miércoles 7  de  diciembre 2022
TURISMO

Girona, la ciudad que sorprende en el interior de Cataluña

El ambiente es especialmente animado por la noche, cuando se retiraron los que la vinieron a visitar por el día. Entonces, las voces se hacen fuertes en las terrazas de los restaurantes de las arcadas de la Plaza Independencia

20 de septiembre de 2019 - 18:09

"Aquí no quiero vivir nunca". Eso fue lo primero que pensó Quim Puerto cuando a los ocho años tuvo que ir a un médico en Girona. En aquel entonces, a este niño de la costa catalana la ciudad del interior le pareció "húmeda y descuidada".

Hoy Puerto tiene 45 años y su imagen de la ciudad se transformó considerablemente: Desde hace década y media, este licenciado en turismo vive allí y está encantado con lo que ofrece Girona: "la concentración de 2.000 años de historia, la cultura y la gastronomía".

Lo que más le gusta de Girona es la zona que está junto al río Onyar. En el agua se reflejan los coloridos edificios, levantados como con ladrillos de Lego, a los que se suman las torres de la Catedral y la Basílica de Sant Feliu.

Antes sólo se iba a Girona cuando llovía en la costa, dicen las malas lenguas. Y eso que ya en los años 60 el escritor catalán Josep Pla (1897-1981) hablaba maravillas de la ciudad: Girona tiene "una personalidad inmensa", es "una ciudad perspicaz, que se preservó a lo largo de los siglos, una ciudad de sensibilidad acumulada, de fuerzas espirituales inagotables, sorprendente".

De hecho, hay muchas vistas sorprendentes: Callejones, plazas, empedrado, fachadas de piedra, cafés al aire libre, balcones repletos de macetas, plantas colgantes y ropa puesta a secar al sol se unen en una especie de mosaico.

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Las fachadas coloridas de las casas se reflejan en el río Onyar.

Las fachadas coloridas de las casas se reflejan en el río Onyar.

El ambiente es especialmente animado por la noche, cuando se retiraron los que la vinieron a visitar por el día. Entonces, las voces se hacen fuertes en las terrazas de los restaurantes de las arcadas de la Plaza Independencia. Y en el Call, el antiguo barrio judío, vuelve a reinar el silencio, mientras las luces de las farolas descienden por las escaleras de piedra y los pasamanos de metal.

Esta imagen tan idílica en realidad tiene detrás una historia trágica. El Call en torno a las callejuelas de Força y Sant Llorenç era en la Edad Media el barrio judío de Girona, uno de los más grandes de España. Había sinagogas, baños, una escuela de cabalá, edificios de viviendas con patios interiores y jardines.

De Girona salieron sabios, poetas y médicos, pero a la larga aumentó la intolerancia hacia los que profesaban otra religión. Un pogromo en agosto de 1391 supuso el inicio de la expulsión de los judíos de Girona. El tema es profundizado de forma elaborada en el Museo de Historia de los Judíos.

Mientras que en el histórico barrio judío realmente vivían judíos, en los llamados "baños árabes" (banys arabs) seguramente no se bañó ningún árabe. El edificio de la Alta Edad Media fue hecho a imagen y semejanza de los antiguos baños árabes. Desde allí, es muy fácil llegar hasta el paseo de la muralla de la ciudad, cuya entrada gratuita es una amable señal de bienvenida.

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Los restaurantes son un lugar ideal para pasar la velada en la Plaza Independencia.

Los restaurantes son un lugar ideal para pasar la velada en la Plaza Independencia.

La mirada se topa entonces con la catedral, hacia la que sube una amplia escalinata, sobre la que es habitual encontrar turistas sacándose selfies en posiciones absurdas. Josep Pla escribió en su momento una alabanza al "gótico inaudito, señorial" del templo, que no merece "uno, sino cientos de visitantes".

Un pasado más cercano es el que se puede explorar en la Casa Masó del arquitecto Rafael Masó (1880-1935). Jordi Falgàs, director de la Fundación Rafael Masó, a veces encabeza personalmente las visitas guiadas por "esta casa típica de la burguesía de hace cien años", que Masó reformó en el estilo del novecentismo, el neoclasicismo catalán.

La propiedad junto al Onyar es tan original y vanguardista como aquello que el herrero artístico Sergi Cadenas hace en su taller "Ferros d'Art Cadenas" honrando la tradición familiar y lo que Sergi Ballús y Rose Rivas preparan en el restaurante "Occi" en el caso antiguo.

Es típico de la cocina de Girona combinar elementos de "mar y montaña" ("mar i muntanya"), algo que la pareja de cocineros Ballús y Rivas también practica de forma privada. "Patas de cerdo con langosta" es el plato favorito de Rose de los que prepara Sergi. Claro que éste no aparece en la carta del restaurante, explica Sergi Ballús. "Lo bueno es entonces que uno se puede chupar los dedos sin vergüenza de estar en público".

FUENTE: dpa

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