Este domingo, 17 de octubre, los Dolphins de Miami regresan a la acción de la NFL ante los Titans de Tennessee con la historia tan repetida en los últimos 15 años de comenzar un nuevo camino para tratar de enderezar la ruta de la que, en su momento, fue una de las franquicias más destacadas del futbol americano.
Hoy la historia es diferente.
Después que Don Shula se fuera en 1996, los Dolphins han transitado, con muy poco éxito, el camino de entrenadores como Jimmy Johnson, Dave Wannstedt, Nick Saban, Cam Cameron, Tony Sparano y el recién despedido Joe Philbin. Ninguno de ellos ganó un Super Bowl. Ninguno llegó a un Super Bowl. Johnson, Wannstedt y Sparano llegaron a la postemporada, pero sólo los dos primeros ganaron un partido en la misma.
Así de dura ha sido la trayectoria de los Dolphins en los últimos 20 años. La época de los grandes triunfos, las grandes estrellas y las epopeyas inolvidables han quedado en el olvido.
Y eso duele mucho. Duele porque cuando escuchas a un joven en el sur de Florida que no sabe que esta franquicia en su momento fue de la élite de toda la NFL con un entrenador de lujo en Shula, un mariscal de campo miembro del Salón de la Fama en Dan Marino y lugar de orgullo para muchos jugadores y aficionados que veían que el listón de calidad en esos Dolphins siempre estaba bien alto.
Hoy la historia es diferente.
¿Qué ha pasado con los gloriosos Dolphins que estaban al mismo nivel de los Steelers, 49ers, Cowboys al tope de preferencia de los equipos de la NFL en Estados Unidos, México y el resto del mundo?
La realidad ha golpeado a Miami y le ha entregado unos 15 años de mediocridad, marcas negativas, rachas sin ir a los playoffs y lo que es peor, que muchos jóvenes sean fanáticos de otros equipos y no del local. Ese proceso ha sido gradual. Primero, no se gana con Johnson. Después vivimos el retiro de Marino y el remanente que recibió Wannstedt. La euforia con Saban se evaporó con su salida llena de mentiras, mientras que Cameron nos trajo el casi magnicidio de la temporada del 1-15 con el único triunfo conseguido en tiempo extra.
Con Sparano se sorprendió yendo a la postemporada en su primer año (2008), pero, después de eso, nada. Y Philbin estuvo tres años y cuatro partidos esta campaña, antes de ser despedido con muchas penas y ninguna gloria.
Nada de playoffs. Esa palabra de playoffs desgraciadamente se ha perdido en el léxico de los fans de los Dolphins. Una realidad que duele en lo más profundo y que sé que muchos que siguen al equipo esperan se acabe de una vez y por todas.
No sé si estamos viviendo una especie de maldición. La de Shula o la de Marino. O la de la temporada perfecta. Lo que sí sé es que no acaba de despegar el equipo. Con dueño nuevo en Stephen Ross y varios entrenadores, gerentes generales y asistentes, el resultado es el mismo.
En los pasados 15 años lo que Miami ofrece es un triunfo de postemporada en el 2000, siendo el 2008 la última ocasión en que jugaron los playoffs. Dura realidad para los Dolphans que sueñan con que el destino cambie para siempre y que se establezca un régimen que funcione, en la parte ejecutiva y en la parte deportiva.
Ahora con Dan Campbell se vive un nuevo comienzo para los próximos 12 partidos de temporada regular. Nadie sabe si él será el escogido para mantener las riendas del equipo después de esta campaña, pero lo que sí se siente en el ambiente es un deseo, casi una plegaria, para que los Dolphins enderecen ese camino y que el brillar domingo tras domingo no sea una excepción.
Por mi parte, sólo espero que esa historia fatal que nos ha tocado vivir con estos Dolphins pase a mejor vida y que pueda decir, aquí mismo, que esa historia ya es diferente.
¿Será que sí se puede?