MIAMI.- Una niña huye de la persecución a los judíos en Polonia y llega a una Cuba que la acoge entre numerosas sorpresas. La pequeña es, en gran parte, la abuela de la escritora y antropóloga Ruth Behar, que toma la historia de su familia para narrar de manera magistral el doloroso camino del inmigrante en su novela Cartas de Cuba.
El libro, publicado por Penguin Random House en 2021, cuenta con una cuidadosa traducción al español por Abel Berriz. La nota editorial detalla el argumento del libro: “La situación se está poniendo terrible para los judíos en Polonia en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El padre de Esther ha huido a Cuba y ella es la primera en seguir sus pasos y reencontrarse con él en la isla”.
Sin embargo, “vivir separada de su querida hermana es desgarrador, por lo que Esther promete escribirle cartas contándole todo lo que le suceda hasta el día en que se vuelvan a reunir. Y lo hace, manteniendo un registro tanto de lo bueno –la bondad del pueblo cubano y su descubrimiento de un valioso talento oculto– como de lo malo: el hecho de que las garras del nazismo se han arraigado incluso en Cuba”.
La novela empieza con una carta de Esther, aún en Polonia, a su padre en Cuba, el 2 de diciembre de 1937. Allí le suplica que la lleve con él. Entonces comienza una travesía sola donde debe armarse de valor para enfrentar los obstáculos de un mundo adulto lleno de absurdos. Ya en 1938 está en Cuba y para paliar la añoranza y el choque con una realidad ajena, escribe cartas a su hermana Malka como si llevara un diario.
Allí escribe, entre otras cosas: “la primera lengua que uno aprende en la vida será siempre la de los sentimientos más profundos”. Le hace también a su hermana una conmovedora confesión: “Quiero imaginar que el mundo tiene un corazón muy grande y que puede darnos la oportunidad de comenzar de nuevo a todos los que hemos perdido nuestros hogares”.
Desde el nombre del personaje principal hasta los sucesos, se inspiran en la abuela de la autora, Esther Levin. Ella emigró sola desde Govorovo, en Polonia, a Cuba para instalarse con su padre en el poblado de Agramonte, en Matanzas. El sueño de ambos, que trabajan como vendedores ambulantes, es la ansiada reunificación familiar, una carta de libertad para quienes quedaban en Polonia en medio de la escalada antisemita.
La pequeña de solo 12 años asume los desafíos de una vida adulta, el sonido peculiar del español, las temperaturas caribeñas y un sinnúmero de códigos culturales combinados. Conoce a la isla desde el interior, en un poblado de plantaciones azucareras y gente humilde. Allí conoce los cultos afrocubanos, las comidas criollas y españolas, y las costumbres chinas.
La autora explica esta mezcla en su nota al final del libro: “Todos estamos enlazados en el nudo de la historia”. Esta integración respetuosa con otras tradiciones se condensa de una manera hermosa cuando, después de encender las velas de Janucá el 17 de diciembre, se va a un bembé por Babalú Ayé, o San Lázaro. De ahí que sus cartas a su hermana en Polonia se conviertan en una serie de experiencias diversas, entre felices y traumáticas.
Como reveló en su texto sobre la inspiración del libro, Cartas de Cuba “es la respuesta de mi corazón a las noticias actuales de deportaciones, prohibiciones de viajes de inmigrantes y crisis internacionales de refugiados”.
Y agregó: “No puedo evitar ser una apasionada de este tema. Una vez fui una niña inmigrante de Cuba, y nunca lo olvidaré. Vinimos a los Estados Unidos en un momento en que los inmigrantes cubanos eran bienvenidos porque huíamos del gobierno autocrático de Fidel Castro. A diferencia de mis padres, aprendí inglés cuando era joven, por lo que no tengo ningún rastro de acento cubano. Pero recuerdo vívidamente lo extraño y aterrador que parecía todo cuando llegamos. Requirió un esfuerzo constante para obtener las señales correctas que permitieran encajar".
Al hacer un recuento familiar en vínculo con el fenómeno migratorio, declaró que “ser inmigrante una vez ya es bastante difícil. Imagina, entonces, ser doblemente inmigrante. Eso es lo que experimentaron mis cuatro abuelos. Se fueron de Europa a Cuba en las décadas de 1920 y 1930, cuando la pobreza, la discriminación y el creciente antisemitismo crearon una situación insoportable para los judíos en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Mis abuelos crearon una nueva vida para sí mismos en una isla tropical, esperando quedarse para siempre, pero luego, en la década de 1960, tuvieron que dejar su amada Cuba después de que el repentino giro hacia el comunismo borró todo por lo que habían trabajado. Se reasentaron en Nueva York, donde trabajaron nuevamente para construir una nueva vida”.
Más sobre la autora Ruth Behar
Nació en La Habana, Cuba, y creció en Nueva York. También ha vivido en España y México. Obtuvo el premio Pura Belpré por su libro Lucky Broken Girl. Además de escribir para niños y jóvenes, su obra incluye poesía, memorias y los aclamados libros de viajes An Island Called Home y Traveling Heavy, que exploran sus viajes de regreso a Cuba y su búsqueda de un hogar. Su libro Cartas de Cuba obtuvo el reconocimiento de Libro Notable de Sydney Taylor en el 2021. Fue la primera latina en ganar una beca MacArthur "Genius". Otros honores incluyen una beca John Simon Guggenheim y ser nombrada "Gran Inmigrante" por Carnegie Corporation. Es profesora de antropología en la Universidad de Michigan y vive en Ann Arbor, Michigan.