Íntima y sobrecogedora, Detrás de mis ojos es una memoria sombría e inesperadamente dulce del más oscuro día de la historia de Nueva York. Como páginas de un diario personal rescatado al pasar los años, Iván Acosta reconstruye con modestia de artesano aquellas horas amargas y confusas que en forma de vídeo había grabado y luego guardado en una gaveta tras el atentado contra las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.
Desde su balcón del Manhattan Plaza, a la altura de un piso 42, el autor instaló un nada pretencioso observatorio videográfico desde el cual una cámara oblicua y sosegada —sin el menor apuro o sobresalto —recoge nubes de humo y rencor, pájaros trastocados, helicópteros en inútiles vuelos de rescate y rascacielos que se desvanecen como columnas de miel.
En lo que la familia toda se asoma a cada rato al balcón, sin casi proponérselo, la cámara de Acosta viaja como puede al vértice del horror donde la Gran Ciudad, que nunca había conocido una guerra, nos aguarda ahora envuelta en una extraña sensación de crepúsculo, sumida en el desasosiego que la embargará largo tiempo.
Detrás de mis ojos es una película pequeña que funciona precisamente por la economía de un planteamiento exento de artificios. La edición de Raúl Barcelona es sobria, sin alardes vertiginosos o yuxtaposiciones montajistas. Acosta comparte un guiño de familia al concluir el corto con un tema de su hijo Amaury, músico emergente en la escena del jazz latino.
No obstante, tiene el buen tino de incorporar al músico Alfredo Triff quien brillantemente saca partido de la más sencilla escena sin olvidar la importancia del silencio: su banda sonora es una pátina de alucinación que refuerza las imágenes que discurren acompasadas entre el constante rugir de sirenas.
Bastan poco más de treinta minutos para revivir con un dolor nuevo lo que fue aquella mañana de septiembre: en este relato vemos y sentimos la ciudad como cadáver pestilente, como un fantasma que camina sobre vidrios rotos.
Sin embargo, hay redención tal como la hubo para Nueva York: casi veinte años más tarde, el autor, obviamente menos joven, encamina sus calmados pasos hacia un moderno templo a la memoria, una estación de trenes salida de la mente endemoniadamente genial de Santiago Calatrava. Allí es donde Acosta termina su memoria, donde celebra la vida, la esperanza.
Sobre el director
Nacido en Santiago de Cuba, Iván Acosta, dramaturgo y cineasta, se exilió en Manhattan desde 1961. En 1972 fundó el Centro Cultural Cubano de Nueva York, donde estrenó en 1977 su obra teatral El Super, llevada al cine (Leon Ichaso-Orlando Jiménez Leal, 1979) y considerada la película más significativa del exilio cubano. Otros de sus filmes son: Amigos, Rosa y el ajusticiador del canalla, Cómo se forma una rumba y Cándido manos de fuego.
Estreno de Detrás de mis ojos en Miami
La película documental se estrena el próximo sábado 11 de septiembre, a las 6 pm, en el Tower Theater (1508 Sw 8 St.) en la Pequeña Habana con la presencia de su guionista y director Iván Acosta; Alfredo Triff autor de la música original; y el profesor y fotógrafo Raúl Barcelona, editor de la cinta. El evento será presentado por el periodista y cineasta Luis Leonel Léon, quien entrevistará a Acosta y abrirá un diálogo con el público. Acosta firmará allí su libro El Super (edición especial 40 años. Colección Fugas), obra llevada con éxito al cine en 1979 y considerada película más significativa del exilio.
Boletos a la venta en la taquilla del teatro a partir de las 5 pm. Las entradas tienen un costo de 10 dólares. Para boletos acceda a este enlace.
Por Jorge Ulla
*Jorge Ulla es cineasta y escritor cubanoamericano.