BUENOS AIRES.- El argentino Kike Ferrari, quien se reparte entre la creación literaria y su trabajo en el metro de Buenos Aires, se manifiesta cómodo con la clasificación de "escritor proletario". Mientras tanto, Alfaguara recupera por estos días su novela de culto "Que de lejos parecen moscas" y próximamente publicará su nuevo libro "Todos nosotros".

El autor de novelas y cuentos del género negro desciende seis días por semana las escaleras del subterráneo para limpiar en la línea B, a la vez que escribe cuando puede y dicta un taller literario.

En diálogo con dpa, Ferrari (Buenos Aires, 1972) considera que tanto la literatura como un empleo en el metro son oficios en los que "tenés que saber usar las herramientas, tenés que saber qué herramienta va para cada cosa, tenés que saber cuándo hacer las cosas y cuándo no, tenés que conocer los tiempos".

El escritor, "de alguna manera, no es muy distinto al tipo que limpia el subte de noche. Es como un fantasma. Estás generando la narración del día siguiente: el subte cierra las puertas y se apaga todo y al día siguiente, cuando se abre, está todo como lo dejamos, generando una narración que todos los pasajeros compran", señala.

Ferrari se muestra entusiasmado con la reedición de la premiada "Que de lejos parecen moscas": "No creo en la literatura como ejercicio privado. Para mí la literatura implica un diálogo con los lectores, un diálogo de la mejor manera, diferido además".

"Yo escribo un día en mi casa, solo, y alguien más en otro momento completa el diálogo. Y en ese sentido la buena nueva es que voy a dialogar con un montón de gente. Y termina con la pregunta maldita, que es '¿Che, y tu libro dónde lo consigo?'", cuenta en un café porteño, con su uniforme azul de trabajador del subte que deja a la vista varios tatuajes en sus brazos.

"Que de lejos parecen moscas", ganadora del Premio Memorial Silverio Cañada a la mejor ópera prima criminal en la Semana Negra de Gijón en 2012, se publicará más adelante en Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Su trama se centra en Luis Machi, empresario exitoso y sin escrúpulos que encuentra un cadáver en el baúl de su auto.

"Machi hace una versión última y fronteriza del individualismo liberal. Al tipo no le importa nada más allá de la punta de su dedo", analiza el autor de las novelas "Operación Bukowski" y "Lo que no fue" (primera mención del Premio Casa de las Américas).

El despreciable protagonista "es el representante de una forma de expresión de la burguesía argentina. Tipos que crecieron haciendo negocios con la dictadura, que se acomodaron rápidamente al juego de la democracia y a sus vaivenes, una burguesía muy rápidamente enriquecida, muy poderosa y muy iletrada".

"Así que entiendo que viene a representar, además de a sí mismo, un paradigma de quienes nos gobiernan hoy", comenta el escritor que también fue fletero y delegado gremial en el metro.

Ferrari cree que actualmente esta burguesía tiene aún más poder que cuando escribió la novela: "En mi recorrido vital nunca estuvieron tan fuertes como ahora. En otras épocas lo tuvieron que ganar a sangre y fuego; ahora, no hizo falta ni eso".

Su próximo libro, "Todos nosotros", no es una novela negra, sino que transita la ciencia ficción, mientras un personaje viaja en el tiempo para matar por encargo al asesino de León Trotsky. "Va a parar a (Ramón) Mercader en la puerta de Trotsky el 20 de agosto (de 1940)", adelanta.

El escritor, que participará el mes próximo en la 44 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y del Primer Encuentro Internacional de Literatura Negra México Noir, afirma que en las páginas del libro juega con "la confusión de lo que realmente pasa, lo que alguien imagina que pasa, lo que alguien escribe que pasa".

Ferrari destaca que hay múltiples voces hispanoamericanas "tensando la cuerda, estirando los límites" del género negro, entre las cuales cita a los mexicanos Befe Iris García Cuevas, el gallego Diego Amexeiras, el canario Alexis Ravelo, los argentinos Nicolás Ferraro, Juan Mattio, Marcelo Luján y Horacio Convertini, y los españoles Carlos Zanón y Cristina Fallarás.

Actualmente no puede practicar una rutina para la escritura: "Tengo 36 horas de trabajo asalariado por semana y tres niños, y mi mujer también trabaja". Mientras, observa que "cuando uno entra en este oficio, enseguida todo lo que era aburridísimo en el mundo se transforma en material narrativo. Todo puede ser algo que después vas a escribir".

El autor del libro de cuentos "Nadie es inocente" dice que no suele andar "con una agendita anotando". "Todas las experiencias de uno en un momento aparecen, filtran cuando ya están sedimentadas. En la novela nueva hay dos 'momentos subte', historias que crecieron dentro de mí y aparecen lateralmente. Probablemente en algún momento haya una historia que esté más directamente nutrida por el subte".

Entre las líneas de continuidad en su obra, Ferrari señala la aceleración, el redondeo de los finales y la multiplicidad de voces. "Como me parece a mí que se percibe la realidad: como un montón de murmullos y versiones, de cosas que se cuentan, de cosas que se escuchan, de retazos de información que llega. Así es como leemos, como vemos la realidad, como la construimos. Entonces así me parece que es la mejor manera de construir hoy el relato literario".

FUENTE: dpa

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