MIAMI— Las enfermedades cardiovasculares se encuentran entre las causas desencadenantes que más muertes causan anualmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En la llamada “tercera juventud”, cuando el organismo suma años de desgaste, es importante seguir las recomendaciones de salud para prevenir problemas del corazón.

Pero ¿qué entendemos por enfermedad cardiovascular? Como reporta la propia OMS, consisten en un grupo de desórdenes de los vasos sanguíneos y del corazón. 17.9 millones de personas mueren cada día de enfermedades cardiovasculares, lo que representa un 32% de las muertes anuales en todo el mundo. Algunas de las principales patologías identificadas por la OMS son la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad de la arteria coronaria o la enfermedad del corazón reumático.

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Puesto que entre los factores desencadenantes de las enfermedades se encuentra una combinación de predisposición genética y malos hábitos, es primordial identificar a aquellas personas expuestas a un mayor riesgo y proporcionarles las medicaciones y la atención primaria que pueda salvarles la vida. Pero entre este conjunto de medidas preventivas también se deben aplicar aquellas capaces de reducir el nivel de riesgo con el que una persona se encuentra expuesta a las enfermedades cardiovasculares.

El corazón y los inevitables. Qué podemos hacer

Los factores cardíacos que uno no es capaz de cambiar son los siguientes. La edad: a partir de 55 años en mujeres y 45 en hombres el riesgo de padecer enfermedades cardíacas se multiplica. El sexo es otro factor de riesgo que no podemos alterar, y que incide diferencialmente en el sexo masculino.

Por otra parte, la raza y etnia, es decir, la composición genética, nos predispone o protege a padecer estas enfermedades. Así mismo, a un nivel más individual, la historia familiar, la presencia de enfermedades de este tipo en la familia, debe ser tenida en cuenta.

No obstante, hay un gran número de acciones que se pueden tomar para reducir la exposición individual a sufrir una enfermedad cardiovascular.

Obtener la cantidad y calidad necesaria de sueño. Unos hábitos de sueño inadecuados son responsables de elevar factores como la presión sanguínea, favorecer la obesidad o la diabetes, también relacionados con una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares.

La mayoría de los adultos necesitan un promedio de 7-9 horas de sueño al día. Y en las edades avanzadas, conciliar el sueño puede ser un reto. Por esto es importante estar en contacto con el médico de cabecera para afrontar el esquema de sueño de una forma que se obtenga el tan necesitado descanso.

Además, la presión sanguínea favorece las enfermedades cardiovasculares. En particular la alta presión. Es recomendable chequear con frecuencia la presión sanguínea, más de una vez al año para los grupos de riesgo como la tercera edad. Y en el caso de padecer unos niveles crónicos elevados de presión sanguínea, diseñar con un experto en salud un plan para mantenerla bajo control.

El peso es otro factor que afecta al desarrollo de enfermedades. La obesidad, e incluso el sobrepeso, aumenta la propensión a las enfermedades arteriales y cardíacas. Mantenerse dentro del peso recomendado según la edad, sexo y altura, es una forma segura de mantener alejadas esas amenazas a nuestra salud.

Como parte de mantener un peso adecuado, está el de mantener una dieta equilibrada. Y aunque este esfuerzo de voluntad no es sencillo, es seguramente uno de los factores que podemos controlar con más facilidad para prevenir enfermedades cardíacas. Limitar la cantidad de grasas saturadas, las comidas altas en sodio y los azúcares industriales, mientras que se consumen suficientes frutas y verduras, así como cereales y legumbres, mantendrá el colesterol y la presión arterial controlada.

La otra cara de la moneda para mantenerse en un peso adecuado es el ejercicio. Hay una gran cantidad de programas de ejercicios adecuados para la tercera edad. Lo que importa, según los expertos, es favorecer un estilo de vida activo, que haga saber a nuestro cuerpo que aún se encuentra en uso.

Al cuidar la dieta, el colesterol y los triglicéridos elevados serán una preocupación menor. Aunque aún se puede conservar una facilidad heredada para tenerlos elevados. Por tanto, siempre se debe consultar con un especialista, que informará de las medicaciones para controlar los niveles de colesterol y triglicéridos.

Alcohol y tabaco nunca han sido favorables para la salud. Pero si hay un grupo de condiciones en las que causan un daño especialmente profundo es en las enfermedades cardiovasculares. Por tanto, es aconsejable reducir la ingestión de alcohol y eliminar por completo el tabaco.

Y por último, uno de los elementos que más dañan nuestros corazones, y que más nos cuesta controlar, pero que solo nosotros podemos administrar, es el estrés. Este eleva la presión sanguínea, desencadena ataques cardíacos y nos afecta en modos psicológicos que son difíciles de predecir.

Para combatir a este enemigo invisible, el ejercicio, una dieta equilibrada, una agenda de sueño apropiada y la meditación serán herramientas de las que uno podrá sacar provecho.

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