MIAMI.-La dramaturga Manuela Infante trae a las tablas del Miami-Dade County Auditorium la pieza Estado Vegetal el 20 y 21 de abril, en el marco de Climakeze Miami, un encuentro dedicado a las artes escénicas contemporáneas de Chile.

DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con la directora de teatro chilena sobre el monólogo que interpreta la actriz Marcela Salinas, a quien anhelaba dirigir en escena.

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¿Por qué recurres al monólogo para contar esta historia?

No concebí la obra como monólogo, simplemente tenía muchas ganas de trabajar con Marcela, que es una gran actriz chilena. Tenía ganas de darle toda la tribuna. Suelo trabajar así, primero armando un equipo creativo de gente que me interesa y luego descubriendo con ellas, los personajes, voces y demás elementos.

Desde hace algunos años, ha estado trabajando en resonancia con las ideas de una corriente de pensamiento contemporánea llamada "giro no humano" o "nuevos materialismos", asumiendo la tarea de imaginar cómo hacer un teatro no antropocéntrico y no humanista, enfatizando la agencia de lo no-humano y entendiendo el escenario como un lugar en que los humanos y otras fuerzas no humanas pueden funcionar en el mismo plano.

Creo que el ejercicio especulativo es fundamental para una profunda transformación de la manera en que nos entendemos a nosotros mismos como seres en el mundo. Conjeturar que el mundo es más que una construcción del ser humano, recordar que estamos rodeados de seres, cosas que exceden lo que sabemos o nunca sabremos sobre ellas, es una práctica que considero absolutamente necesaria hoy en día.

El teatro suele invitar a reflexionar, ¿qué reflexión o mensaje sobre la sociedad chilena dirías que transmite esta obra?

No reflexiona particularmente sobre la sociedad chilena, pero sí recoge varios personajes que son muy idiosincrásicos de Chile. Seres que por diversas razones son considerados, o han sido considerados históricamente "menos que humanos": un jardinero, una mujer, una niña muy particular.

El concepto de “lo humano” ha sostenido y justificado profundas explotaciones y exclusiones. No sólo hacia los no humanos, sino también hacia los humanos considerados menos humanos. En el fondo, “lo humano” es un concepto colonialista, capitalista y patriarcal, sobre el cual se ha apoyado una y otra vez la institucionalización del privilegio "por el bien de la humanidad".

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La dramaturga chilena Manuela Infante.
La dramaturga chilena Manuela Infante.

Pienso que es fundamental desarrollar una dramaturgia feminista. Y una dramaturgia feminista es una dramaturgia no-humanista. No es, por cierto, necesariamente una dramaturgia sobre mujeres, que tematiza a las mujeres, sino una dramaturgia que empieza por asumir la tarea de cómo se transforma, estructuralmente, la forma de los cuentos que nos contamos. Con Marcela trabajamos improvisando, ella buscando y creando los personajes específicos y yo estructurando la dramaturgia de manera de explorar nuevas formas narrativas vegetales. Esta es una dramaturgia vegetal, feminista y colaborativa.

Una misma actriz da vida a múltiple personajes, ¿cuál de ellos es imprescindible para contar la historia?

La verdad es que ninguno de ellos es imprescindible. En eso consiste precisamente la idea de hacer un monólogo ramificado y vegetal, con una actriz que vocea una multitud de personajes. Este es una ley del comportamiento vegetal. Las plantas no son individuos, son multitudes.

¿Qué han aprendido sobre las plantas durante la producción del montaje?

Descubrimos que las plantas desafían el concepto de individualidad, se comportan más como enjambres, como multitudes. Lo que hicimos para imitar la idea de una multitud con nuestra única actriz fue darle voces múltiples, simultáneas, hacerla polifónica.

Muy temprano decidí que no quería hacer una obra sobre plantas —no era tan ingenua como para pensar que podía hablar por ellas, representarlas o de alguna manera darles voz. Así que desarrollé un método para, en vez de hacer una obra sobre plantas, hacer una obra vegetal. Esto implicaba tratar de imitar las formas del reino vegetal como sistema con el cuerpo de la obra misma. Esto resultó en una estructura dramática ramificada, un diseño de luz fototrópico, una concepción polifónica de la actuación, por nombrar algunos de los muchos parámetros teatrales que se transformaron en el proceso. Lo vegetal transformó el teatro para nosotras. Asimismo, pienso que puede transformar otros quehaceres.

¿Cómo logra la intérprete prestar su voz a tantos personajes en Estado Vegetal?

Trabajamos con un pedal de loop, un dispositivo que algunos músicos utilizan para construir música en capas. Y lo que hicimos fue exactamente eso, construimos capas de voces, texto, para que ella pudiera tener una voz polifónica y convertirse, de alguna manera, en una multitud. Esto significaba también que, en cualquier momento, podía encarnar o prefiero decir vocear, a siete personajes diferentes. A veces todo al mismo tiempo. Un cuerpo atravesado por muchas voces.

¿Crees que los humanos tenemos algo que aprender de las plantas?

Es hora de recordar nuestro lugar en el mundo, que no es uno de centralidad. Creo que es importante recordar que ese límite humano/no-humano es un invento que ha servido muchas veces para justificar violencias contra todo tipo de otredades. Poner atención a como somos también no humanos, como estamos también atravesados y hechos de otras fuerzas, nos puede enseñar mucho. Las plantas son enjambres, descentralizados, de gobiernos locales, que se comportan como multitudes. Todas esas formas de comportamiento pueden servirnos de modelos para nuestros quehaceres.

Entiendo el teatro, no como un lugar para contar historias, sino como un laboratorio para hacer una especie de filosofía encarnada. Uso las obras de teatro y su estructura como ensayos, donde cada escena funciona como un párrafo, un punto de vista o una idea para filosofar de forma mucho menos domesticada.

¿Cómo descubres tu interés por la dramaturgia?

Me gusta filosofar en el teatro, porque a diferencia de la academia, el teatro permite lugares de oscuridad, de desconocimiento. En el teatro, el misterio puede ser una parte significativa de la experiencia. No todo tiene que ser traído a la luz. El teatro permite que el conocimiento reconozca sus límites y le da un lugar a aquello que resiste disolverse en el conocimiento humano.

Para mí la dramaturgia no es la práctica de escribir textos. Es más bien una forma de arquitectura, una organización de un recorrido. Piensa en cada habitación como una escena. La única diferencia es que este no es un recorrido especial, sino de pensamiento, de experiencia. Para mí, la dramaturgia es la construcción de ese camino. La organización de un espacio en el tiempo. Podría decir también que es la construcción de un ritmo, la práctica de estructurar un mundo multidimensional y complejo, que luego alguien recorrerá en el tiempo.

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