viernes 20  de  febrero 2026
ESTADÍSTICAS

En la lucha contra el cáncer de mama, los datos importan

Las tasas de mortalidad han disminuido un 44% desde 1989 gracias a los diagnósticos tempranos y mejores tratamientos

Diario las Américas | GRETHEL DELGADO
Por GRETHEL DELGADO

Según la American Cancer Society, cerca del 30% de los nuevos diagnósticos oncológicos femeninos en EEUU son de cáncer de mama. Para este año 2025, se prevé un total de 316.950 casos invasivos, 59.080 de carcinoma ductal in situ y 42.170 muertes. Aunque la mediana de edad al diagnóstico es 62 años (con un riesgo de por vida de 1 en 8), la incidencia crece 1% anual (1.4% en menores de 50), impulsada por factores como exceso de peso y maternidad tardía o ausente.

Las tasas de mortalidad de este tipo de cáncer, segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, han disminuido un 44% desde 1989 gracias a los diagnósticos tempranos y mejores tratamientos. En hombres, la enfermedad representa menos del 1% de todos los cánceres de mama. En la actualidad, más de 4 millones de sobrevivientes en el país evidencian avances gracias a los tratamientos, sin perder de vista los desafíos.

En estadísticas más concretas, recogidas por Breastcancer.org, vemos que las brechas por raza y etnia son persistentes. Las mujeres negras tienen la mayor mortalidad, pese a una incidencia 5% menor que la de las blancas, y un 38% más de riesgo de morir por la enfermedad. Las mujeres indígenas americanas/nativas de Alaska registran 10% menos de incidencia que las blancas, pero 6% más de riesgo de muerte. Asimismo, en este grupo las tasas de mortalidad no han descendido desde la década de 1990, a diferencia de otros grupos. Las mujeres judías asquenazíes presentan mayor riesgo por la más alta prevalencia de mutaciones BRCA. En varones, los hombres negros exhiben la incidencia y la mortalidad más elevadas.

En cuanto a tendencias, la incidencia subió entre 1980 y 2000, cayó a inicios de los 2000 y volvió a aumentar 1% anual (2012–2021), con incrementos más marcados en menores de 50, hispanas y asiáticas/isleñas del Pacífico. Investigadores vinculan parte de este repunte a una menor actividad física, más consumo de alcohol y menos hijos.

Los factores de riesgo

En datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), el cáncer de mama se debe a una serie de factores. Ahora, los dos puntos determinantes son el hecho de ser mujer y el envejecimiento, porque es a partir de los 50 años de edad que se diagnostican la mayoría de los casos.

No obstante, tener factores de riesgo no significa que una mujer vaya a desarrollar la enfermedad, y muchas con algún factor nunca la padecen. Por eso, los especialistas insisten en hablar con el médico sobre cómo reducir el riesgo y sobre el tamizaje adecuado.

Entre los factores no modificables destacan: edad (riesgo creciente con los años); mutaciones hereditarias en BRCA1/BRCA2 (asocian mayor riesgo de cáncer de mama y de ovario); historia reproductiva con menarquia antes de los 12 y menopausia después de los 55 (más exposición hormonal); mamas densas (dificultan ver tumores en la mamografía y elevan el riesgo); antecedentes personales de cáncer de mama o de lesiones benignas de alto riesgo (por ejemplo, hiperplasia ductal atípica, carcinoma lobulillar in situ); antecedentes familiares de mama u ovario (especialmente en parientes de primer grado o en casos a edad temprana); radioterapia torácica antes de los 30 (por ejemplo, para linfoma de Hodgkin); y exposición histórica al dietilestilbestrol (DES) en embarazos entre 1940 y 1971.

En cuanto a factores modificables, la evidencia vincula mayor riesgo con inactividad física, sobrepeso u obesidad tras la menopausia, consumo de alcohol (el riesgo aumenta con la cantidad), ciertos anticonceptivos orales y la terapia hormonal combinada (estrógeno y progesterona) usada más de 5 años en la menopausia. También influyen una primera gestación después de los 30, no amamantar o no tener embarazo a término. Otras variables en estudio que podrían incrementar el riesgo incluyen tabaquismo, exposición a sustancias carcinógenas y trabajo nocturno (alteraciones hormonales circadianas).

¿Quiénes están en alto riesgo? Quienes tienen mutaciones BRCA1/BRCA2 o una historia familiar fuerte. En estos casos, conviene discutir con el médico estrategias de reducción de riesgo, desde fármacos que bloquean o reducen el estrógeno hasta cirugías preventivas, además de planes de seguimiento.

La prevención

Ahora bien, no todo riesgo es modificable, pero sí hay margen de acción. Los CDC recomiendan una serie de medidas, como mantener un peso saludable, hacer ejercicio con regularidad y evitar el alcohol o limitarlo a un consumo moderado. Si usas o te han indicado terapia hormonal de reemplazo o anticonceptivos orales, conviene hablar con tu médico sobre sus riesgos y beneficios para evaluar si son adecuados en tu caso. Siempre que sea posible, amamantar también se asocia con menor riesgo.

Para quienes tienen historia familiar de cáncer de mama o mutaciones hereditarias en BRCA1/BRCA2, es fundamental una conversación con el médico sobre estrategias adicionales de reducción de riesgo y un plan de tamizaje personalizado.

La clave está en los cuidados que tengamos. Mantenerse saludable, tener un estilo de vida que combine alimentación sana y ejercicios, ayuda a disminuir la probabilidad de desarrollar cáncer de mama y aumenta las posibilidades de supervivencia si llega a presentarse.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar