MIAMI.- “Haber tenido cáncer de mama me cambió por completo. No sólo en el aspecto físico sino que me hizo una persona mucho más fuerte. Ahora aprecio todo, lo más simple y sencillo; aprecio mucho mi salud especialmente, porque es algo que muchas veces ignoré”.

Es la revelación de Priscilla Ferreira, periodista de origen mexicano, de 26 años, quien es sobreviviente de la enfermedad y fue diagnosticada a los 25 años.

“Nos preocupamos por el trabajo, la familia, por todo; a veces no nos tomamos un momento para agradecer que podemos caminar y respirar, que no sentimos dolor, que tenemos salud y una promesa de vivir. Hay gente que no tiene esa oportunidad”, añadió.

La joven recuerda que por casualidad se tocó una pequeña bolita en uno de sus senos. Con voz dulce y pausada la joven comenta que por recomendación de familiares, acudió inmediatamente al médico quien indicó un examen “para estar seguros porque por a su edad no había de qué preocuparse”. Pero la biopsia arrojó el resultado tan temido y que le dio el vuelco a su cotidianidad.

“Cuando me enteré tuve muchas emociones encontradas”, recuerda. Estaba un poco confundida, enojada, triste. Yo me preguntaba “por qué me pasa a mí”. Yo que me consideraba una muchacha súper saludable, nunca pensé que eso me iba a suceder y a tan temprana edad. Mi vida cambio instantáneamente después de conocer la noticia”, admitió.

Priscilla acudió constantemente al hospital, a los especialistas para aprender un poco sobre cáncer de mama femenino porque ella poco conocía sobre los efectos de la quimioterapia, por ejemplo. La búsqueda de información, aprender y centrarse en la recuperación de su salud fueron parte de su día a día.

“Decidí dar la pelea inmediatamente de que me dieron la noticia. Uno escucha la palabra cáncer y piensa, ‘hasta aquí llegué’. Tenía mucho miedo y no pensaba que mi tratamiento iba a ser como lo fue. Gracias a Dios tuve un equipo de doctores muy lindo, muy inteligente, que se preocupó por mí y no dejó que esto se convirtiera en algo peor. Fue algo que pudimos controlar, gracias a que yo fui al doctor inmediatamente, pudimos atacar a tiempo y no pasó a peores”.

La doctora de Ferreira decidió aplicarle un tratamiento muy agresivo porque además de la juventud de su paciente padecía de un tipo de cáncer muy raro que había que combatir para que no regresara.

Recuerda la quimioterapia como un proceso muy doloroso, porque perdió su cabello y en un momento tuvo que raspar lo que le quedaba de cabellos. En ese momento se quebró. “Como decimos en México: `Me cayó el 20”.

“Hasta ese momento yo trataba no solamente de sentirme fuerte por dentro, porque no quería que mi familia me viera deprimida, sino que también trababa de verme fuerte por fuera y lo más normal que pudiera. Cuando se me cayó el cabello ya no lo podía esconder, la gente que estaba a mi alrededor sabía que tenía algo, me veía diferente.

Priscilla usó pelucas en dos o tres oportunidades, pero el calor de Miami las hacía incómodas. Probó turbantes, bandanas, sombreros y cuando no tuvo cejas se las maquilló. Se sintió diferente pero se dijo que lucía un nuevo look y que lo usaría por un rato. Así alejó el miedo al cambio físico.

Sin embargo asegura que no se dio por vencida. “Gracias a Dios, no. Mi fe, mi familia y todo el amor que estaba recibiendo me mantuvieron fuerte porque yo no quería que el cáncer terminara conmigo. Cuando me diagnosticaron estaba a punto de graduarme, tuve que dejar mis estudios, poner todo en pausa. Dije esto va a ser temporal, yo voy a terminar más fuerte y cumplir mis planes. Ahora ya terminé mis estudios y quiero trabajar como periodista.

Basada en su experiencia, Priscilla asegura que “es muy importante compartir mi caso porque así como me pasó a mí le puede pasar a cualquiera. Creo que es muy importante que las mujeres conozcamos nuestros cuerpos y que no ignoremos cualquier cambio que ocurra en él por más simple que sea; que no lo ignoremos, porque eso nos puede afectar a largo plazo. Si las mujeres encuentran algo en su pecho que no lo ignoren, que busquen ayuda, porque si es algo malo lo puedan tratar en una etapa temprana para que no empeore. Si yo hubiera ignorado eso que sentí en el pecho hoy podría estar contando una historia totalmente diferente.

En su caso, algo que le resultó difícil aceptar es que la miraran con sentimiento de lástima por lo que le estaba ocurriendo.

“Eso es algo a lo que no estaba acostumbrada. Aprendí que en la calle uno no debe juzgar o decir esta persona parece esto o lo otro. Uno siempre debe respetar y pensar lo mejor de otro porque uno nunca sabe lo que alguien está sintiendo, lo que está pasando en su vida, entonces podríamos ser un poquito más sensibles a los problemas de otras personas. En el momento en que yo perdí mi cabello también aprendí un poquito más de mí. Me veía en el espejo y veía lo que soy; aprendí a valorarme por mis sentimientos, mi mente y lo que soy. Hasta cierto momento yo fui un poquito vanidosa, lo tengo que admitir. Aprendí que la belleza es interna y no solamente por lo que se ve en el exterior, sino que se debe valorar el corazón de la persona.

Haber recobrado la salud le abre a Priscilla cientos de posibilidades. Sueña con lograr metas como ejercer el periodismo y crear conciencia sobre el cáncer de mama porque cualquier persona puede padecerlo.

La joven periodista recuerda el cáncer como “algo que me afectó, que me debilitó por un momento pero me enseñó lo fuerte que puedo ser. Pienso que es algo que me pasó y no quiero que vuelva a pasar porque hay muchas cosas en las que tengo que enfocarme y le ruego a Dios que mi salud siga estando ahí. En un futuro me gustaría empezar una familia y disfrutar de la vida. Aprecio mucho la vida, mi salud y mi familia y me enfoco en disfrutar mi tiempo aquí y hacer lo máximo que pueda lograr”.

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