MIAMI.-Gran indignación es el sentimiento que provoca la película La red avispa (Wasp Network), al menos entre quienes conocen la historia real de esa conspiración tramada por los servicios de inteligencia cubanos para infiltrar las organizaciones del exilio en Miami y que dio por resultado sucesos tan abominables como el derribo en pleno vuelo de dos avionetas civiles el 24 de febrero de1994, donde murieron 4 jóvenes cubanoamericanos por los que aún no se ha hecho justicia.

El director y guionista francés Olivier Assayas intenta llevar al cine la historia de cinco espías cubanos, infiltrados en esa red, basándose en el libro del escritor brasileño Fernando Morais, The Last Soldiers of the Cold War. Pero olvidó que esta no es una de esas fascinantes historias de espionaje sacadas de la ficción, sino que se trata de hechos reales y que desempolvarlos, habría requerido investigar para evitar ahondar en heridas que aún están muy frescas en la memoria colectiva del exilio cubano de Miami. Los conocedores de los hechos, consideran esta obra cinematográfica como un insulto a la verdad, una oda inconcebible a la tan repudiada dictadura, que durante más de medio siglo ha causado tanto daño y separado a tantas familias.

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El filme ya había despertado polémica tras su pre-estreno en la pasada edición del Festival de Cine de Venecia, en septiembre, sobre todo, porque la trama, ambientada entre La Habana y Miami, viene acompañada por un reparto de talla internacional. Y ahora vuelve a dar de qué hablar después de su estreno en Netflix.

Si bien Wasp Network intenta atrapar al espectador con una trama de espionaje, desde el punto de vista dramatúrgico, llega a confundir con escenas interminables y constantes incongruencias, que saltan a la vista del espectador que conoce el tema o de quien haya vivido en la isla. La falta de trasfondo exuda por los poros de cada personaje y los aleja de la verdad. Tal vez ahí esté uno de los detalle que permiten devaluar el fil me: los personajes carecen de verdad. Y es difícil transmitir lo que no se tiene.

En su intento fallido de entrelazar las historias de esos cinco agentes del castrismo, que se infiltraron en los EEUU a inicios de la década de los 90 en busca de información que pudiera frustrar los esfuerzos organizados por los cubanos exiliados para liberar a sus país de un régimen totalitario, Assayas toma como eje central a la figura del agente René González, encarnado por el actor Édgar Ramírez.

En la piel de Ramírez vemos a un hombre que, cegado por ideales absurdos, abandona a su esposa e hija en la isla y que traiciona a su propio país de nacimiento porque nació en EEUU y acepta venir a espiar en favor de un gobierno extranjero. Penélope Cruz encarna a Olga, la esposa de González, una mujer dolida y aparentemente conformada, quien tiene que luchar por salir adelante con su hija en Cuba en medio de carencias.

Ni Ramírez ni Cruz convencen con sus actuaciones. El actor venezolano no consigue transmitir ese fanatismo que debió sentir González para arriesgarse a ser parte de la red de espionaje a la que también pertenecieran Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Fernando González.

Por otro lado, la española, musa de Almodóvar, se esfuerza tanto en imitar el acento de una cubana que olvida por completo el lado de las emociones del polémico personaje, ni siquiera las mostró en la escena que recrea el reencuentro familiar en el aeropuerto de Miami después de tantos años de separación.

La única cubana en el reparto principal es Ana de Armas, sin embargo los diálogos de su personaje con el del actor brasileño Wagner Moura, quien encarna al espía Juan Pablo Roque, se desarrollan en inglés. Sin poder dejar de mencionar que De Armas, siendo cubana, al asumir este papel debió haber tenido el cuidado de indagar un poco en la vida de Ana Margarita Martínez, la persona a quien le tocó representar, víctima de un engaño y despiadadamente utilizada para lograr los fines políticos del espía Juan Pablo Roque de quien conoció la verdad al día siguiente del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en lo cual Roque tuvo responsabilidad.

Gael García Bernal fue quien logró interpretar con más naturalidad al cubano. Pero tampoco consigue brillar en el rol de Gerardo Hernández, líder de la organización de espionaje que fuera desmantelada por el FBI.

Entre todas las escenas, se roban el show las de la niña de un año que personifica a la bebé que René y Olga tuvieron en Miami. Cruz contiene las lágrimas ante las situaciones que vive su personaje. Ni siquiera logra conmover el rostro de angustia que intenta hacer De Armas cuando en su personaje, Ana Margarita Martínez, descubre que fue engañada por Roque, el supuesto piloto desertor que resultó ser un doble agente.

Si bien la magia del séptimo arte pudiera sustentar que los actores desarrollen una trama ajena a sus realidades, culturas o sentido de pertenencia, el propósito del cine que, además de entretener, debiera ser retratar las sociedades y documentar la historia, no debe admitir falsedades por el mero objetivo de glorificar un sistema político represivo que atropella la dignidad humana y mutila los sueños de quienes lo padecen, un sistema que ante los ojos del mundo ha probado ser insostenible.

Habría que preguntarle a Olivier Assayas qué lo motivó a llevar esta historia al cine. Y aunque éste intentara explicar que se trata de una obra de arte y debe ser considerada como tal, más allá del bien y del mal o encima de cualquier pensamiento político, sea cual sea su respuesta, no convencería a los que ya ofendió.

La película de Assayas también atenta contra la reputación de grupos activistas dentro de los cuales se infiltró la red de espionaje como la Fundación Nacional Cubano Americana y Brothers to the Rescue (Hermanos al Rescate), insinuando que esta última, que se dedicaba a rescatar a balseros que huían de Cuba en embarcaciones endebles exponiendo sus vidas en el estrecho de la Florida, tuviera algún tipo de nexo con el narcotráfico.

Abominable es la escena que tan descuidadamente recrea el derribo, en 1994, de las dos avionetas de Hermanos al Rescate, con embarcaciones de combate al mando de la Fuerza Aérea cubana, un hecho que conmovió a la comunidad cubanoamericana en Miami, un acto terrorista por parte del régimen que los cubanos de este lado no olvidan.

Entre tantas incongruencias y falsedades, se pudieran rescatar dos verdades: que los cubanos pasan las de Caín para salir de Cuba, porque las autoridades de la isla acostumbran a entorpecer los planes de salida solicitando a última hora algún documento para dar continuidad al proceso, tal como le ocurrió la propia esposa del espía cuando se propuso reencontrarse con él en Miami.

Son tantos los agravios cometidos en esa película que hasta la trayectoria de personalidades de reconocido liderazgo como José Basulto y Jorge Mas Canosa resultaron puestas en tela de juicio.

En medio de la polémica que ha desatado La red avispa, ya existe una petición en la plataforma Change.org para que sea eliminada de Netflix. Si producciones emblemáticas como Lo que el viento se llevó han sido boicoteadas en estos tiempos, no sorprendería que Wasp Network corriera la misma suerte. Y debería suceder, con mucha más razón.

FUENTE: REDACCIÓN

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