MIAMI.- En su libro Ansiedad Cultural, Rafael López Pedraza (uno de los padres de la Psicología Arquetipal) explora cómo uno de los factores de la evolución del ser humano puede estar vinculado a su zona de inferioridad psicopática. Parafraseando, López nos habla del hombre primitivo Homo Hooliganensis que, gracias a su comportamiento como “pandillero”, pudo enfrentarse a depredadores que lo superaban en fuerza. Una actitud que, aunque parece de una época lejana, sigue todavía vigente en nuestra sociedad moderna y que se exacerba en situaciones donde la ley del más fuerte prevalece. Visto desde esta perspectiva, no es de extrañarnos que muchas historias post-apocalípticas estén llenas de personajes psicopáticos que, en muchas ocasiones, hacen que monstruos y zombies se queden cortos frente a la verdadera oscuridad que puede esconderse en el corazón de los seres humanos. Es precisamente esta mirada la que explora el filme 28 Years Later: The Bone Temple, la tercera entrega de esta franquicia que, al igual que su predecesora, será la delicia de los amantes del género.
Continuación directa de 28 Years Later, la historia sigue a Spike (Alfie Williams), un adolescente que abandona la seguridad de su hogar para adentrarse en un territorio inhóspito plagado de “infectados” (humanos transformados “zombies” sumamente violentos). Una decisión que lo llevará a toparse con Sir Jimmy Crystal (Jack O´Connell), el líder de un culto religioso creado por él mismo y conformado por 5 adolescentes que torturan y matan a cualquier persona que se encuentre en su camino. Un encuentro fortuito que obligará a Spike a decidir entre unirse al culto o ser asesinado. En paralelo, seguimos al Dr. Kelson (Ralph Fiennes), un médico que vive aislado en el medio del campo y que erigió una suerte de templo hecho de huesos para conmemorar a los seres humanos que han muerto durante todos estos años. Bañado en yodo para evitar el contagio con el virus y armado con dardos narcóticos, Kelson comienza a establecer un vínculo emocional con Samson (Chi Lewis-Parry), el “Alpha” de los infectados (por ser más grande y fuerte que el resto) y que podría transformarse en la clave para entender qué sucede con los humanos luego que se contagian.
Escrita por Alex Garland (28 Days Later, 28 Years Later, Annihilation, Ex-Machina), 28 Years Later: The Bone Temple es un díptico que se construye a través de la travesía de un adolescente y un viejo para explorar las polaridades que generan contraste entre una trama y otra. Spike debe sobrevivir al trauma de presenciar muertes violentas mientras que Dr. Kelson vive en un profundo ascetismo abrazando el final de sus días con el mantra Memento Mori. Spike debe viajar de un lugar a otro sin rumbo ni centro; Dr. Kelson ha construido un hogar entre huesos e intrincados mecanismos bajo tierra. Spike se enfrenta a los horrores del fanatismo religioso y la despersonalización que genera; Dr. Kelson, a pesar de ser un ateo, experimenta una profunda conexión espiritual con el todo. Spike ve en sus homólogos a unos demonios que lo pueden llevar a perder su alma; Dr. Kelson recupera parte de su corazón al descubrir la “humanidad” dentro de un “monstruo” que es capaz de sentir y comunicarse. Dos historias que, desde el primer momento, están destinadas a chocar y producir una transformación profunda en ambos personajes (y la audiencia).
Si 28 Years Later fue un coming of age donde un adolescente se rebela a papá y debe lidiar con la muerte de mamá, 28 Years Later: The Bone Temple, marca la pérdida de la inocencia de Spike al verse confrontado con el lado más psicopático de los seres humanos (hasta el punto de hacer ver la amenaza de los infectados como una preocupación secundaria). Sir Jimmy Crystal y su banda recuerdan a los niños de El señor de las moscas que, al estar abandonados y expuestos a peligros, crearon su propio sistema de valores —completamente desviado— donde la religión y algunos recuerdos de la infancia —como los Teletubbies— alimentan una fantasía post-apocalíptica que les permite darle rienda suelta a sus impulsos más destructivos e inhumanos (dejando en pañales a los droogs de Alex en A Clockwork Orange). Un cocktail que sumado a un entorno hostil y la ausencia del desarrollo del lóbulo frontal de los chicos los transforman en unas máquinas de matar sin empatía ni posibilidad de visión a largo plazo (a diferencia de Spike que creció dentro de una sociedad “normal” y en el seno de una familia). En la otra antípoda, esta entrega profundiza en el lado más humano del excéntrico Dr. Kelson (el mejor personaje de 28 Years Later), enseñándonos cómo vive el día a día aferrándose a esos pequeños detalles que le permiten conservar su alma (como escribir, estudiar, bailar, cantar, ver fotos, etc). Una práctica que le permite mantenerse cuerdo y le da la posibilidad de construir un nuevo —e inesperado— vínculo emocional a través de la música, la contemplación y los estados alterados de conciencia en una dinámica donde la amistad transforma la pulsión de muerte en vida.
Nia DaCosta (The Marvels, Hedda) toma la batuta de la dirección en esta entrega y, sin dejarse eclipsar por la impronta de Danny Boyle, le imprime a 28 Years Later: The Bone Temple su propia personalidad con un manejo del suspenso impecable, registros que van desde la comedia más pueril hasta el gore —que hará remover a varios en su asiento—, uno que otro jumpscare y momentos sutiles cargados de una poesía hermosa. Así como Boyle puso el acento en lo impredecible de los zombies y la tensión del campo abierto —donde los infectados se agazapan para aparecer en cualquier momento—, Nia se enfoca en la violencia cruel y premeditada de los seres humanos, construyendo el suspenso en espacios contenidos donde el contexto crea un ticking clock que nos hace esperar constantemente una tragedia. A pesar de esto y detrás de su desmedida violencia —que supera a 28 Years Later—, la película nunca pierde su sensibilidad y nos regala en el Templo de Huesos otra profunda cavilación sobre la muerte y lo que nos hace humanos a todos. Parte de esto se debe la maravillosa actuación de Ralph Fiennes —a quien amamos todavía más que en la película anterior— y de Jack O´Connell (de lejos, el mejor antagonista de toda la saga y personaje memorable que de seguro veremos en los disfraces de Halloween de este año). Alfie Williams sigue robándose nuestro corazón y hace gala de su amplio rango actoral. La grata sorpresa de esta película, sin lugar a dudas, es Chi Lewis-Parry que, a pesar de ser un personaje aparentemente más “físico” que “psicológico”, nos comunica con su mirada y uno que otro gesto su complejo proceso de transformación.
Igual que su propuesta narrativa 28 Years Later: The Bone Temple tiene un look and feel diferente de sus predecesoras. El montaje de Jake Roberts (Civil War, Men, Alien: Romulus) está más cercano al tempo clásico del género que a la experimentación, pero brilla cuando debe construir angustia in crescendo (y, sin lugar a dudas, nos regala la mejor secuencia de la película al ritmo frenético de Iron Maiden). La música de Hildur Guðnadóttir (Joker, Chernobyl, Hedda) crea una atmósfera tensa y melancólica con varios temas que se quedan grabados en nuestra mente —sin robarse demasiado el protagonismo como lo hizo en Joker. La cinematografía de Sean Bobbit (Hedda, The Marvels, Judas and the Black Messiah) dota a la película de una estética mucho más cuidada y preciosista (marcando la diferencia con la anterior que era mucho más cruda y orgánica), especialmente en la iluminación con velas y fuego del Templo de huesos (dotándolo de un magnetismo hipnótico y hermoso).
20 Years Later: The Bone Temple es una secuela que, aunque no era necesaria, una vez que la disfrutas en pantalla grande agradeces que exista. A través de sus personajes excéntricos y paisajes post-apocalípticos, la historia nos advierte sobre el peligro de los falsos mesías y la facilidad que tenemos para caer en su influjo (hasta el punto de confundir la caridad con violencia y a Dios con el Diablo). Con su violencia desmedida y psicopatía rampante nos recuerda que, hasta en el peor de los escenarios, debemos aferrarnos a eso que nos hace humanos y jamás perder la capacidad de empatizar con el otro. Temas profundos que 20 Years Later: The Bone Temple explora con desparpajo y sin mayores aspavientos sin que eso vaya en detrimento de la solemnidad que algunos momentos ameritan. El resultado final es una película que, a pesar de confrontarnos por una hora y media con el horror, nos termina sacando una sonrisa y haciendo que nos reconciliemos con esa bondad innata que también reside en nuestros corazones y nos invita a creer vehementemente en un futuro mejor. Volviendo a la tesis de López, si ser pandilleros nos hizo evolucionar, sin lugar a dudas, tener alma es lo que nos ha ayudado a perdurar.
Lo mejor: la actuación de Ralph Fiennes y Jack O´Conell . La utilización de la violencia física y psicológica para construir la tensión. La secuencia que da paso al tercer acto. Su propuesta visual y narrativa la separa por completo de su predecesora.
Lo malo: aunque intenta sostenerse por sí misma, depende por completo de la entrega anterior para su impacto emocional. Aunque el epílogo es una grata sorpresa para los fans, no hay un destino claro de hacia dónde puede ir ahora la franquicia.
Sobre el autor
Luis Bond es director, guionista, editor y profesor especializado en cátedras de guion, construcción de personajes, dirección, mitología, arquetipos y lenguaje simbólicos. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes, miembro de LEJA y Florida Film Critics Circle. Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología.
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