo de los trabajadores venezolanos no llega a los $2.

La pérdida del valor del bolívar es de tal magnitud que el dólar estadounidense comenzó a circular libremente a pesar de que el régimen de Nicolás Maduro jamás lo ha autorizado. En los negocios, es normal ver los precios de los productos expresados en bolívares y en dólares. En el sector de los servicios también los precios están expresados en la divisa norteamericana.

Sin embargo, los salarios de los trabajadores –tanto en el sector público como privado- son cancelados en bolívares. Esta situación ha causado que millones de venezolanos estén migrando de su país. Se calcula que unos 5 millones han salido de Venezuela en los últimos tres años y que para la primera mitad de 2022, esa cifra llegará a los siete millones, según cálculos de la ONU.

Dentro del país, se ha generado lo que se ha denominado coloquialmente como “una economía de bodegón”, en referencia a los comercios que han proliferado en las principales ciudades, los cuales expenden productos importados, que van desde los rubros de cuidado personal, perfumería, alimentos, enseres, víveres, licores, hasta exquisiteces, con precios en dólares.

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Una mujer hace compras en un supermercado de Caracas. Ya no hay escasez de productos en los supermercados de Venezuela, pero no todo el mundo puede pagar los precios que se cobran en un país con la inflación más alta del mundo y en el que la moneda local, el bolívar, ha perdido todo su valor en una economía cada vez más dolarizada.

Una mujer hace compras en un supermercado de Caracas. Ya no hay escasez de productos en los supermercados de Venezuela, pero no todo el mundo puede pagar los precios que se cobran en un país con la inflación más alta del mundo y en el que la moneda local, el bolívar, ha perdido todo su valor en una economía cada vez más dolarizada.

De esta manera, actualmente en Venezuela hay un sector de la población que tiene acceso a dólares, ya sea porque recibe remesas o porque trabaja de forma remota para empresas en el extranjero, que puede comprar en estos establecimientos; al tiempo que otro sector de la población, que no tiene como producir divisas y que es la mayoría, ve su alimentación disminuida y pasa penurias para conseguir y costear medicinas para enfermedades crónicas y altamente riesgosas, asi como para acceder a atención en salud.

¿Qué pasó con el boom petrolero?

La llegada de Chávez al poder coincidió con un ciclo de aumento de precios del petróleo, que llegaron entre 2010 y 2014 a promediar hasta más de $100 el barril. Esos precios hicieron que a Venezuela ingresaran unos $960.589 millones entre 1999 y 2014. El problema fue que la administración chavista no ahorró para el momento en que los precios bajaran y, por el contrario, se endeudó a niveles estratosféricos, mientras que aplicó medidas restrictivas como el control de cambio y los controles de precios, que incentivaron las importaciones. Además, con el endeudamiento, el chavismo financió sus programas sociales.

"Venezuela no usó el boom petrolero para ahorrar para la época de vacas flacas, sino para quintuplicar la deuda externa... Básicamente, el gobierno lo que hizo fue eliminar la capacidad de producción propia y ocultó temporalmente esa destrucción con gasto público e importaciones", dijo el economista venezolano Ricardo Hausmann, reseñó BBC Mundo.

Asimismo, la corrupción también fue el destino de los ingresos petroleros. En 2015, el gobierno de Andorra intervino la Banca Pública de Andorra, luego que se conocieran denuncias sobre el supuesto lavado de unos $2.000 millones provenientes de PDVSA, a través de empresas fantasma.

Igualmente, figuras del mismo "chavismo" han denunciado que de los ingresos que tuvo Venezuela por concepto de petróleo durante los años de los altos precios, se habrían malversado unos $300.000 millones.

FUENTE: BBC Mundo / BancayFinanzas / Encovi

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