MIAMI.- WILMA HERNÁNDEZ
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@whernan
El pianista estadounidense interpretará varias joyas del legendario compositor cubano
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Desde que un viejo amigo, un rabino ortodoxo, le sugirió escuchar la música de Lecuona, Thomas Tirino se ha dedicado a rescatar su legado, que corrió el peligro de desaparecer para el deleite de las nuevas generaciones.
“Al principio me resistí porque yo soy un pianista clásico. Tuve las grabaciones en mi casa seis meses, hasta que un día las escuché cuatro veces seguidas porque no podía creer lo bella que era su música”, expresó Tirino a DIARIO LAS AMÉRICAS.
El pianista rendirá tributo al legendario compositor cubano Ernesto Lecuona este sábado, en el Miramar Cultural Center, a las 7 p.m.
Esta vez interpretará La malageña, La briza y yo, Damisela encantadora, Siempre en mi corazón, La comparsa y María La O, entre otras joyas del afamado pianista, cuya mezcla del estilo clásico y popular cautivó el interés artístico de Tirino.
“Su música es una combinación de lo popular, lo latino y lo clásico. Era un hibrido atractivo para toda clase de audiencia, no solo para los hispanos”.
El estadounidense, de origen argentino, está a cargo de reeditar la música del afamado pianista. En sus investigaciones descubrió que Lecuona solía revisar su obra, pues en ocasiones la musa le llegaba en lugares inesperados y se excusaba para anotar las letras.
“El hombre era un genio. Su estilo de composición era fluido. De repente estaba hablando con alguien y pedía permiso, y se iba a otra habitación a escribir música en una servilleta”, expresó.
“Era un hombre de carácter universal y perfeccionista en el sentido que a través de los años constantemente revisaba su trabajo”, agregó.
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Tal vez por eso ha encontrado tantas discrepancias entre las partituras y grabaciones de Lecuona, que subsecuentemente Tirino ha adoptado a través de su reedición.
Asegura que la musicalidad se desbordaba del hombre cuya figura fue esencial en el desarrollo de la escena artística cubana, incluso del teatro musical.
Además de tratar de rescatar el aspecto clásico en las composiciones de Lecuona, que considera destruido al caer en manos de “pianistas de coctel” tras su muerte, quiere que el público y los músicos emergentes conozcan su estilo de interpretación.
Resaltó la habilidad de la mano surda del concertista con la que replicó el sonido del tambor en La comparsa, una de las piezas con la que presentó los ritmos afrocubanos en los conciertos de piano.
“Era zurdo. Tenía una mano zurda muy poderosa, y muchas de sus piezas originales muestran la dificultad del pase de la mano zurda, que es algo demandante del pianista”, explicó.
El pianista, cuya música lo ha llevado alrededor del mundo, contó que rescató la letra de la danza cubana Futurista.
“Obtuve la copia y pasé más de dos meses escuchando y copiando la música, nota por nota, de esta grabación de Lecuona y ahora la pieza existe otra vez”.
Nacido en Guanabacoa, La Habana, Cuba, Ernesto Lecuona compuso su primera pieza a los 11 años. Comenzó a estudiar piano a temprana. Luego continuó sus estudios y se gradúo en el Conservatorio Nacional de La Habana a sus 16 años antes de que despegara su carrera internacional.
