MIAMI.-Un día como hoy, hace 17 años que se apagara la voz de Celia Cruz, esa gloria de la música que Cuba regaló al mundo.

Pero, por esa inmortalidad que la música otorga a sus hijos predilectos, hoy su legado continúa vivo en cada fan a quien tocó con sus pegajosas canciones, su desbordante carisma y energía inigualable.

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Y es que quienes conocieron a la Reina de la Salsa saben que la “negrita del tumbao” llevaba ese sabor caribeño en la sangre, esa alegría a flor de piel que contagiaba y atraía como un imán.

De ahí que su inconfundible grito de ¡Azúcar! se popularizara y se convirtiera en su sello, además de sus llamativas pelucas de colores vibrantes que solía combinar con sus atuendos. La intérprete de La vida es un carnaval no pasaba desapercibida.

Celia dio sus primeros pasos en la música en su isla natal y fue junto a la Sonora Matancera , agrupación a la que perteneció durante 15 años, que alcanzó reconocimiento como vocalista.

Pero la llegada al poder del régimen castrista, con quien nunca comulgó, la obligó a abandonar el país en la década del 60. Fue entonces que su carrera cobró vuelo internacional, primero en México y luego en EEUU, donde se exilió hasta su fallecimiento el 16 de julio de 2003 a causa de cáncer cerebral.

La Guarachera del Mundo, como también se le conoce, no pudo realizar su anhelado sueño de regresa a su tierra, porque se había prometido a sí misma que solo lo haría cuando Cuba fuera libre.

Sin embargo, se convirtió en un símbolo para los cubanos exiliados, una figura icónica que representaba la esencia musical de Cuba y el deseo de mantener la esperanza de que un día cambiaría la suerte de los cubanos.

A lo largo de su extensa trayectoria, interpretó ritmos tropicales como el son, la guaracha, el guaguancó, la rumba y el bolero. Pero la salsa era lo suyo y fue como la Reina de la Salsa que recorrió los escenarios del mundo. Los años 70 y su paso por la orquesta Fania All Stars fueron testigos de su devoción al género.

Celia cautivó a públicos de todas las culturas e idiosincrasias en festivales de música. Su humildad y manera de tratar a los demás le ganó la admiración y el respeto de sus colegas en el gremio artístico. Era puntual y, sobre todo, amaba y respetaba su profesión.

Por eso era única e irrepetible, así lo considera Omer Pardillo, quien fue su mánager durante más de una década y ahora mantiene vivo su legado.

“Para mí siempre habrá una comparación y, obviamente, cualquier otro artista con quien la compare siempre va a perder, en todos los planos. En el profesional, ella era muy puntual, no le gustaba que esperaran por ella. Y eso es muy difícil de encontrar”, reveló Pardillo en una recién entrevista que concedió a DIARIO LAS AMÉRICAS con motivo del aniversario 67 del Diario.

Para conservar la memoria de Celia, Pardillo ha llevado a cabo varios proyectos, entre ellos, un musical que se estrenó en Miami, en el que la cantante cubana Lucrecia revive a la Reina de la Salsa.

“Hoy hace 17 años de tu fallecimiento. Tengo el honor de preservar tu legado. Naciste en Cuba, pero te has convertido en Patrimonio de la Humanidad. Tu legado siempre vivirá gracias a todo el amor, respeto y lealtad de tus fanáticos. Sabes cuanto te extraño y cuanto hago a diario para mantener viva tu memoria. Sigo luchando por mi compromiso contigo de que tengas una estatua en el Central Park de tu ciudad, Nueva York”, expresó Pardillo en una publicación en sus redes sociales.

Ganadora del Grammy y el Latin Grammy, grabó unos 37 álbumes de estudio, además de otros tantos que grabó en vivo o por colaboraciones.

El músico Pedro Knight, su cabecita de algodón, como le llamaba, fue su gran amor y compañero de vida. Knight falleció cuatro años después que su esposa. No tuvieron hijos. Los restos de ambos descansan juntos en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, Nueva York.

Las contribuciones de Celia Cruz a la música latina son innúmeras y su legado vivirá por siempre, tal como dice en su versión en salsa de la canción Yo viviré.

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