martes 17  de  enero 2023
RESEÑA

"Aullido", de Allen Ginsberg, un poema adelantado a su tiempo

Con su poema "Aullido", de 1955, Allen Ginsberg sacudió la poesía estadounidense y dio paso a la vorágine contracultural de los años sesenta

Diario las Américas | GRETHEL DELGADO
Por GRETHEL DELGADO

MIAMI— “Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura”, leyó Allen Ginsberg el inicio de su poema Aullido (Howl), en la galería Six, en San Francisco, California, el 7 de octubre de 1955, mientras lo interpretaba de manera teatral.

El extenso poema, publicado por la editorial Anagrama en una cuidada edición bilingüe, causó un gran revuelo por la fuerza de sus imágenes, la crudeza de una poesía confesional y demasiado descriptiva para el gusto de los recatados.

De ese modo sacudió la poesía estadounidense y dio paso a la vorágine contracultural de los años sesenta. Su título da fe de esa energía rompedora, de grito, de desgarramiento que contiene este cuerpo poético que se ha convertido en un texto de culto. En efecto, los aullidos atraviesan este poema: aullidos de jóvenes que protestan, de patrullas, ambulancias, del espanto de ciudades que parecen comerse a sus hijos. Aquí las personas “aullaban por ellos y aullaban por la calle Wall, y el ferry de Staten Island también aullaba”.

Como explica la nota editorial, Ginsberg muestra su forma de “representar la poesía con cánticos, melopeas, llantos, gritos y lamentos” que matizan sus versos “apocalípticos de denuncia total de una forma adocenada de vivir” y también implantan “un modo nuevo de hacer literatura totalmente sincera y auténtica”.

Aclara la editorial que Aullido y otros poemas fue el primer libro de Allen Ginsberg, y que ya antes de que apareciese publicado era un poema famoso que se pasaba de mano en mano o se recitaba como se podía a partir de alguno de los cincuenta ejemplares en multicopista, cuando aún no existían las fotocopias.

La popularidad que obtuvo gracias a este poema le permitió impulsar a sus amigos de la llamada Generación Beat. Además de dedicar este libro a los escritores Jack Kerouac, William Seward Burroughs y Neal Casady, lo hizo a Carl Solomon, un poeta que terminó en un manicomio.

Aquí están las pesadillas de una sociedad que se consume a sí misma, los sueños truncos, la enajenación, el consumo, el horror de la guerra, la incertidumbre de los jóvenes, las injusticias, las máscaras, la hipocresía, la diatriba del hombre desconectado de los que realmente le alimenta el espíritu. Este es el canto de los locos, de los relegados, de los pobres, los incomprendidos y los censurados.

Los versos de Aullido son llamados a la acción y al mismo tiempo poderosas acciones. Su fuerza y honestidad hicieron que se tradujera a decenas de idiomas y que se imprimiera millones de veces desde su primera edición en 1956 por City Lights Books. Aunque hay que recordar que esa primera edición estuvo “maldita” de alguna manera, pues el editor, Lawrence Ferlinghetti, fue acusado de divulgar obscenidades, lo que llevó a la prohibición del libro. Pero el caso se aclaró en 1957 tras un juicio que ayudó a incrementar el interés por el libro.

Ginsberg dedicó su extenso canto a aquellos “que caminaron toda la noche con los zapatos llenos de sangre sobre los bancos de nieve en los muelles esperando que una puerta se abriera en el East River hacia una habitación llena de vapor caliente”. También a quienes “cayeron de rodillas en desesperanzadas catedrales rezando por la salvación de cada uno y la luz y los pechos”, o a los que “vagaron hambrientos y solitarios en Houston en busca de jazz o sexo o sopa”.

Lo escribió pensando en que los “pobres y harapientos y ojerosos y drogados pasaron la noche fumando en la oscuridad sobrenatural de apartamentos de agua fría, flotando sobre las cimas de las ciudades contemplando jazz”. O en quienes “vagaron solos por las calles de Idaho buscando ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios”. Y la enumeración continúa en un vibrante paisaje de un país herido en su esencia y descrito de manera alucinante por un poeta.

Más sobre el autor

Allen Ginsberg (1926-1997) fue una de las figuras más emblemáticas de la cultura alternativa norteamericana. Alma de la Generación Beat, reunió a su alrededor a Jack Kerouac, Neal Cassady e incluso al escurridizo William S. Burroughs y luchó sin descanso por la redacción y publicación de sus obras. Fue figura prominente de la llamada «Revolución de las Flores» y el hippismo de los años sesenta, peleó contra la guerra y el racismo, difundió el rock, la alteración química y mística de los estados de conciencia como elemento cultural y se situó siempre en primera línea social y literaria, promoviendo las ideas libertarias y las nociones de espiritualidad y autenticidad, por lo que siempre estuvo en el punto de mira de las autoridades. En Anagrama han aparecido sus poemarios Aullido y Kaddish, los epistolarios Las cartas de la ayahuasca (con William S. Burroughs) y Cartas (con Jack Kerouac) y la amplia antología Ginsberg esencial.

Ejerció una enorme influencia en músicos como Bob Dylan o Patti Smith, con quien también colaboró. Vivió en Nueva York con su compañero Peter Orlovsky hasta que murió, víctima de un cáncer, en 1997.

Puede encontrar el libro en este enlace.

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