MIAMI.- Bebo Valdés, uno de los artistas y músicos más trascendentales de Cuba, celebraría el centenario de su natalicio este próximo martes 9 de octubre y no hay quién quede indiferente a su enorme herencia artística, que será homenajeada por su hijo, Chucho Valdés, con el disco Jazz Batá II, producción que espera cuente con la bendición de su padre.

Para muchos, Bebo Valdés fue una de las últimas leyendas de la época de oro de la música cubana, un referente indiscutido y pionero en insertar los tambores afrocubanos batá (de origen religioso), en una orquesta Big Band, dando así vida al popular ritmo de la batanga.

Espiritualidad musical

Reducir la relevancia de Bebo solo al marco de la música cubana sería una injusticia, ya que su nombre se enarbola en el mundo entero. Destacó como un pianista de excelencia y uno de los arreglistas más creativos de la música contemporánea.

Portador de un crisol único de influencias y experiencias que fueron desde el son al danzón, pasando por el feeling, el jazz latino, y creador de un sonido único bautizado como batanga -una de las poliritmias más complejas que se ha inventado- Bebo es recordado junto a Cachao, Benny Moré, Dámaso Pérez Prado, Guillermo Barreto y el célebre conguero, Cándido Camero, como ícono universal y de desbordada creatividad, que junto a figuras irrepetibles de la escena cubana deslumbraron al mundo con la creación de nuevos ritmos como el mambo y el chachachá.

Humildad y sentimiento

“Qué curioso que el centenario de Cachao y el de Bebo se celebre con tan pocos días de diferencia. Ellos fueron grandes amigos, se llamaban casi todos los días, y lo digo porque muchas veces yo estaba presente cuando eso ocurría. Me daba mucha gracia la simpatía que había entre ellos. Ambos, magistrales músicos cubanos, de los que yo aprendí todo”, reveló a DIARIO LAS AMÉRICAS el productor musical Emilio Estefan.

“Estos dos grandes personajes de la historia [Chacho y Bebo Valdés], fueron personas tan sencillas que era imposible no conmoverse con ellos. Igual como lo fue Celia Cruz. La vida me ha confirmado que la gente con más talento siempre en la más humilde y accesible”, agregó.

Estefan enfatizó el valor de la sencillez que siempre encontró en Bebo Valdés, así como en otras grandes figuras con quienes trabajó.

“Ellos representan el respeto a los amigos, a quien te ayuda en la vida, a la música y al público. La sencillez la aprendí gracias a ellos. Y creo que ambos murieron sin dimensionar la magnitud y el legado tan grande que dejaron al mundo”, reflexionó.

Su gran regreso

En el marco de los homenajes que se realizarán por el centenario del pianista cubano Bebo Valdés, su hijo, Chucho Valdés, y el cantante flamenco Diego El Cigala le rendirán un homenaje en el 50 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona.

Además, El Cigala también presentará un tributo especial al 15 aniversario de Lágrimas negras, álbum que grabó junto a Bebo en 2003, y con el cual alcanzaron el puesto número cuatro en la lista de Billboard Latin Pop Albums y un Latin Grammy, situando de nuevo a Bebo en los primeros lugares de las listas de popularidad.

Según estudiosos, esta colaboración histórica marcó un hito definitivo y rotundo que ayudó a renacer al pianista y consagró la larga relación entre la música cubana y el flamenco. Por esta producción junto al intérprete español, Bebo también recibió en España tres Premios de la Música y fue disco de Platino en Venezuela, Argentina, México y España.

100 años de Bebo

Por otra parte, Chucho Valdés -que este año recibirá el Premio a la Excelencia Musical en los Latin Grammy- además de ofrecer un concierto el 26 de octubre en el 50 Voll-Damm Festival Internacional de Jazz junto a El Cigala- en el mismo escenario presentará su nuevo álbum que es un tributo muy especial a su padre, ya que según el mismo ha declarado “no es jazz, ni es música cubana”.

También, Chucho adelantó en conferencia de prensa que una de las canciones del disco la tocaba Bebo cuando era niño: “muchos años después la interpreté para él y no la recordaba, la llamé 100 años de Bebo”, declaró el pianista.

Un hasta pronto

Bebo Valdés abandonó la isla de Cuba en 1960, según reportes, por discrepancias con el nuevo gobierno liderado por Fidel Castro. Fue así que, al igual que muchos otros artistas de la época, su carrera estuvo marcada por un peregrinaje constante en diversos países y orquestas, entre ellas, las del chileno Lucho Gatica, la Lecuona Cuban Boys y la Hatuey.

En el año 2000 fue el cineasta Fernando Trueba quien le redescubrió y le invitó a participar en su película Calle 54. Fue ahí que el pianista se reencontró con su hijo Chucho y también con viejos amigos como Cachao y Patato Valdés.

El verdadero nombre de Bebo era Ramón Emilio Valdés Amaro y nació el 9 de octubre de 1918, en Quivicán, un pequeño pueblo ubicado a 40 minutos de La Habana. El músico falleció en Suecia, a los 94 años de edad, enfermo de Alzheimer, pero dejando un legado imborrable como uno de los grandes genios de la música cubana, cuyo nombre hay que escribir con mayúscula.

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