MIAMI.- En tiempos en que las salas de conciertos sinfónicos enfrentan el reto silencioso de reconquistar a sus audiencias, la violista mexicana Saraí Aboites ha decidido apostar por una vía que pocos colegas suyos transitan con la misma convicción: la del concierto íntimo, casi cara a cara, donde la viola deja de ser ese instrumento de relleno entre violines y violonchelos para erigirse, por fin, en voz protagonista.
Formada entre Chihuahua, Morelia, y más recientemente, Michigan, Aboites es hoy una artista integral cuya trayectoria se ha tejido con la paciencia de quien entiende que la música no se sostiene únicamente con el talento, sino con una arquitectura más amplia que incluye la gestión, la docencia y el compromiso con la comunidad. Su formación lo confirma: licenciada por el Conservatorio de las Rosas de Morelia en 2016 —con beca de la Secretaría de Educación Pública de 2011 a 2015 y apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes—, posteriormente obtuvo la Maestría en Interpretación de Viola en la Michigan State University en 2019, donde fue distinguida con el Music Merit Scholarship Award and Fellowship. Hoy es candidata al Doctorado en Artes Musicales por esa misma institución, donde además ostentó la prestigiosa MSU String Fellowship entre 2021 y 2022.
Su recorrido orquestal arranca en la Orquesta del Conservatorio de Chihuahua, a la que ingresó siendo aún adolescente, pasa por la Orquesta de Cámara de la Universidad Michoacana —donde fue asistente principal entre 2013 y 2016— y por la titularidad de viola principal en la Orquesta del Conservatorio de las Rosas, hasta llegar a la Orquesta Filarmónica de Sonora, en la que se desempeñó a tiempo completo entre 2016 y 2017 y que marcó un antes y un después en su carrera. Desde Hermosillo se proyectó al circuito internacional con presentaciones en el Festival Alfonso Ortiz Tirado, y antes ya había pisado escenarios europeos: el Parlamento Europeo en Bruselas y el Festival Europeo de Música para Jóvenes en Neerpelt, ambos en 2011 con la OSJUAZ, y el Young Euro Classic Festival en Berlín en 2013, como integrante de la OSENM-UNAM. Como solista ha colaborado con la Orquesta de San Luis Potosí, la Orquesta Carlos Chávez de la Ciudad de México y la Orquesta de Cámara de la Universidad Michoacana.
Quizás el episodio más revelador de su intención artística se vivió en abril de este 2024, en el primer Lecture Recital de su doctorado en Michigan State University, titulado Exploring Bulgarian Folk Music in Two Solo Works for Viola — From Socialist Realism to Modernism Pictorial Landscapes — Remembrances of Home. En ese formato híbrido entre conferencia y concierto, Aboites desplegó dos obras solistas que tendieron un puente entre el realismo socialista y los paisajes modernistas de la música búlgara, un repertorio inusual que el público recibió con la atención propia de quien descubre algo y, sobre todo, con la cercanía emocional que solo permiten estos espacios reducidos. Allí, la viola no acompañaba: contaba. Y al contar, devolvía al oyente una memoria —"recuerdos del hogar", como reza el subtítulo— que es también una invitación a reencontrarse con la sala sinfónica. La apuesta de Aboites consiste, justamente, en eso: usar el formato íntimo como antesala para que el público regrese, después, al gran auditorio.
Consultada sobre lo que la distingue de sus colegas, la violista no duda. "Lo que me diferencia de mis colegas como artista es mi visión integral de la industria musical, incluyendo la gestión artística, tener versatilidad musical entre distintos géneros y la docencia, que ayuda a hacer llegar la información necesaria a quien tienes enfrente", afirma. Recuerda que durante sus años de estudiante cantó en coros de galas, musicales y óperas, lo que moldeó su musicalidad de una manera que aún hoy se percibe en su sonido: "El haber cantado antes de dedicarme a la música instrumental guió mi manera de escuchar, frasear y responder musicalmente, acercándome a la producción del sonido desde una perspectiva vocal".
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La violista Saraí Aboites.
Cortesía/Stefano Dos Santos
Su decisión tardía de inclinarse por la música clásica —después de explorar géneros populares y folclóricos— terminó, paradójicamente, por enriquecerla. "Haber comenzado mi camino musical a una edad no convencional me permitió explorar distintos géneros abiertamente, lo cual me guió a la música clásica, a través de la simbiosis de géneros populares, folclóricos y clásicos", explica. "Esta apertura se refleja en mi interpretación, donde busco distintos colores sonoros y una conexión más orgánica con el instrumento". Esa misma flexibilidad la llevó a un terreno que pocos intérpretes asumen: la gestión orquestal. Desde 2022 funge como Operations and Personnel Manager de la Battle Creek Symphony, en Michigan, donde coordina la contratación de más de setenta músicos por temporada, organiza audiciones, administra presupuestos y supervisa producciones. "Mi experiencia como gerente de orquesta transformó mi perspectiva profesional", reconoce. "Antes, mi enfoque estaba más centrado en la interpretación; sin embargo, hoy tengo una comprensión profunda de lo que conlleva desarrollar una producción en su totalidad, desde la planeación hasta la ejecución. Esta visión me permite colaborar de manera más efectiva, anticipar necesidades y aportar soluciones dentro de un proyecto artístico y docente".
A ello suma una labor docente sostenida que pasa por el MSU Community Music School en Detroit, donde mentorea a estudiantes preuniversitarios en la preparación de audiciones; el programa Sphinx Overture en Flint, donde imparte clases grupales e individuales de violín a niños y adolescentes; y el Sphinx Performance Academy, en cuyas sedes —Juilliard, Curtis y Boulder— ha fungido como Community Advisor. En 2024 completó además su Teaching Artist Training Institute, reforzando un enfoque pedagógico que ella misma describe con claridad: "Los avances tecnológicos han marcado cambios importantes en la manera en que las nuevas generaciones aprenden, retienen información y mantienen la atención. A partir de notar esto, he desarrollado estrategias pedagógicas que buscan mantener el interés, la concentración y el compromiso de los estudiantes, creando entornos de aprendizaje dinámicos y efectivos".
Aboites se define a sí misma como "una artista integral que entiende el mundo de la música desde varias perspectivas, no solo desde la parte de la interpretación, sino como un ecosistema completo que incluye la educación, la gestión y el impacto social". Su trabajo, agrega, "se mueve entre el escenario y el aula, siempre con la intención de crear conexiones significativas a través de la música". Esa visión, advierte, no es casualidad. "Mi versatilidad ha sido intencional, y con la necesidad de entender cada área del campo laboral como músico. El haber experimentado carencias desde joven y tener que buscar lo que no había en mi ciudad, trajo esa necesidad de llenar los vacíos de conocimiento dentro de la estructura de la industria y curriculum". Y remata: "Creo en la música como una herramienta de transformación, y mi trabajo busca reflejar ese propósito tanto en el escenario como en la comunidad".
En un panorama donde tantas orquestas y conservatorios discuten cómo recuperar a sus públicos, la propuesta de esta violista mexicana —que cruzó la frontera, atravesó el Atlántico y volvió a las salas más recogidas para reencontrar al oyente uno a uno— resulta una respuesta tan sencilla como difícil de imitar: hacer de la viola una voz propia, y de cada concierto íntimo, una puerta de regreso a la sinfónica.