Ha pasado poco más de medio siglo desde que el cineasta y periodista cubano Jorge Sotolongo se acercó al jazz. Recuerda que donde primero leyó sobre este género musical, que desde entonces se adentró en su vida, fue en Lunes de Revolución, el suplemento cultural del periódico Revolución, cuyo primer número salió el 23 de marzo de 1959 y el último el 6 de noviembre de 1961, clausurado por la ideologización de la cultura y la censura impuestas por el régimen de Fidel Castro.
El jazz, la música del enemigo
“Jazz. Una palabra inquietante me remitía a un mundo de libertad creativa e improvisación. Eran tiempos donde aún no se avizoraba fácilmente la pesadilla, aunque no tardaron mucho en aparecer los rasgos dictatoriales. No hubo que esperar a los 70 para que el jazz fuera visto como ‘la música del enemigo’. Desde antes ya se experimentaba la intransigencia contra todo lo que viniera de EEUU, contra el rock and roll, contra Elvis, contra Paul Anka o los Beatles. A Lunes de Revolución se le criticaron, entre otras cosas, aquellas reseñas sobre el jazz, ‘música imperialista’ que nació del góspel del blues, de la queja de los esclavos en los algodonales. ¡Ah de la incultura!”, exclamó Jorge Sotolongo en exclusiva con DIARIO LAS AMÉRICAS, cuyo documental Jazz Latino se exhibe este jueves 15 de diciembre a las 9pm en el club Habana 305 de la Pequeña Habana.
Nunca olvida que descubrió a su ídolo, Miles Davis, cuando tenía 15 años. Su célebre Kind of blue, uno de los discos más importantes de la historia, marcó su amor por el género: “Luego pasé todas las etapas de mi generación ante el jazz y sus diversas fusiones. Disfruté la Orquesta de Música Moderna, a Felipe Dulzaides con Sergito Vitier en la guitarra tocando en los clubes La Red y Kasbah. Rembert Egües, el hijo del glorioso flautista de la orquesta Aragón, tocando el vibráfono con el grupo Los Armónicos de Dulzaides en el hotel Riviera. Recuerdo a Paquito D’ Rivera, flaco y con boina. Después llegó Irakere, con aquella fusión maravillosa de Mozart, tumbadora con saxo y bembé de barrio. Y otros más. De ninguna manera podía dejar pasar la oportunidad que me brindó el Instituto de Estudios cubanos y cubanoamericanos (ICCAS) para además de realizar un documental, una de mis pasiones, también contar la historia de un amor de toda mi vida”, expresó el cineasta, quien primero se exilió en España en 1985 para finalmente afincarse en Miami desde 1991.
“No soy músico ni musicólogo. Soy un amateur, un enamorado del jazz en general y del jazz latino en particular, que durante décadas ha disfrutado y estudiado el género. Este es un documental de corte didáctico, que primero hace una reseña del surgimiento del jazz y luego del nacimiento del jazz latino. Se habla del origen del tres-dos cubano que proviene de la contradanza. Por supuesto el documental no es infinito. Así que se concentra en la primera pieza reconocida del género, que es Manteca de Chano Pozo y Dizzie Gillespie, aunque en la entrevista el propio Gillespie reconoce que se habían hecho otros intentos de incluir ritmos cubanos”, adelantó.
Con Jazz Latino quise descansar de la política y de Castro
Según Sotolongo, se acostumbró en la televisión a narrar él mismo los reportajes que producía: “No lo hacía tan mal y además ahorra presupuesto. Claro, a veces hay que tener figuras como las que usamos en la Breve Historia de Cuba, también producido por el ICCAS. ¿Y quién mejor que Andy García para ello? Como realizador uso los recursos según las necesidades y objetivos de cada obra”, explicó el también autor de una serie documental dedicada a desentrañar los secretos y mitos de Fidel Castro y la llamada “revolución” cubana.
“Con Jazz Latino tal vez quise descansar un poco de la política y de Castro. Tengo ya hechos Los secretos de Castro, Los mitos de Castro y La verdadera historia de Fidel Castro, éste último escrito por Carlos Alberto Montaner. Y sueño con pronto tener la financiación para hacer La economía según Castro. ¿No te parece que me merezco un descanso?”, preguntó entre risas Sotolongo.
En los años 70’ comenzó a trabajar en el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), creado en 1959 por el régimen para centralizar la producción fílmica en el país. “Allí aprendí lo poco que sé. Escribí mis primeros guiones de ficción como Rancheador y Maluala, me convertí en director asistente de largometrajes como El brigadista y Patakin y en director de documentales. Tanto Titón (Tomás Gutiérrez-Alea), que fue mi gran amigo, como Manuel Octavio Gómez, cineasta organizado y muy profesional, me enseñaron mucho en el ICAIC”, dijo Sotolongo, quien ha trabajado como productor, entrevistador y reportero en varios canales de la televisión del sur de Florida, y además tiene su propia productora, Blue Nite. Y agregó:
“En la isla hay gente con mucho talento. Fernando Pérez, de mi generación, se ha convertido en un maestro de la ficción. Y en el documental hay verdaderas joyas. Talento cubano sobra dentro y afuera. Mario Crespo anda haciendo de las suyas por Venezuela y Rolando Díaz sigue consolidando la obra que empezó en la Habana. No se puede con todo el talento artístico, en música, baile, literatura, artes plásticas o cine, que derrocha nuestro pueblo. También hay excelentes documentalistas cubanoamericanos, que abordan nuestros temas en inglés”.
En Miami sobran temas para hacer buenos documentales
Según Sotolongo, “en Miami sobran temas para hacer buenos documentales, temas que a veces están presentes en programas informativos pero que donde pueden desarrollarse mejor es el documental. Es una lástima que nuestra televisión en español no le dé más calor a los documentales y a los reportajes de elaboración cinematográfica. Algunas veces, en época de ratings, se hacen series documentales interesantes, pero no es lo habitual. En Miami falta una inversión seria en el cine documental y en proyectos comerciales de bajo presupuesto que estoy seguro rendiría frutos. Lo que hace falta es ganas, pues hay talento. Mira el éxito de Alexis Valdés en el teatro de Miami, cuando hasta hace poco se decía que a la gente de Miami no le interesaba el teatro. Todos los géneros gustan. Lo que pasa es que el cine, sobre todo la ficción, necesita un poco de más dinero y muchos de los que están buscando inversión creen que poner su dinero en bienes raíces es mucho más seguro. Y ahí se quedan, perdiéndose todo un universo de posibilidades. Pese a todo, hay un grupo de realizadores en Miami que continuamos insistiendo con un género que en definitiva tiene millones de seguidores, que están aquí mismo, esperando los muchos buenos documentales que se pueden hacer”.
El documental Jazz Latino se exhibe el jueves 15 de diciembre a las 9pm en el club Habana 305. Luego de la proyección se realizará la tradicional descarga de jazz de los jueves en el club de la Pequeña Habana. 2007 SW 8th St, Miami, FL 33135. Telf. 305 456 0891.