martes 31  de  enero 2023
RESEÑA

"No me hablen de Cuba", entre la nostalgia y descriptivas escenas de sexo

La novela "No me hablen de Cuba", de Grethel Delgado, retrata la nostalgia del cubano que tiene que emigrar

Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- Desde el mismo advenimiento del castrismo al poder, comenzó un éxodo de cubanos que a lo largo de seis décadas alcanza cifras asombrosas, cerca del 15 por ciento de la población ha tomado el camino del exilio. Esa realidad conduce a separación familiar, desarraigo y a una notable descendencia de cubanos nacidos en otras tierras.

Todas estas realidades se han integrado a la literatura cubana y el arte en general; cine, teatro, artes plásticas, y en libros, como No me hablen de Cuba (Sed Ediciones, 2022), de la escritora, dramaturga y periodista Grethel Delgado (La Habana, 1987).

Esta corriente literaria tiene como constante el reencuentro, el enfrentamiento con los fantasmas del pasado y una fuerte dosis de nostalgia. Son ingredientes que se repiten en los autores que abordan estos escenarios, el vivir fuera de Cuba y regresar en algún momento. En la novela de Delgado, están presente esos elementos, aunque pudiera afirmarse que en su conjunto, No me hablen de Cuba, es como un lacerante viaje a los infiernos.

En la novela, Gertrudis, que había dejado Cuba seis años antes y sin despedirse de nadie, regresa tras la muerte de un familiar. El viaje marca el retorno a su pasado, donde se encuentra con Enrique, con el que tuvo una relación. Lo que no sabe Enrique es que es el padre de Vera, una niña nacida en Estados Unidos. La vida del hombre también ha cambiado drásticamente, pues ahora es Sexta, un travesti que se gana la vida en espectáculos nocturnos y algo de sexo.

Este resumen es apenas la punta del iceberg (glaciar) en esta novela que se mueve en forma de espiral, pues el encuentro entre personas es tan doloroso, como el choque con la propia Isla que ha cambiado, donde lo “que resultaba familiar”, se ha tornado “ajeno y sucio”.

Si algo resalta en No me hablen de Cuba es el poder de la prosa que fluye con naturalidad, en ocasiones adentrándose en escenas de sexo muy descriptivas, en otras dejando aflorar poesía en las expresiones. El lector es transportado a una casa alquilada, en otro momento es llevado a una caminata por el Malecón. “Me inundaba la sensación de no pertenencia, de saberme una extraña en una tierra que me había dado la nacionalidad y me había quitado las ganas de vivir”.

La lectura conduce hacia una realidad asfixiante, en la que no hay esperanzas, donde el destino de los personajes es vivir ese día y de ser posible el siguiente. Ese marco retrata muy bien Cuba, sumida en una suerte de “nada”. Eso se respira en los protagonistas Sexta, Elena, María, sobrevivientes de un destino que obliga a la propia Gertrudis a exclamar: “Esta isla, mi regreso, no fue más que una película”. La narración hace la función de trampa, pues el lector también se siente abrumado por el horror. En parte de un diálogo se lee: “Es verdad. Ya no perteneces a esta ciudad, ni a este país. Tu historia ahora es la de Estados Unidos. Tu himno es aquel. Al final hiciste bien en no despedirte de mí. Esta vez tampoco deberías despedirte”.

Esa sensación de pérdida definitiva domina la novela, y es también un recurso recurrente en la literatura cubana del regreso. En el principio se crea una entusiasta atmósfera cuando se plantea el regreso a Cuba, pero estando allí, se hace irresistible el deseo de salir de la Isla lo antes posible.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar