MIAMI.-- El teatro contemporáneo norteamericano tiene varios textos clave que de vez en cuando suben a escena, pero hay uno, ya clásico, si se permite el término, que no deja de estar sobre las tablas: La muerte de un viajante, la obra maestra de Arthur Miller (1915-2005) adaptada ahora en Miami por Arca Images, y en cartelera hasta este fin de semana para conmemorar los 250 años de Estados Unidos.
Bajo la dirección de Samantha Pazos y Nilo Cruz (este último, al igual que Miller, fue reconocido con el Premio Pulitzer de Teatro), Arca Images se encarga de recoger de manera muy lograda el ambiente de esta casa de familia estadounidense de la década de 1940, donde el autor centra el debate de lo que significa triunfar en la vida.
La puesta de Pazos y Cruz se ciñe al original, escrito en dos actos y con un réquiem final, mientras le da un vuelco visual con una escenografía muy creativa que logra, sin apenas movimiento, el paso del tiempo y los cambios de escena: Un panel fijo de maletas da el concepto del viaje, no solo en sentido literal, sino también como metáfora de la vida.
Un personaje tan complicado como el de Willy Loman, que se vale de incontables subterfugios para «venderse» -nunca mejor dicho- como un triunfador, necesita un intérprete de carácter. Willy Loman no es un protagonista cualquiera, sino una compleja maraña de autoritarismo y melancolía que Miller utiliza, según ha dicho la crítica, para desmontar el denominado «sueño americano». A lo largo de los años, ha estado en la piel de grandes actores como Dustin Hoffman.
A día de hoy, el dilema sigue vigente, o sea, funcionando como camisa de fuerza, ciertamente, en un mundo de oportunidades de trabajo que van y vienen, que se escamotean a veces, pero ponen en duda nuestro esfuerzo.
Al menos en Miami, es muy común escuchar una frase para resumir en seis palabras este fenómeno que Miller planteó filosóficamente: El techo te lo pones tú.
Pues bien, este el gran dilema de La muerte de un viajante, con la gravedad de implicar a los hijos.
El actor cubano Carlos Acosta Milián lleva a Willy Loman a una altura increíble. Lo borda, ciertamente, con una voz impostada que es capaz de sostener durante casi dos horas, sin que su magnífica interpretación pierda fuerza. Todo lo contrario: regula la energía a través de diferentes escenas para alcanzar la entrega total. De hecho, al final, en los saludos, se le nota con dificultades para salir del personaje.
A su lado encarnan correctamente sus roles Rosalinda Rodríguez, como Linda Loman; Guillermo Cabré, como Happy Loman; y Caleb Casas, en una entrega también para destacar de su Biff Loman, el hijo díscolo a quien Miller encarga la contraposición de lo que significa un «triunfador».
A ellos se unen la actriz Nabilah Fernández (La Mujer) y el intérprete Charlie Sothers, este último para presentar una memorable escena en el papel de Howard.
Pero la puesta, aunque logra magníficas transiciones en el plano temporal (solo con juegos de luces y voces en off), se hace larga y no queda bien claro un clímax que arranque los aplausos sin dudar.
La puesta de Pazos/Cruz asume todo tipo de riesgos. Primeramente al presentar esta versión en español, incluso con diversos acentos de los intérpretes, respetando todo lo posible la estructura original, y manteniendo el énfasis en la palabra, como reverencia a un texto que nunca pasa de moda. Luego, asumir una puesta en dos actos, aunque lo marque el original, es caminar por el filo de la navaja.
El resultado es loable y merece respeto, aun cuando se eche de menos algo de dinamismo. Marca sin lugar a dudas un hito de las tablas en Miami.
La muerte de un viajante es una obra viva. Una muestra de ello es que esta tragedia contemporánea está ahora mismo en cartelera en Buenos Aires y acaba de pasar por Broadway, con escenografías diferentes pero hablando de lo mismo: ¿Qué significa triunfar?
Alexa Kuve, la directora ejecutiva de Arca Images, anunció para noviembre «La historia del zoológico», de Edward Albee, otro imprescindible de la dramaturgia estadounidense.
Con estas producciones, según el programa de mano, la compañía, que está a punto de cumplir sus 25 años, «reafirma su compromiso con un teatro en español de alto nivel artístico, capaz de dialogar con los grandes textos universales desde una mirada actual, diversa y profundamente humana».
Su producción de La muerte de un viajante, presentada en el Westchester Cultural Arts Center, lo consigue.