MIAMI.- “La historia del filme es real porque sus personajes e intérpretes están viviendo algo muy similar ahora mismo. El trabajo fue una combinación de muchos experimentos porque existe muy poca literatura sobre el trabajo con actores no profesionales. Tuve la suerte de conocer a varios directores que me dieron algunos consejos, entre ellos Juan Andrés Arango, Tim Sutton y Óscar Ruiz Navia”, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS Jorge Thielen Armand, guionista y director de la película La soledad, que tuvo su estreno mundial en el 73° Festival de Cine de Venecia y que debutará en EEUU el lunes, 6 de marzo a las 7 p.m. en el Miami Film Festival, en el Tower Theater.

La soledad, además de ser el título de la ópera prima de este joven cineasta venezolano que actualmente reside en Toronto, Canadá, es también el nombre de la residencia en Caracas de sus antepasados: “La casa de la película es un espejo de la Venezuela de hoy, donde las generaciones cohabitantes por más de veinte años, se miran unos a los otros desde una sola perspectiva social real. Y esa mirada es la carencia, el miedo y la búsqueda fácil como una solución a los problemas que más nos afectan hoy: la falta de recursos básicos para sobrevivir. La imaginación sirve para construir una versión de la verdad y para instalar una narrativa que funcione dramáticamente”.

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Nunca entregó el guion al elenco

En el filme los actores se interpretan a sí mismos, un recurso que desde el inicio se hizo inevitable para el director ante la realidad que le urgía contar.

“El guion no tenía todos los diálogos porque queríamos dejar espacio para la improvisación. Yo nunca le di el guion a mi elenco. Les decía sobre qué iba la escena minutos antes de rodar y dejaba que dijeran las cosas a su manera. Muchas de las escenas contenían elementos idénticos a la realidad de ese mismo día. Entonces ahí se destapaban emociones inesperadas. Jugábamos con la improvisación y dejaba que los no actores aportarán sus ideas, a veces funcionaban y a veces no, pero lo importante era probarlas y hacerlos sentir que esta película también era suya. Incluso, parte del elenco trabajó directamente en el departamento de arte, construyendo sus propios espacios, con el propósito de hacer aún más suya la película”, relató Thielen Armand, quien coescribió el guion con Rodrigo Michelangeli.

Sobre el rodaje

Armand quiso filmar la película con la misma cautela que conlleva filmar las escenas de sexo en la gran pantalla.

“Quería una metodología de dirección actoral que fuese distinta. Para ello usé técnicas del cine documental porque me permitían acercarme a los personajes sin intimidarlos. Por ejemplo, un equipo mínimo, el ‘robo’ de planos, que es filmar cuando los sujetos no saben que están siendo filmados. Las luces eran muy pocas y siempre desde las ventanas. El equipo trabajó para mantener la intimidad en todo momento. Rodamos como si toda la película fuese una escena de sexo”, reveló.

En La soledad, José, el protagonista, intenta encontrar un mejor futuro para su hija en medio de la desesperanza que asedia al país sudamericano.

“Cuando se encuentra con un sistema que no le da soluciones, se conecta con los espíritus que habitan la casa para buscar un tesoro de ‘morocotas’ de oro que supuestamente está enterrado en la residencia. El protagonista le teme a la confrontación con los dueños de la casa. La opresión a su clase social parece formar parte de su ADN. Es la culpa del sistema. De alguna manera José supera este miedo cuando rechaza la ayuda monetaria de Jorge [otro personaje], o sea, la solución fácil y temporal”.

Escasez, inseguridad, fuga de talentos

En esta película se funden de manera especial el testimonio social y la inventiva de sus creadores: “La situación económica de Venezuela sin duda trajo muchos obstáculos, la escasez, la inseguridad y la fuga de talentos. Nuestra industria cinematográfica es pequeña y entonces se siente cada vez que alguien se va del país. Lo más grato de esta aventura fue filmar en Venezuela. La luz y el paisaje son muy especiales. Y allí están muchas personas que amo. Y un reto grandísimo fue el programa Biennale College, que financió la película, porque tuvimos que filmar y entregar la película en ocho meses”.

Para este joven realizador, el cine venezolano actual sufre la misma crisis que casi todos los aspectos del país, pero se siente orgulloso de los filmes que han logrado producir sus compatriotas en los últimos tiempos: “Estamos en un momento difícil. La taquilla está por el suelo. Pero hay una ola de películas venezolanas en este momento que están llegando muy lejos internacionalmente y estoy emocionado por ver lo nuevo. Ojalá se realicen más películas que hablen de los problemas que hoy afectan a todos los venezolanos”.

Thielen Armand es de los cineastas que sienten que las películas que más se recuerdan son aquellas que intentan decir algo más allá de su historia. En el caso de su ópera prima, su propósito es trasmitirle al espectador que “debemos rechazar las soluciones fáciles. El trabajo duro, la unión y la perseverancia son la manera de salir adelante”.

La soledad se proyecta el lunes 6 de marzo en el Tower Theater de la Pequeña Habana a las 7 p.m.

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