NUMEA – A dos horas de vuelo desde Australia, en el extremo sudoccidental del océano Pacífico, el archipiélago de Nueva Caledonia es uno de los pocos destinos idílicos del mundo que se han salvado de la invasión de turistas.

De hecho, fuera de la capital, Numea, hay muy pocos hoteles grandes, por lo que puede ocurrir que el visitante que se dirige por la mañana a una de las bahías tenga toda una playa para sí solo. En otras zonas del archipiélago, como las sabanas, la selva tropical o la costa escarpada, el paisaje es aún más solitario.

La escasa presencia de turistas tiene sus motivos. Para los europeos y estadounidenses, Nueva Caledonia está demasiado lejos. Y para los australianos, que son los vecinos más próximos, el idioma que allí se habla, francés, además de la lengua autóctona, canaco, es un obstáculo. Además, Nueva Caledonia, donde todavía se paga con francos, no es un sitio barato.

Territorio francés de ultramar desde 1853, a pesar de las 10.000 millas que lo separa de París, el "no" a la independencia parece consolidarse por el 56,4% de la población.

Pero pasando por alto esos detalles, tengamos en cuenta la belleza natural de este archipiélago. Por ejemplo, en las colinas de la capital, Numea, situada en la isla más grande, Grande Terre, se percibe el esplendor del mar y los campos verdes que colindan con la costa.

Hace 10 años los arrecifes de Nueva Caledonia fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Con una superficie de 1,3 millones de kilómetros cuadrados, el Parc naturel de la mer de Corail es una de las zonas marinas protegidas más grandes del mundo.

Ouvéa es quizás la isla más bonita. Solo tiene una extensión de 35 kilómetros y en algunos puntos una anchura de ni siquiera 40 metros. La isla parece ser una sola playa de arena interminable y casi virgen. Solo en Pont de Mouli, un puente en el camino a una laguna, vemos a un par de turistas bañándose en el mar.

Desde el puente se pueden ver rayas y tortugas nadando en el agua y también observar los contornos de tiburones de aleta blanca y tiburones bebé. Según un conteo oficial, allí hay 48 especies diferentes de tiburón, que al parecer son todos inofensivos para el ser humano.

En Ouvéa viven unas 4.300 personas. Casi todos son autóctonos, les llaman canacos, y aunque no parecen ser muy sociables a primera vista sí lo son, sobre todo si el turista protege el medio ambiente.

Por ejmplo, Koma Waikataes es una de los pocos canacos que viven del turismo. La mujer, de 66 años, administra un restaurante que ofrece la cocina isleña. Hay pescado asado y también bounga, una especialidad local hecha con pollo, boniato y plátanos.

En Ouvéa solo hay dos hoteles. Normalmente, los visitantes se alojan en cabañas redondas de paja que pertenecen a particulares. Esos alojamientos se llaman Accueil en Tribu. Efectivamente, aquí la vida aún está organizada de forma tribal.

Cómo llegar: Desde Europa vuelan a Numea Air France, KLM y British Airways, así como Japan Airlines desde Tokio y Quantas desde Australia.

Para más información, puede consultar el portal cibernético newcaledonia.travel, disponible en varios idiomas.

Si porta un pasaporte estadounidense o europea no necesita visa para visitar el archipiélago. En caso diferente, consulte el sitio web antes mencionado.

FUENTE: dpa

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