MIAMI.- Pocas veces los miamenses podemos ver teatro internacional. Solo el Festival de Teatro Hispano, con mayor o menor acierto, aproxima las compañías foráneas a nuestro espacio vital. Una constante es que la mayoría de las propuestas mexicanas que nos visitan alcanzan resonancia. La presentación de Papá está en la Atlántida de Javier Malpica, bajo la dirección de Esteban Castellanos, representando a la compañía Los Pinches Chamacos, de Ciudad México, es un buen ejemplo de un teatro de autor.

La narrativa que nos presenta Papá está en la Atlántida parte del viaje de dos hermanos muy jóvenes que son llevados a vivir con la abuela “por un mes”, mientras el padre se va de viaje. En el nuevo lugar confronta a la anciana que acostumbra pegar con una biblia, así como a tíos y primos. En la escuela abusan de uno de los muchachos. El otro teme a los espejos.

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A medida que avanza el tiempo, salen a relucir más aprensiones y problemas. La abuela muere repentinamente, algo que el director y también actor Esteban Castellanos resuelve con efectividad al crear un minúsculo y emotivo altar. El elemento escenográfico es una mesa y dos cajones, que son los idóneos para crear los distintos escenarios que pide el texto, un autobús, litera para dormir, el mostrador de una tienda, un parapeto en el desierto. Los mensajes siguen fluyendo a través de las conversaciones entre hermanos. Son huérfanos de madre, el padre vendió el apartamento familiar, además, que probablemente no regrese, pues se fue a trabajar a Atlanta, en Estados Unidos.

Todas estas historias que se van dosificando tejen la historia del desamparo, de la pérdida de todo lo que se supone une y brinda protección: la familia, hasta que los propios jóvenes son arrastrados por la aventura y toman un transporte hasta Nogales, para cruzar el desierto y llegar al encuentro de lo único que sienten realmente suyo, el padre. La secuencia final, con las linternas crea un efecto visual y emotivo muy bien atado dramáticamente.

Papá está en la Atlántida es una obra muy sensorial, tierna, rodeada de la ingenuidad de la infancia y la primera adolescencia. Erick Israel Consuelo, como el hermano menor, destila el candor que pide su personaje, le imprime a la obra el desamparo que pretende transmitir. Mientras que Esteban Castellanos, más protector, pero consciente del horror que les espera, aunque siempre esperanzado, va desenrollando la ruptura familiar.

La mirada general de Papá está en la Atlántida parece concentrarse sobre la inmigración, en realidad eso lo trasciende el propio texto al ir un paso más allá para brindar una panorámica de la soledad que provoca la muerte, la orfandad, la incomunicación, la partida de familiares a otras ciudades o países, incluso, la que emana del crecer, de enfrentar la vida.

Sin dudas, Papá está en la Atlántida es la gran huella que perdura del 35 Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.

Ldelapaz@diariolasamericas.com

 

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