sábado 21  de  febrero 2026
MÚSICA

Edgar Solórzano: precisión y carácter en cinco cuerdas

Entre giras, grabaciones y una lista extensa de proyectos en Florida, Solórzano acredita más de una década de trabajo profesional en dos países y una versatilidad que lo ha hecho transitable en cualquier tarima

Por Alexandra Sucre

MIAMI.- En la escena musical latinoamericana, el nombre de Edgar Solórzano suena con la solidez de un bajo bien asentado. Este músico y productor ha construido, a lo largo de más de dos décadas, una trayectoria que combina oficio, versatilidad y una disciplina de escenario que se reconoce desde el primer compás. Su especialidad —el bajo eléctrico y los sintetizadores— ha sido el hilo conductor de un camino que lo ha llevado por el pop, el rock, los ritmos latinos, el funk, el jazz y el country, con la facilidad de quien entiende que el lenguaje musical es uno solo cuando se toca con criterio.

Hoy, Solórzano reparte su tiempo entre tarimas de alto rodaje y proyectos de estudio. Es bajista de South Florida Heatwave Band, agrupación referente del entretenimiento en el estado, con una agenda que lo mantiene activo en eventos corporativos, bodas y conciertos masivos, un entorno donde el profesionalismo y la lectura fina del público son tan importantes como la técnica.

En paralelo, sostiene una colaboración de largo aliento con el guitarrista y corista Manuel Diquez —vinculado a la banda de Franco De Vita—, con quien grabó el concierto Para Nadie para YouTube y prepara una serie de álbumes tributo, empezando por Memorias Argentinas, previsto para enero de 2026, antes de rendir homenaje a Venezuela, España y Latinoamérica. La alianza lo mantiene cerca de músicos asociados a premios Latin Grammy y confirma su capacidad para moverse con solvencia entre repertorios y estéticas.

Esa elasticidad estilística también se nota en su incursión en la escena country estadounidense como bajista de Ry Rivers, proyecto en crecimiento con miras a una gira nacional en los próximos años. Cambiar de acento rítmico sin perder identidad instrumental habla tanto de su oído como de su pulso para la canción.

Su ADN latino late con fuerza en Miami Mambo System, proyecto que cofundó en 2021, en plena pandemia. Con ese ensamble grabó One, un álbum de seis temas que mezcla música latina con rock en inglés y que se nutre de colaboraciones con instrumentistas de la escena miamense. El resultado es una carta de presentación que exhibe su gusto por el cruce de géneros sin artificios.

Camino al éxito

Antes de asentarse en Florida, Solórzano curtió escenario en Venezuela. Fue bajista interino de Mermelada Bunch, banda célebre por su potencia en vivo, donde asumió la responsabilidad de suplir al titular en presentaciones nacionales. También integró Nauta, proyecto gestado por exintegrantes de Voz Veis, con quienes grabó el álbum Al Natural en 2013 y giró dentro y fuera del país. Aún más atrás, formó parte de Grupo VIA, agrupación de alta rotación con un promedio de seis conciertos por semana, escuela decisiva que afinó su resistencia, precisión y lectura colectiva.

La formación académica apuntaló ese recorrido. En 2022 culminó Music Performance en Broward College, etapa en la que estudió jazz con docentes como Rodolfo Zúñiga y Jonathan Dadurka, y se adentró en música contemporánea, composición y tecnología musical. Ese cruce de aula y escenario se percibe en su sonido: pragmático, musical y atento al detalle.

Los reconocimientos acompañan su expediente. Fue distinguido con el Premio Mara de Oro en 2014 y el Mara de Oro Internacional en 2015, además de una nominación en 2017. En paralelo, su trabajo ha atraído el respaldo de marcas como Spector, Phil Jones Bass, LK Straps y Barefoot Buttons, sellos que suelen apostar por intérpretes consistentes y con proyección.

El retrato de conjunto es el de un músico que entiende el bajo como columna vertebral y paleta expresiva. Entre giras, grabaciones y una lista extensa de proyectos en Florida —de VAM Band y The Clique Band a Streetlight, The Negotiators, Wonderama, Kavilla Band y Night Horizon—, Solórzano acredita más de una década de trabajo profesional en dos países y una versatilidad que lo ha hecho transitable en cualquier tarima. Su historia no se cuenta con inventarios, sino con continuidad: estudio, práctica, escenarios y una convicción sostenida de que la canción, sea cual sea su acento, siempre agradece un buen fundamento.

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