Esta reflexión conecta con el trauma de toda una nación. Tras un breve y engañoso lapso de "excarcelación" el pasado domingo, su padre fue nuevamente secuestrado por horas para ser devuelto a su hogar bajo un asedio asfixiante. El caso de los Guanipa es la prueba de que en Venezuela la intimidad ha sido invadida y la libertad plena es un derecho revocado por el capricho del poder que hoy dirige la presidenta de facto Delcy Rodríguez luego de que el dictador Nicolás Maduro fuese depuesto y aprehendido por Estados Unidos
No cambia la esencia
"Es importante siempre resaltar y siempre decirlo con todas sus letras, nosotros estamos en una dictadura. Es decir, eso no ha cambiado", afirma Ramón con una contundencia que desafía el miedo sistémico. Para él, aunque hayan cambiado los protagonistas o los actores principales, la esencia represiva permanece intacta. Incluso con la presencia de nuevos aliados internacionales y el rol del gobierno de Estados Unidos, la estructura interna sigue operando bajo la lógica del daño.
"Esta gente sigue haciendo daño con el poco poder que tienen, con el poco margen que tienen, controlando las narrativas".
El domingo 8 de febrero, Juan Pablo Guanipa fue liberado en la mañana. Dedicó sus primeras horas de libertad a lo que dicta su conciencia: recorrer los centros de reclusión para apoyar a los familiares de otros presos políticos que esperaban noticias. Sin embargo, esa misma noche fue secuestrado nuevamente. El régimen alegó una supuesta violación de medidas, algo que su hijo desmiente categóricamente.
"A mi padre se lo llevan, supuestamente, por una revocatoria de una medida que él violó, y en la propia boleta de excarcelación sale cuáles son las medidas, y no violó ninguna".
El resultado de este movimiento es una pérdida neta de derechos. "Hoy por hoy tiene menos libertad que el domingo", explica Ramón. Si antes tenía prohibición de salida del país y régimen de presentación, hoy está confinado a cuatro paredes, custodiado por funcionarios y monitoreado por cámaras que apuntan directamente a su núcleo familiar.
Hogar invadido
La situación en la residencia Guanipa es el vivo ejemplo de cómo la dictadura traslada la cárcel al entorno privado. No se trata solo del dirigente; se trata de sus hijos, de sus hermanos y de sus vecinos. Ramón describe una convivencia forzada con el aparato represivo.
"Es una situación de la que no te puedes escapar, no te puedes escabullir, es decir, los funcionarios están aquí en la casa. Están en el estacionamiento... cada vez que salgas o entres, lo vas a ver".
El asedio administrativo es igual de asfixiante. Cualquier visita, incluso los amigos de sus hermanos menores, debe pasar por un registro. "Si viene mi tío, por ejemplo, tiene que firmar el que está entrando y saliendo, es decir, hay un protocolo que es incómodo, por decir lo menos". Pero lo que más duele no es la logística, sino la profunda injusticia que la sustenta.
"Es incómodo por una muy sencilla razón, porque es injusto. Los presos políticos son todos inocentes, por eso son presos políticos".
Ramón relata con crudeza las restricciones impuestas a su padre dentro de su propio hogar. No es una estancia tranquila; es un confinamiento estricto.
"Tiene un grillete en el pie... tiene prohibido salir al patio de la casa, se lo dijeron los funcionarios, no puede estar cerca de la puerta de la salida, ni para dentro de la casa. Entonces, de alguna manera, no hay una libertad".
"País por Cárcel"
La visión de Ramón Guanipa se expande desde su sala hasta las fronteras de Venezuela. Él identifica que el grillete que lleva su padre es, simbólicamente, el mismo que lleva el ciudadano común que intenta sobrevivir en las calles.
"El venezolano que camina por las calles hace su vida, trabaja y lo que sea, pero debe tener cuidado de lo que tuitea, debe tener cuidado de lo que postea en Instagram, debe tener cuidado de lo que tiene en el grupo de WhatsApp por si hay una alcabala que revisan algo y no les gusta".
Esta es la definición de "país por cárcel". En Venezuela, el ejercicio de la opinión se ha convertido en una actividad de alto riesgo. El régimen tiene como herramienta la llamada “ley contra el odio”, que más allá de buscar justicia, según juristas, es un mecanismo interpretativo para poder oprimir al pueblo. Como lo señaló desde 2019 el abogado Alberto Blanco Uribe.
En la coyuntura actual, Ramón compara esta realidad con la libertad en otros países, como Estados Unidos, donde criticar al poder no conlleva represalias, resaltando el abismo moral en el que se encuentra hundido su país.
Reina la incertidumbre
A pesar de las promesas de figuras del régimen como Jorge Rodríguez, quien hablaba de "pedir perdón y perdonar" y de liberar a todos los presos políticos para el viernes 13 de febrero, la incertidumbre reina. "¿Quiere decir que el viernes van a salir ochocientos, novecientos presos políticos que faltan? Es una gran pregunta", cuestiona Ramón.
Para él, la agenda del país no puede avanzar si se ignora el dolor de las mazmorras. "Tú no puedes hacer país con presos. No es excluyente la agenda energética, la agenda financiera, la agenda petrolera... tú no puedes pensar en que estamos democratizando el país y sigo teniendo gente en las mazmorras del régimen".
La lucha en la que se ha sumado Ramón Guanipa, recordando que no es activista político, ha unido liderazgos como el de María Corina Machado y a ciudadanos de a pie, porque el drama de los presos políticos —incluyendo policías, militares y civiles— es "el pedazo más grande de la torta para el venezolano".
El costo de la dignidad
El hijo de Juan Pablo Guanipa, Ramón, a pesar de su juventud y de no ser un dirigente político de oficio, ha asumido esta lucha por amor a su padre y por respeto a su país. Su postura ante el miedo es una lección de civismo y lo hace en pro de la democracia que se ha ausentado en Venezuela desde hace casi tres décadas, y como millones de venezolanos, espera que pronto se restituya a plenitud.
"Yo prefiero ir preso por decir la verdad... Yo prefiero ir preso por eso que por un post que puse en Instagram o en Twitter, y era un chiste o era un meme".
Al final, lo que está en juego en Venezuela, según sus palabras, es algo mucho más profundo que un cambio de gobierno; es la recuperación de la dignidad humana.
"A mi padre lo metieron preso, pero muchos de ellos son presos torturados. Mi padre, gracias a Dios, no fue torturado... pero la conversación es que no debería haber ni un solo preso de conciencia, la conversación es que no deberían tocarles un pelo".
La batalla que se libra es por el derecho a vivir sin miedo.
"El respeto a la dignidad humana es lo que nosotros nos estamos jugando. Porque en un país en el que tú puedas hablar y transitar sin tener miedo, ese sí es un país en el que yo quiero vivir".
Mientras tanto, la casa de los Guanipa, como el resto de Venezuela, espera el día en que las puertas se abran sin necesidad de permisos, registros ni silencios forzados.
En tanto la ilusión se mantiene y Ramón Guanipa, con un puñado más dentro de Venezuela se atreven a alzar la voz, desde el exterior el apoyo moral se manifiesta.
El senador republicano Rick Scott denunció a través de sus redes sociales que la excarcelación de Juan Pablo Guanipa y de otros dirigentes opositores bajo ciertas restricciones o mediante arresto domiciliario no puede considerarse una libertad real.
Scott fue enfático en su crítica y señaló a Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello de no ser genuinos y decidió dejar un mensaje:
“La llamada “liberación” de Juan Pablo Guanipa y otros presos políticos, bajo las condiciones del régimen o arresto domiciliario NO es libertad real. Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello están demostrando que son incapaces de una cooperación genuina. Uno pensaría que ya habrían aprendido que @POTUS (Donald Trump) y @SecRubio (Marco Rubio) no están jugando. Estados Unidos está observando de cerca”.