sábado 21  de  febrero 2026
corazón

Rumiantes de Corazón Blando

Aunque muchos miren hacia otro lado, con total escepticismo, el síndrome del corazón roto es real y, de hecho, es descrito por plataformas científicas como una afección cardíaca
Por DARCY BORRERO BATISTA

Una criatura mítica donde las haya, más compleja que otras, es por otro lado el amor. Es de un tipo afín al de la Pandemia, ya que, de manera semejante, comienza con un contagio repentino, inesperado y violento: un descarrilamiento del cuerpo, como mínimo una dolorosa oscilación. Alrededor de ese contagio, los enamorados erigen un edificio mítico, hasta el punto de convertirse en un mito ellos mismos. Una criatura mítica donde las haya, más compleja que otras, es por otro lado el amor. Es de un tipo afín al de la Pandemia, ya que, de manera semejante, comienza con un contagio repentino, inesperado y violento: un descarrilamiento del cuerpo, como mínimo una dolorosa oscilación. Alrededor de ese contagio, los enamorados erigen un edificio mítico, hasta el punto de convertirse en un mito ellos mismos.

Alessandro Baricco en “Lo que estábamos buscando”

@cabezamestiza

MIAMI.-El amante A dijo una vez, con la mano recién cortada y aún sangrante, puesta en el pecho a modo de amuleto, que la herida era por dentro y no, como se podría suponer, aquella que se mostraba en la superficie de la palma.

Ella le había cortado, literalmente. Acababan de tener una conversación como adultos en calma, con las cartas sobre la mesa para no traspasar límites de los que no se retorna.

Fue al acabar el diálogo, cuando acordaron que ser amigos era una solución decente, que él quiso preparar una limonada y se dispuso entonces a cortar el limón. No midió, como suele ocurrir, la fuerza depositada en el cuchillo ni lo voraz de su filo y, a toda velocidad cortó el limón y, un poco más, la carne.

Resolvió, sin embargo, que era bueno, después de todo, haber recibido el pronunciado corte con el cual, dijo, intentaría disipar el dolor de pecho, un dolor que se supone interno, no físico, pero que a la larga llega a sentirse como una apretazón real y concreta en el lado del pecho “hecho para sentir”.

Aunque muchos miren hacia otro lado, con total escepticismo, el síndrome del corazón roto es real. Existe y, de hecho, es descrito por plataformas científicas —por ejemplo, la española Mayo Clinic— como “una afección cardíaca que a menudo se debe a situaciones estresantes y emociones extremas”.

Reconoce Mayo Clinic que la afección también se puede desencadenar por una enfermedad física grave o una cirugía y que el llamado síndrome del corazón roto suele ser una afección temporal. Sin embargo, explica, algunas personas pueden seguir sintiéndose mal después de que el corazón se cure.

“Las personas con síndrome del corazón roto pueden tener dolor repentino de pecho o pensar que están teniendo un ataque cardíaco. Este síndrome afecta solo a una parte del corazón. Además, interrumpe temporalmente la manera en que el corazón bombea sangre. El resto del corazón sigue funcionando de manera normal. A veces, el órgano se contrae con más fuerza”.

Estas bibliografías refieren que la causa exacta del síndrome del corazón roto no está clara. “Se cree que un aumento repentino de las hormonas del estrés, como la adrenalina, podría dañar temporalmente el corazón de algunas personas. No está completamente claro cómo estas hormonas podrían dañar el corazón ni si hay otra causa. Es posible que una opresión temporal de las arterias grandes o pequeñas del corazón influya. Las personas que tienen el síndrome del corazón roto también podrían tener un cambio en la estructura del músculo cardíaco”.

Lo que sí parece ser un consenso es que, a menudo, un suceso físico o emocional intenso es el que da paso al síndrome del corazón roto. “Todo aquello que cause una respuesta emocional fuerte puede desencadenar esta afección”, enfatiza Mayo Clinic

En ese sentido, La Tercera, un medio de comunicación de referencia en Chile, va más lejos cuando al sugerir que Discusiones con la pareja aumentan hasta cuatro veces el riesgo de problemas cardíacos.

Esta revista afirma que mantener buenas relaciones con la familia y la pareja no solo es un asunto de salud mental, sino también física y se apoya en una investigación realizada en Dinamarca, que “verificó que las personas que sostienen constantes peleas con sus parejas y otros familiares aumentan su riesgo de sufrir problemas cardíacos”.

Para nada es secreto que este tipo de enfrentamientos puede ir escalando hasta llegar a ser perjudicial. Según La Tercera, durante seis años, investigadores de la Universidad de Copenhague realizaron un seguimiento a 4.573 hombres y mujeres daneses libres de enfermedades cardíacas.

“Se les aplicó una serie de cuestionarios sobre su salud, información que fue contrastada con datos acerca de la calidad de sus relaciones con otras personas como familiares, amigos y vecinos”, sostiene.

Mientras que las preguntas ahondaron sobre los niveles de demanda que sentían por parte de estas personas, el grado de preocupación que habían experimentado y con qué frecuencia habían discutido; los resultados mostraron que aquellas personas que regularmente tenían discusiones con sus parejas tenían un riesgo cuatro veces mayor de sufrir una angina pectoris: dolor torácico y sensación de opresión aguda y sofocante en el pecho, gatillado por un suministro insuficiente de sangre a las células. “Su ocurrencia —declaran— incrementa el peligro de sufrir futuros problemas cardiovasculares como infarto al miocardio o accidente cerebrovascular.

Pareciera entonces que algo de razón llevaba el amante A cuando dijo “la herida es aquí” y señaló hacia su pecho, aunque en realidad no hubo en su historia discusiones acaloradas ni tóxicas sino un aparente consenso que llevó al amante A, sin pronunciar palabra, a guardar sus emociones, a riesgo de que estallaran.

La amante B escribió mensajes, más de una vez, en los que aseguraba que su relación B le ocasionaba taquicardia. Llegó a decir, probablemente, que padecía palpitaciones. Que su corazón parecía salirse por la boca. Taquicardia paroxística, leyó y repitió, cual si fuera un animal de tracción que se desboca loma abajo. Como un rumiante asediado por una capa roja; como un rumiante “cabreado”, como un rumiante cornudo, como un rumiante iracundo.

Más allá de los mitos, el mayor riesgo de sufrir problemas cardiacos asociados a desencuentros de “amor”, no está relacionado únicamente con la pareja, sino también con los hijos, otros familiares y conocidos, que pueden dañar la salud del corazón, e incluso exponerlo a padecimientos graves.

La adrenalina es la clave de este fenómeno, reconocen investigadores, porque cuando las personas sostienen discusiones o se sienten muy exigidas por sus cercanos, sus glándulas suprarrenales comienzan a liberar adrenalina, una hormona que genera estrés en el organismo y se refleja en que las personas se sienten exaltadas, acaloradas durante y después de la discusión.

Luis Sepúlveda, cardiólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, ha dicho que la adrenalina aumenta la presión arterial y también el ritmo con que el corazón bombea la sangre. “Todo esto va a generar un aumento de requerimiento de oxígeno en el corazón, porque está trabajando a un nivel muy superior a su capacidad habitual”. De modo que cuando el amante A dice que duele su pecho, no otra cosa, está hablando de un dolor real. Un dolor del que los amantes, A o B, deben cuidarse, sobre todo cuando se acerca el mítico ‘San Valentín’ a disparar sus flechas sobre rumiantes como los que solemos ser, de corazones ‘blandos’.

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