MIAMI— Hay un pequeño monstruo de ojos saltones, dientes prominentes, nariz heredada y pelaje colorido que se siente un poco decepcionado en el libro Monsta, publicado por Picarona, sello infantil de ediciones Obelisco.
MIAMI— Hay un pequeño monstruo de ojos saltones, dientes prominentes, nariz heredada y pelaje colorido que se siente un poco decepcionado en el libro Monsta, publicado por Picarona, sello infantil de ediciones Obelisco.
El protagonista de este álbum ilustrado había elegido intencionadamente a un niño para vivir bajo su cama. Su intención era, simplemente, hacer cosas escalofriantes y llenar la vida del niño de sustos. Se esforzó mucho, afilándose los dientes, poniéndose máscaras de terror y poniéndose los pelos de punta. Roía los postes de la cama del niño, hacía chirridos por las noches, se hizo más grande y musculoso, y crujía huesos con el objetivo de sembrar el terror. Pero los esfuerzos del pobre monstruito no se vieron recompensados. Con un niño durmiendo indiferente, roncando a pata suelta, sin mostrar temor ni respeto, el joven aspirante a monstruo no solo se sintió indignado, también se sintió enormemente aburrido.
Con la celebración, ahora universal, de Halloween, solo pensamos en los monstruos un único día al año. Pero los monstruos, esos seres peludos, de formas aterradoras, aliento nauseabundo y afilados dientes, existen todos los días. Y les duele que no seamos conscientes de ellos. Les hace daño ser ignorados. Eso es lo que podemos aprender en las amplias páginas del divertido álbum infantil.
Y también es lo que Harald le cuenta a su niño humano; o, si se prefiere, al niño al que le sea leído este inusual libro infantil. En él, el joven Harald le cuenta al niño cómo, él, hijo del aterrador GROARR, se decidió por una vida sencilla, con un horario previsible, en el que él se esforzaría por aterrorizar a su niño, y no debería preocuparse por llevar una vida de sobresaltos. El monstruo, en la carta que es el libro, le cuenta a su niño que eligió esta opción frente a una vida de notoriedad por ser hijo de un famoso monstruo, tan temido que incluso aterroriza al propio Yeti.
Pero Harald está cansado de intentar sembrar el miedo en un niño que, al perecer, es incapaz de sentirse aterrorizado. Tan cansado está, que dejó de llamarse Harald para ponerse Monsta de nombre. El joven monstruo le cuenta así, en una carta de despedida, de qué formas imaginativas intentó hacer bien su trabajo, asustar a su niño. E incluso llegó a adentrarse en el cerebro del niño, para averiguar qué es lo que no funcionaba bien. Y al final lo descubrió, su niño humano es incapaz de sentir miedo.
Al final del libro, podemos ver las ilustraciones de un exitoso Monsta regresando al hogar de su niño para dejar, de forma misteriosa, unos tickets para un espectáculo en el que él es el foco de atención. Monsta ha encontrado su camino en la vida sin necesidad de depender de la tradición monstrense de espantar, asustar, aterrorizar y sobresaltar a los humanos. Ahora les hace reír y los asombra con su enorme agilidad, un rasgo, quizás, que le viene al monstruito de la enorme nariz heredada de GROARR. Quién sabe, una solo imagina, una actividad esta, la de imaginar, a la que el coqueto álbum invita con desparpajo y profusión.
Monsta es un álbum ilustrado por Mateo Dineen, quien dice que nació con un lápiz en las manos, aunque nunca sabrá de qué modo el lápiz llegó allí. Las ilustraciones son imaginativas y refrescantes, contribuyendo a la historia de una forma significativa, e incluso convirtiéndose en el primer vehículo de la narración a tiempos intermitentes.
La idea de crear un cuento infantil en el que un joven monstruo debe tomar la difícil decisión de dejar de asustar, se la debe el lector a Dita Zipfel, escritora alemana que brinda esta nueva perspectiva del mundo del terror a los niños y a quienes puedan sentirse inspirados por el ángulo de la narración por una forma de entender historias clásicas desde ángulos inusitados.
